Una dramática postal tuvo como escenario un bar situado en la ciudad de Rosario, donde una jubilada en silla de ruedas fue abandonada por su hijo. Durante horas se quedó sola hasta que recibió ayuda.

El hecho tuvo lugar el viernes por la mañana, alrededor de las 11, en el local gastronómico “Calabaza Bar”, ubicado en la esquina de las calles San Lorenzo y Sarmiento, donde un hombre ingresó junto a su madre de 68 años, a quien ubicó en una mesa cerca de la barra, pagó el almuerzo y luego se fue.

Como pasaban las horas y nadie volvió a buscarla, Enrique, dueño del bar, consiguió el teléfono del hijo y lo llamó para pedirle que retire a la mujer. Pero del otro lado, el propietario del comercio se encontró con una sor presiva respuesta. Es que el hombre le contestó: “Ya hice mucho por ella”, y se negó a retirarla. 

Incluso cuando Enrique le transmitió su inquietud por la situación, el hijo de la jubilada le dijo que la sacara a la vereda y la dejara allí.

Ante la inesperada respuesta, Enrique se comunicó con la policía. Al lugar también se acercó personal del Sistema Integrado de Emergencias Sanitarias (SIES), agentes del Municipio, de Desarrollo Social y del PAMI.

Finalmente las autoridades resolvieron que la mujer sea trasladada a un geriátrico.

 

Hilda y Hugo: el matrimonio de jubilados abandonado en 2019

Es inevitable, que esta noticia no nos retrotraiga a la triste historia de dos jubilados que durante los primeros días de junio de 2019, también fueron abandonados por uno de sus hijos en un bar de la ciudad rosarina, luego de ser desalojados por falta de pago, de un departamento que alquilaban.

La historia de Hilda (en ese entonces de 87 años) y Hugo (93) conmovió al país. La pareja de jubilados, ingresó a Megabar, un pequeño local ubicado en la esquina de 27 de Febrero y Corrientes. Allí comieron y estuvieron varias horas sentados hasta que la dueña se acercó a la mesa y comenzó a indagarlos para saber qué estaba pasando.

Hilda le contó, entre varias cosas, que habían sido desalojados ese día por la mañana del departamento que alquilaban y que no salieron del bar porque estaban esperando a que llegara uno de sus hijos, el que vivía con ellos, llamado Hugo (62), quien los había acompañado hasta la puerta del local con la promesa de que pasaría a buscarlos apenas pudiera, pero esto nunca pasó.

Finalmente, luego de vivir por un corto período en la casa de otro de sus hijos, a comienzos de julio de ese año encontraron un nuevo hogar en un geriátrico de la zona sur de la ciudad. Sin embargo, Hugo falleció unos meses después, como consecuencia de una afección cardíaca.

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