Ni Lobos ni Chascomús: el pueblo con impresionantes lagunas para pescar y desconectarse de la rutina
Se trata de una localidad bonaerense a cinco horas de la Ciudad de Buenos Aires que cuenta con tres lagunas ideales para relajarse, pescar o disfrutar de actividades acuáticas. Perfect para una escapada. ¡Mirá!
Entre rutas interminables y paisajes que cambian de un kilómetro al otro, la provincia de Buenos Aires guarda rincones que pocos conocen y muchos buscan para una escapada. Desde sierras hasta playas, pasando por campos y pueblos que “detenidos” en el tiempo, se ofrece un abanico de opciones donde hay un clásico que no falla: las lagunas.
A pocas horas de la Ciudad de Buenos Aires, hay espejos de agua que invitan a cambiar de aire sin necesidad de hacer grandes planes ni gastar una fortuna. Con lo justo en la mochila y ganas de desconectar, alcanza para disfrutar un fin de semana al aire libre, rodeado de naturaleza y lejos del ruido urbano.
Hay tres lagunas que logran una combinación perfecta entre pesca, historia y descanso en paisajes donde todo se vive con otra calma. No se trata de clásicos como Lobos o Chascomús -que siguen siendo grandes opciones-, sino de destinos que sorprenden por lo que ofrecen, sin exigir demasiado a cambio.
La localidad bonaerense que enamora con su calma y sus lagunasLa localidad de Trenque Lauquen se posiciona como una alternativa para quienes buscan naturaleza sin filtros. Con su perfil bajo, lejos del turismo masivo, este rincón bonaerense atrae con lagunas de agua limpia, caminos rurales y una vida de pueblo que todavía se respira en cada esquina.
Uno de sus mayores atractivos es la pesca del pejerrey, un clásico que encuentra en sus espejos de agua un escenario ideal. La tranquilidad del entorno, sumada a la buena infraestructura de servicios, lo convierte en un destino cada vez más elegido para fines de semana largos o salidas rápidas.
Pero Trenque Lauquen no es solo agua. También es historia viva: estaciones de tren, viejas escuelas rurales, almacenes que hoy funcionan como espacios gastronómicos y pueblos que conservan intacta la identidad del interior. Todo eso, en un entorno natural que invita a bajar un cambio.
Lagunas para pescar, remar o mirar el atardecer en Trenque LauquenLaguna Hinojo Grande es la más conocida de la zona. A solo 25 kilómetros del centro de Trenque Lauquen, tiene casi 9.000 hectáreas y es famosa por su pesca abundante. Se puede llegar en auto y el lugar ofrece botes, hospedajes, camping y zonas para pasar el día con vista al agua.
Otro de los espejos que vale la pena visitar es la Laguna Cuero de Zorro. De aguas limpias y calmas, se puede pescar desde la costa o embarcarse. Además, es ideal para deportes náuticos como el kayak o el windsurf. El predio tiene opciones de alojamiento y áreas de recreación para toda la familia.
En tanto, el sistema lacustre Las Tunas completa el circuito con sus tres lagunas principales: Las Tunas Grandes, del Medio y Chicas. La primera permite pesca comercial, bajo control del Ministerio de Desarrollo Agrario, mientras que las otras dos están orientadas a la pesca deportiva. En todas, la naturaleza manda.
Cómo llegar a Trenque Lauquen desde CABAPara llegar a Trenque Lauquen Desde la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el recorrido en auto toma alrededor de 5 horas y 15 minutos, cubriendo una distancia de aproximadamente 450 kilómetros.
El trayecto principal es por la Ruta Nacional 7, pasando por ciudades como Luján, Mercedes y Suipacha, para luego continuar por la Ruta Nacional 5 hasta llegar al destino.
Más allá del agua, Trenque Lauquen invita a caminar por hermosos pueblos. Girodías, por ejemplo, creció al ritmo del ferrocarril y conserva su museo fotográfico y calles arboladas. Ideal para quienes disfrutan del turismo tranquilo y cargado de memoria.
La Porteña, en tanto, se destaca por su gastronomía. Entre picadas caseras, asados y platos típicos, también se pueden recorrer edificios antiguos y conocer historias de quienes habitaron la zona desde principios del siglo XX.
Y si de encanto rural se trata, Lértora es un imperdible. Su antigua estación, la escuela número 26 y un viejo almacén reconvertido en restaurante conforman una postal perfecta para cerrar el día con una caminata lenta y un buen plato.

