MEMORIA

"No sé por qué nos dejaron vivos": el reclamo de Bárbara y Camilo García y el relato de una noche imborrable

A 50 años del último golpe militar, la periodista Bárbara y Camilo García relataron cómo se salvaron de ser asesinados durante el secuestro de su madre, Rocío Martínez Borbolla, e instaron a la sociedad a marchar pacíficamente por la memoria.

Por Jimena Golender

La periodista Bárbara García tenía solo 9 años cuando secuestraron a su madre y junto a su hermano, Camilo, se salvó de ser asesinada por un grupo de militares. Logró reconocer al represor que se la llevó, pero él recibió una condena que le permitió gozar de arresto domiciliario. En diálogo con Crónica renovó el pedido de justicia por su mamá y por "los 400 nietos aún sin recuperar" , en el marco del Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia.

Rocío Martínez Borbolla fue secuestrada durante un operativo para desarticular grupos de militantes del ERP/PRT, la Juventud Guevarista y el Partido Socialista de los Trabajadores. Al momento de su desaparición, tenía 31 años y ejercía como maestra. En su domicilio también se realizaba la edición de la revista política "El Combatiente".

El secuestro ocurrió la noche del 13 de junio de 1976 en Haedo. Bárbara y su hermano Camilo, en ese entonces de 4 años, estaban en su casa cuando ingresaron los militares por la fuerza. La periodista recuerda aquel momento con precisión: "El día que vinieron e hicieron desaparecer a mi madre sabía que algo podía pasar. Esa noche, mi reacción fue salir de la cama y me dirigí a Camilo. Él se quedaba quietecito, se hacía el dormido y ni se movía, cuando mi intención era que los dos saliéramos por la ventana"

Bárbara y Camilo García reclamando justicia por su madre, Rocío Martínez Borbolla.
Bárbara y Camilo García reclamando justicia por su madre, Rocío Martínez Borbolla.

El gesto de su hermano menor resultó determinante para ambos, los militares habían cercado la manzana y cualquier intento de huida hubiera provocado el accionar inmediato de los uniformados. 

A casi 50 años de aquella noche, Bárbara recuerda detalles aterradores : "Cuando golpearon la puerta de mi casa, a los gritos de Ejército Militar, abran la puerta hijos de p..., y entraron a nuestro cuarto. Yo me estaba queriendo escapar por la ventana, intentando agarrar a mi hermano para que se despierte".

A García todavía se le vienen a la mente "las imágenes cuando nos apuntaban con el arma para matarnos y nos decían 'a cuál de los dos matamos primero', resignándonos a que dependíamos absolutamente de ellos, si nos mataban, si no". Uno de los recuerdos más nítidos -señaló-  es cuando los hicieron acostar en su cama y los hicieron tapar con una mantita. 

"Después tengo una imagen como de mucho movimiento porque a nosotros nos encerraron en el cuarto, de botas que se escuchaban y pisoteadas fuertes y gritos y llantos. Es muy difícil contar", afirma conmovida.

Si bien Camilo tenía solo 4 años aquella noche, la memoria permanece latente. "Recuerdo a mi madre atendiendo el portero un domingo a la noche, como a las 3 de la mañana y los golpes de la puerta. 'Sonamos, es la policía', llegó a decirnos", detalló el periodista."Entraron como 40, 50 personas a mi casa, y nos decían que nos quedemos tranquilos, que no nos iba a pasar nada y lo que nos pasó es que se llevaron a nuestra madre", señaló.

Finalmente, los menores quedaron bajo la custodia de un pariente tras la intervención de un efectivo que frenó a uno de los militares dispuestos a asesinarlos. "Yo sé que había una persona, un militar que estaba ahí y que en un momento calmó y frenó a Martín Sánchez Zinny que nos quería asesinar, pero era como que estaba fuera de sí, sacado totalmente, y esta persona le pidió que bajara un poco como diciendo 'bueno, pará'..., pero yo creo que no era nuestro momento", reveló Bárbara.

Bárbara García junto a su madre.
Bárbara García junto a su madre.

Tras casi cinco décadas de aquella escena, en la periodista persiste una incógnita. "No sé por qué nos dejaron vivos. Asegura el dicho que no existen las casualidades, sin lugar a dudas teníamos que estar vivos para hacer justicia, teníamos que quedar vivos para contar la historia. Siempre los que quedan vivos son los que tienen y tenemos la obligación y la necesidad de contar la historia"

Para Camilo, el recuerdo de esa noche lo obliga a mantener siempre presente en la memoria a los 30.000 desaparecidos de la última dictadura militar. "Hoy se intenta invalidar la cifra de los 30.000 que son más que una consigna, una bandera, una cifra abierta, por no saber realmente cuántos ni cómo ni dónde están los desaparecidos. Lo que están haciendo es intentando invalidar lo perverso y terrorífico que fueron los crímenes de la dictadura, de que a todas esas personas las arrancaron de sus casas, de sus familias, sostuvo.

La condena incompleta

El proceso judicial para esclarecer estos hechos comenzó en 2012, gracias al testimonio de un exconscripto del Regimiento de Infantería Mecanizada N.º 6 de Mercedes, que brindó información concreta sobre los presentes en la noche en que Rocío Martínez Borbolla fue secuestrada.

En 2018, en el marco de la causa "La masacre a la imprenta San Andrés", su hija participó en un reconocimiento fotográfico donde identificó a Martín Sánchez Zinny como uno de los autores materiales del secuestro. Por esta declaración luego se convirtió en testigo protegido, estatus que mantiene hasta la actualidad debido a las amenazas y recursos judiciales interpuestos por la defensa del condenado. 

  En el marco de un nuevo aniversario del 24 de marzo, Bárbara recuerda cómo se sintió al escuchar el veredicto contra el represor que se llevó a su madre y casi los asesina a ella y a su hermano. "Nadie nos garantizaba nada, fue un juicio muy cuestionado, controvertido, no lo dejaron transmitir. Me acuerdo perfecto ese momento, estaba muy nerviosa y cuando lo dijeron fue un estallido de la gente, pero impresionante, había gente en la calle, estaba la sala del tribunal donde se dictó la sentencia llena", relató.   

A pesar de que el Tribunal Oral Federal (TOF) 2 dictó una condena de prisión perpetua, la periodista reclamó por el beneficio que los jueces le otorgaron al represor. "En el fondo no me quedé contenta porque yo no lo quería él con prisión domiciliaria, lo quería en cárcel común. Entonces, mi felicidad por que se haga justicia en cierta manera estaba cubierta en un 60%", explicó. 

García denunció que, a fines de 2025, la situación judicial de Sánchez Zinny cambió. El represor obtuvo la libertad condicional. "El mismo tribunal, dice no, bueno, por cambio de carátula y no sé qué y no sé cuánto, que no existe en temas de lesa humanidad. Hoy este tipo, por temas absolutamente políticos, porque sus abogados son los asesores de Victoria Villarroel y están totalmente ligados a este gobierno, bueno está en libertad condicional", afirmó. 

Un 24 de marzo con "miedo en las calles"

La cercanía de esta fecha genera un impacto profundo en los sobrevivientes del terrorismo de Estado y los familiares de los desaparecidos que aún los buscan. En este sentido, Bárbara recordó que "la previa del 24 es la desaparición de mi madre, no verla nunca más, el haber sobrevivido porque con mi hermano nos quisieron matar una vez que se llevaron a mi madre los mismos genocidas" .

Según relató, cada año "se recrudecen los recuerdos, se recrudecen los dolores". A medida que el tiempo pasa, "las heridas están cada vez más abiertas en vez de estar cada vez más cerradas", relató. 

A pocas horas de la conmemoración del 50 aniversario del último golpe militar, García describe un clima de temor frente a la protesta y considera que existe una campaña de desprestigio hacia las víctimas y sus familiares: "Es importante contar la historia y más en este momento en que están contando la historia de otra manera, están haciendo ver a nuestros padres como asesinos, como tirabombas, con una crueldad. Se ha perdido tanto la esencia de la lucha, estamos viviendo en una sociedad totalmente anestesiada, con mucho miedo a manifestarse, a expresarse, porque tiene motivos para tener miedo, perder los trabajos, que te gaseen, que te detengan y que tal vez te podés comer un mes detenido". 

En tanto, su hermano afirma que este 24 de marzo "es distinto a los anteriores" porque llega en medio de "un gobierno democrático, donde no solo se ha impregnado en un sector de la sociedad la idea de negar los crímenes de lesa humanidad, negar la cifra de los 30.000, como una forma de intentar invalidar lo que sucedió, sino que además se reivindica en muchos casos desde el gobierno el accionar demencial y criminal de las Fuerzas Armadas de aquel entonces y se intenta imponer la teoría de los dos demonios".

Es entonces que ambos creen necesario e invitan una vez más a salir a las calles "a marchar pacíficamente y seguir refrescándole la memoria a una sociedad que tiene por costumbre ser bastante olvidadiza por momentos".

Para la comunicadora, la ausencia de figuras históricas como Norita Cortiñas o Hebe de Bonafini deja un vacío en la conducción de los organismos de derechos humanos. Ante este escenario, enfatiza que la responsabilidad de mantener la memoria recae en las nuevas generaciones de sobrevivientes para continuar con la búsqueda de identidad de los desaparecidos. "Tenemos más de 400 nietos, aún sin recuperar. Entonces si no somos nosotros los que transmitimos la historia, esos nietos nunca van a llegar a saber su verdadera identidad", concluyó.

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