Por Dr. Ignacio Brusco, neurólogo. Doctor en Medicina y doctor en Filosofía. Investigador del Conicet
@brusco_n


El humano es el único ser biológico que tiene una clara conciencia de que va a morir. De ahí que el filósofo existencialista Heidegger haya planteado el mayor problema del humano como la angustia de finitud. Lo que ha llevado al hombre a protegerse con ideas que lo llevan a otras vidas después de la muerte, o a realizar un impasse en el pensamiento (solipsismo), dejando de pensar en la muerte.

No hay coincidencias entre científicos sobre si algunos grupos de animales con cerebro desarrollado (como chimpancés o elefantes) tienen alguna conciencia de fin. Lo que sí parece cierto es que estos animales podrían tener conciencia de que existe la muerte, asistiendo al moribundo y realizando rituales al animal que ha perdido la vida. Sin embargo, esto no garantiza que entiendan el concepto de finitud proyectado a futuro.
 

Toma de decisiones

El sistema nervioso es una estructura que toma decisiones en pos de la supervivencia. Sin embargo, existen varias circunstancias que llevan a las personas a terminar con su vida, es decir a autoagredirse. En estas circunstancias se estarían eludiendo funciones instintivas de supervivencia.

Empero, cada año se suicidan aproximadamente 900.000 personas en el mundo, siendo la segunda causa de muerte en los adolescentes y estando entre las tres principales causas de deceso entre los 18 y los 45 años. Es que existen situaciones en las personas que determinan una tristeza tan importante e incoercible, que las lleva a tomar decisiones fatales.

En general a la medicina le cuesta incluir a estos pacientes en su estudio. Primero, por el claro riesgo que conlleva este tipo de investigaciones y quizá también por una especie de negación, en estos casos, al fracaso de la salud mental. En cierto modo, el suicidio es la imposibilidad de encontrar una solución adecuada y a tiempo.
 

A considerar

Se sabe que existen marcadores de riesgo para la autoagresión. Uno de ellos es la edad; pues aumenta en la vejez y la adolescencia. El otro factor de riesgo detectable es padecer una enfermedad psíquica acompañante, especialmente que en la historia de la persona haya padecido depresión o esquizofrenia. Especialmente si se acompaña de alguna adicción asociada (por ejemplo: el alcoholismo aumenta claramente el riesgo).

Por otro lado, es clave la necesidad de acompañamiento en la red social de la persona, dado que la soledad incrementa el riesgo de autolesión. Se consideran un marcador los antecedentes de haber padecido un intento previo o de estar comentando o dando señales de no querer vivir más.

John Mann, psiquiatra de la Universidad de Columbia en Nueva York, describió en estudios con imágenes cerebrales una alteración de la funcionalidad de la serotonina en pacientes suicidas, más de lo observado en depresivos sin intento. Asimismo se han descripto cambios de esta sustancia en la autopsia, con disminución de este neurotransmisor.

Se observa el riesgo aumentado de suicidio en los adolescentes; es que están en una etapa muy conflictiva con un incremento explosivo de secreción hormonal, que desarrolla el sistema emocional (límbico) antes que la zona de la razón y el control de la conducta (corteza prefrontal), haciendo que cuestiones fisiológicas necesarias en los niños, como la necesidad de exploración, aumenten la susceptibilidad a padecer mayores actitudes impulsivas y exploratorias. Incrementando así los accidentes de tránsito y las autoagresiones en este grupo etario. Esa vulnerabilidad los hace más sensibles al contexto.
 

Lo que incide

Existen factores ambientales, culturales y sociales que influyen en la vulnerabilidad autoagresiva, como conductas imitativas a la que los medios de comunicación deberían prestar más atención. Dado que la reacción a noticias de suicidio puede ser un arma de doble filo y generar mayor impulsividad o riesgo en la sociedad, especialmente en menores y ancianos. Por ejemplo, puede alentar cuestiones de reivindicación, imitación o la simple demostración de que es posible suicidarse; además de enseñar cómo llevarlo a cabo al mostrarlo mediáticamente.

Proceso parecido se vivencia con las redes sociales, en el que se desarrollan tendencias o directamente indicaciones autolesivas. También en las ficciones se debe considerar mayor cuidado, debiendo existir un consejo en salud mental cuando se tocan estos temas tan delicados, y no sólo reaccionar cuando la sociedades científicas o de pacientes los critican.

Otro de los estudios actuales muestra relación familiar con el riesgo suicida. Se describe una relación genética y aun en personas adoptadas en las que no hubo conocimiento familiar y tampoco se conocían los antecedentes.