Hace 110 años comenzaba una de las batallas más sangrientas de la historia: 57.000 bajas en un solo día
El 1° de julio de 1916 comenzó la Batalla del Somme, una ofensiva clave de la Primera Guerra Mundial que pasó a la historia por la magnitud de las pérdidas humanas y por convertirse en el primer día más sangriento de la historia del Ejército británico.
El 1° de julio de 1916 marcó el inicio de la Batalla del Somme, una de las ofensivas más importantes y devastadoras de la Primera Guerra Mundial. Lo que los mandos aliados esperaban que fuera un golpe decisivo contra las fuerzas alemanas terminó convirtiéndose en una tragedia sin precedentes, con 57.000 bajas británicas en apenas una jornada, entre muertos, heridos y desaparecidos.
La ofensiva fue lanzada por tropas británicas y francesas sobre el río Somme, en el norte de Francia, con el objetivo de romper las líneas alemanas y aliviar la presión que sufría el ejército francés en Verdún. Sin embargo, la resistencia del enemigo y una serie de errores estratégicos transformaron el avance en una auténtica carnicería.
El día más sangriento del Ejército británico
Antes del ataque, los Aliados llevaron adelante una semana de intensos bombardeos, convencidos de que destruirían las trincheras y fortificaciones alemanas. Pero muchos soldados enemigos permanecieron protegidos en refugios subterráneos de gran profundidad y salieron prácticamente ilesos cuando cesó el fuego.
Miles de soldados británicos avanzaron entonces a campo abierto cargando un pesado equipo, creyendo que encontrarían una resistencia mínima. En cambio, fueron recibidos por el fuego de ametralladoras y artillería alemana.
Solo durante el primer día hubo alrededor de 57.000 bajas británicas, de las cuales unas 19.000 correspondieron a soldados muertos, una cifra que aún hoy representa la jornada más sangrienta en la historia del Ejército del Reino Unido.
Una batalla que cambió la forma de hacer la guerra
La Batalla del Somme se prolongó hasta noviembre de 1916 y dejó más de un millón de bajas entre ambos bandos, convirtiéndose en una de las confrontaciones más sangrientas de toda la Primera Guerra Mundial.
Aunque los Aliados lograron avanzar algunos kilómetros, el costo humano fue descomunal y el resultado militar quedó lejos de las expectativas iniciales.
Además de las enormes pérdidas, la ofensiva marcó un punto de inflexión en la guerra moderna. En septiembre de ese mismo año se produjo allí el primer uso de tanques de combate en una gran ofensiva, un hecho que anticipó la transformación de las tácticas militares durante el siglo XX.
A 110 años de su comienzo, la Batalla del Somme sigue siendo recordada como un símbolo de los horrores de la guerra de trincheras y de las consecuencias que pueden tener los errores de planificación en un conflicto de semejante magnitud.

