Berdier es un maravilloso pueblo escondido de la Provincia de Buenos Aires que muy pocos conocen, pero que realmente vale la pena recorrer. Si bien su aspecto parece viejo y abandonado, encierra mucha historia y el deseo de los vecinos de mantener su esencia tranquila y natural. Este sitio es idea paras conocer en grupo y de la mano de una bicicleta. 

Está ubicado a 95 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires y 15 de la localidad bonaerense de Salto. Llegar desde Capital es muy fácil y rápido. Primero se debe tomar la Autopista 25 de mayo hasta la intersección de la Autopista Perito Moreno que luego se transforma en la Ruta Nacional 7. A la altura de Luján, se debe conducir por la Ruta Provincial 31 hasta el cruce de la 91. Desde allí se llega a la entrada del lugar.  

Este pueblo fue fundado el 15 de febrero de 1910 en terrenos cedidos por Hortencia y Corina Berdier. Aunque, su historia se remonta dos años antes con la construcción de la estación por la Compañía General de Ferrocarriles en la Provincia de Buenos Aires. El tren que iba rumbo a Rosario tuvo como parada obligatoria dicha estancia.  Su nombre se debe a Agueda Pacheco de Berdier, antigua propietaria de las tierras de la zona. 
En sus años de esplendor llegó a tener una población de 2000 vecinos más o menos, pero al igual que a otras localidades del interior, el levantamiento del ferrocarril en la década del 90 obligó a sus habitantes a migrar a las grandes ciudades. Poco a poco, ese pintoresco paraje quedo en el olvido, aunque nunca abandonado. 
La estación data de 1908 y continua igual. 
Actualmente, cuenta con unos 200 habitantes y con muchos proyectos para revitalizar el turismo en el lugar. Sin dudas es un gran sitio para visitar porque es un viaje al pasado, a la vieja Argentina. La mayoría de sus calles son de tierra y sus casas son de ladrillo a la vista. También se destaca la presencia de varias casonas tipos castillos. 
Otra cosa que llama la atención del paraje son su diagramación en torno a la plaza principal y sus diagonales. En esta zona se encuentra un área de juegos para los más chiquitos y algunos locales dedicados a los rubros generales. 
Hay muchas propiedades abandonadas que quedaron paradas en el tiempo. 

En cuanto a lo gastronómico, su gran atractivo está en la cervecería Beerdier, que tiene forma ni más ni menos que de vagón de un viejo subte. La familia de los Valarino son los encargados de producir artesanalmente la bebida alcohólica y se transformaron en un clásico de la zona. Allí se pueden comer pizza, hamburguesas y otras comidas. 

Se dice que la mejor manera de recorrer el pueblo es con bicicleta, ya que es el medio que permite llegar a los sitios más recónditos. Cabe resaltar, que es un lugar muy tranquilo y seguro