Por Jimena Golender
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Se suele decir que la apariencia de las manos de una mujer es su mejor carta de presentación. Su elegancia radica tanto en la belleza de la piel como en sus uñas, bien prolijas, definidas y esmaltadas.

Pero la fiebre por las manicuras originales y atrevidas llegó para quedarse. Dibujos, escamas, gráficos, degradados, con aplicaciones y purpurina, son sólo algunas de las posibilidades que ofrece la moda del nail art.

La decoración de uñas puede que parezca una tendencia actual, pero sus orígenes se remontan a las épocas faraónicas en Egipto, cuando las mujeres decoraban sus manos y uñas con henna para demostrar su estatus.

Poco a poco, la decoración de uñas fue dejando de ser un símbolo de la elite y se fue democratizando, hasta formar parte del ritual de belleza de mujeres en todo el mundo y de cualquier edad.

El motor, las redes sociales

Actualmente, son las celebridades e influencers quienes impulsan el nail art. Gracias a las redes sociales, su difusión tomó vuelo a un ritmo imparable. Al concurrir al salón de belleza o la manicura, las clientas llevan capturas de pantalla de historias en Pinterest o imágenes de blogs de estilo con el diseño elegido.

Las opciones son muy variadas y cada día más complejas. Los profesionales y autodidactas estudian trucos en tutoriales de YouTube o en foros referidos a la disciplina. Pero hay mucho que proviene del instinto creativo, la experimentación y la práctica (mucha).

El perfil de las clientas del nail art fue evolucionando. Atrás quedaron las épocas en que sólo las señoras se hacían una manicure (en tonos neutros o gamas de rosas y rojos), las jóvenes se sumaron y revolucionaron el mercado con atrevidos y extravagantes dibujos.

Para todos los gustos

Los diseños y formas son casi infinitos. Lo importante es tener las uñas bien limpias, limadas y cortadas en forma pareja, aplicar una capa de esmalte transparente base como protección y para no teñir la uña. Se pueden combinar tonos, jugar, arriesgarse y desarrollar las habilidades.

Hay opciones sencillas, como el efecto del segundo tono en degradé (se realiza con una esponja de maquillaje), la aplicación de purpurina o la decoración con puntitos que permiten hacerlo en casa. Sólo es preciso tener buen pulso y animarse. Otras variantes un poco más atrevidas incluyen los dibujos o caras de animales, la aplicación de joyas de fantasía u otros materiales.

En estos casos, es mejor recurrir a un profesional que utilizará técnicas específicas con texturas en gel y acrílicos y seguirá los pasos adecuados secando cada capa con lámpara. Esta tendencia logra convivir en armonía con las manicuras clá- sicas que todavía reinan en los salones de belleza y peluquerías. Los clásicos rojos sirven, de vez en cuando, para contrarrestar el efecto masivo de esta moda. El esmalte de uñas se revalorizó hasta convertirse en un complemento del look y accesorio it del momento.

El nail art, como bien dice su nombre, es un arte. El nivel de detalle y concentración con el que se trabaja convierte a su creador en un artista. No hay límites; con un poco de imaginación, todo es posible.