Estas Pascuas son un momento ideal para salir con familia o con amigos, disfrutar de rica comida y descansar después de unos primeros meses del año muy movidos, por eso te presentamos a Gardey, el pequeño pueblo de Buenos Aires que se ganó el corazón de los turistas por ser un oasis dentro de la locura de la ciudad. Si querés descansar de la rutina, este sitio es ideal para vos. 

El turismo local será el rey de esta Semana Santa. Debido a que la situación económica no es la mejor, muchas personas no podrán viajar a los grandes centros turísticos, pero por suerte hay muchas opciones económicas para ir y muy cerca de los hogares. La gran ventaja de estos lugares es que a muchos se puede llegar en transporte público y no se necesita de un gran presupuesto para disfrutarlos. 

 

Darle espacio a los pueblos de la provincia, es abrirle la puerta a la historia. Si bien estos sitios tiene muy pocos habitantes, son una muestra clara y viviente de las tradiciones argentinas. Además, en ellos uno se puede conectar con la naturaleza, relajarse,  dormir sin apuro y disfrutar de amplios espacios al aire libre

En esta ocasión, Gardey es la estrella de la temporada. Este histórico pueblo se encuentra a unos 300 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires y pertenece al municipio de Tandil, el cual está a 26 kilómetros (media hora en coche). A pesar de que es poco conocida, llegar a la localidad no es difícil. Tiene un enorme encanto por los cordones serranos y el paisaje rural. Enamora a todos los turistas que llegan a ella casi de casualidad. 

 

Según el último censo, este pueblo solo tiene 500 habitantes. Su origen se remonta a 1852, cuando Pablo Guglieri fundó la localidad tras comprar las tierras a un estanciero llamado Gardey. Tres años después, fue inaugurada la estación de trenes con el nombre de Pilar. Justo enfrente, se levantó un almacén de ramos generales y después toda la ciudad. 

Los turistas que visitaron el sitio, aprecian que el pueblo parece de un cuento porque no le pasan los años. Si bien es un luego muy tranquilo, se pueden disfrutar de distintas actividades. Por ejemplo, se puede visitar la Capilla San Antonio Padua y pasear por el Arroyo Chapaleofú es otra gran opción. En esta zona se puede practicar pesca y deportes acuáticos como kayak y canoas. Los viajes en bicicleta por sus calles arboledas son el boom. 

El viejo almacén de Gardey sigue funcionado. 

Gardey es un punto culinario excelente. Visitar el almacén Vulcano es un viaje a la gastronomía tradicional del campo argentino. Allí se puede comer exquisitas picadas compuestas por los riquísimos fiambres de Tandil. Además, se venden parrilladas, guisos, tortas fritas, pastelitos, entre otras cosas. 

Otra cosa que llama la atención de este pintoresco pueblo, es que la inseguridad no existe. Las  casas tienen las puertas abiertas, las personas toman mate en las veredas y los vehículos duermen de noches  en la calle sin ninguna preocupación.  La tranquilidad es sin duda la gran estrella del Gardey. 

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