Trabajadores del Instituto Nacional de Vitivinicultura se declaran en estado de alerta y movilización
El ministro de Transformación del Estado Federico Sturzenegger dispuso que el organismo pase a ser “Unidad” de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, lo que pondría en riesgo
El Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) atraviesa una de las transformaciones más profundas de su historia. Tras el decreto del Gobierno nacional que reestructuró el organismo, eliminando varias funciones clave de fiscalización, crecen las voces críticas. Una de las más duras es la de Marcelo González, inspector del Instituto y delegado de ATE.
En diálogo con medios de prensa de Mendoza recordó que “el decreto en cuestión eliminó el artículo 30 de la ley 14.878, que habilitaba a los inspectores del INV a ingresar libremente a las bodegas para verificar procesos y documentación”. "Ahora el bodeguero puede decirnos ‘no entren', y no entramos", explicó. La fiscalización se limitará a tomar muestras del vino ya embotellado en góndola.
"Vamos a encontrar una manipulación o adulteración después de que el vino ya esté distribuido. Eso es peligroso. Perdimos la trazabilidad del producto", advirtió. González recordó casos como el de la bodega Nietos de Gonzalo Torraga, en 1993, en el que se produjeron 29 muertes por adulteración con alcohol de quemar. "Eso no puede volver a pasar".
Además, denunció que con la nueva estructura el INV pasó a ser solo una "unidad ejecutora" en Buenos Aires: "Pasamos a ser una oficina en Paseo Colón 959, piso 12. Es una locura".
Marcelo González también respondió a las acusaciones de que el organismo es "burocrático". "Nosotros tenemos que hacer una autocrítica, pero modernizar no es destruir", afirmó. Y destacó: "El laboratorio del INV es el tercero más reconocido del mundo en análisis de vino. Tenemos técnicos de altísimo nivel".
González aseguró que la planta del INV se ha reducido en los últimos años de 600 personas a 459. "No sobra nadie. Estamos los que estamos, trabajamos y hacemos las cosas bien", aseguró a Radio Post
Otra de las preocupaciones es la pérdida de herramientas clave para los productores. "No vamos a poder controlar la cantidad de azúcar en la uva ni la madurez de la cosecha. Eso afectará a los viñateros que venden según la calidad de su uva. Sin ese control, no sabrán lo que están comprando", advirtió.
La decisión también pone en jaque la recopilación de datos sobre viñedos, variedades y hectáreas cultivadas. "Si limitan a los trabajadores, no vamos a poder hacer más estadísticas", explicó y agregó: "Ya venimos con una dotación inferior a la óptima. En la delegación Mendoza somos dos inspectores para toda la zona".
González remarcó que el INV no solo controla vino, sino también alcohol etílico y metanol, componentes clave en la elaboración de destilados. "Controlamos que el alcohol cumpla con los requisitos de calidad. También fiscalizamos la seguridad en las bodegas, como barandas en escaleras o tapas en las piletas. Eso también se pierde".
Finalmente, hizo un llamado a reflexionar: “Nosotros queremos trabajar. Lo que hacemos es garantizar que cuando alguien abra una botella, sepa que lo que está tomando no le va a hacer daño”. "Porque no hay que olvidarse: el vino es un alimento, está en el Código Alimentario Argentino, y tenemos que preservar la salud pública", dijo Marcelo González a medios de prensa de Mendoza.

