Ni Areco ni Carlos Keen: 2 pueblos rurales que se destacan por el asado y están a pocas horas de CABA
Con tradiciones intactas, aire de campo y propuestas culinarias que conquistan al primer bocado, estos destinos poco transitados ofrecen una experiencia auténtica, ideal para desconectar y disfrutar de una buena mesa sin alejarse demasiado.
Las vacaciones de invierno están en su mejor momento y no hay mejor plan que salir a la ruta para explorar los distintos destinos que se despliegan a lo largo y ancho del país. Desde paisajes serranos hasta rincones rurales, la Argentina ofrece propuestas para todos los gustos, especialmente ante los que buscan una escapada breve.
Para quienes prefieren quedarse cerca de CABA, los alrededores sorprenden con una gran variedad de pueblos rurales que conservan su esencia, historia y tradiciones. Son lugares que invitan a frenar el ritmo, respirar aire puro y reconectar con lo simple sin necesidad de recorrer largas distancias.
Entre las opciones disponibles, hay dos pueblos que se destacan por su circuito gastronómico, donde el asado no es solo una comida: es parte de la identidad local. Parrillas familiares, productores locales y propuestas auténticas convierten a estos destinos en una parada obligada para los amantes del buen comer.
Dos pueblos rurales donde el asado es “el rey” y están a pocas horas de CABA Las Marianas: el encanto rural donde el tiempo se detuvoUbicado en el partido de Navarro, Las Marianas es un pequeño pueblo bonaerense que conserva la tranquilidad y el espíritu de campo en su estado más puro. Con poco más de un centenar de habitantes, este rincón detenido en el tiempo ofrece una experiencia auténtica para quienes buscan desconectar del ruido urbano y reconectar con lo simple.
A tan solo 120 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, se accede por la Ruta Provincial 47, tomando un desvío de tierra que atraviesa campos sembrados y paisajes serenos. Además, se encuentra a pocos minutos de Mercedes, lo que lo convierte en una excelente escapada combinada con otros destinos turísticos del oeste bonaerense.
La geografía de Las Marianas está marcada por extensas llanuras verdes, caminos rurales, y casonas antiguas que se mezclan con arboledas centenarias. Es un paisaje clásico de la pampa húmeda, donde predominan el cielo abierto, la calma y el horizonte infinito.
En lo cultural, el pueblo mantiene vivas las tradiciones criollas: desde las celebraciones religiosas hasta las jineteadas y las ferias artesanales que, cada tanto, animan sus tranquilos fines de semana. Las construcciones de estilo colonial, la capilla centenaria y la estación de tren inactiva, pero aun en pie, dan cuenta de un pasado que resiste con dignidad.
Si hay algo que destaca a Las Marianas es su propuesta gastronómica, sencilla y poderosa: los asados. En parrillas familiares y casas de campo adaptadas como restaurantes, el ritual de la carne al fuego es el gran protagonista. Con leña, sin apuro y con recetas heredadas, los visitantes pueden disfrutar de un almuerzo criollo en un entorno natural, donde el aroma de la parrilla se mezcla con el canto de los pájaros y el crujir de la leña.
Enclavado en el partido de San Andrés de Giles, Azcuénaga es un pueblo rural que parece detenido en el tiempo. Con menos de 300 habitantes y calles de tierra que se entrecruzan entre casas bajas y silenciosas, este rincón bonaerense es perfecto para quienes buscan una experiencia simple, auténtica y con sabor a tradición.
Se encuentra a unos 115 kilómetros de CABA, y se accede por la Ruta Nacional 7. En el camino, se atraviesan campos sembrados, postes de luz antiguos y carteles oxidados que marcan la llegada a un lugar donde la rutina pasa más lento. Además, está cerca de Carlos Keen y Villa Ruiz, lo que permite trazar un recorrido por pueblos con encanto rural.
La geografía que rodea a Azcuénaga es la clásica postal de la pampa bonaerense: llanuras abiertas, árboles añejos, estancias silenciosas y un cielo inmenso. La estación de tren, hoy inactiva pero conservada, da la bienvenida junto con la capilla del Sagrado Corazón y un par de almacenes de época que siguen en pie.
A nivel cultural, el pueblo mantiene vivas las costumbres criollas con eventos esporádicos, encuentros vecinales, fiestas patronales y actividades que giran en torno a la identidad rural. Todo ocurre con naturalidad, sin puesta en escena, lo que permite al visitante sentirse parte por un rato de la vida del lugar.
Un motivo por el que vale la pena desviarse hasta Azcuénaga, es por su gastronomía campera, donde el asado es el centro de todo. En antiguos boliches de campo y casas convertidas en restaurantes, se sirven carnes cocidas a leña, con porciones generosas, pan casero y atención familiar. Todo se hace a fuego lento, como antes, en un entorno que invita a quedarse más de la cuenta.

