Ni Lobos ni Uribelarrea: 3 pueblos cerca de CABA ideales para disfrutar bodegones en el Día del Padre
Entre calles tranquilas, recetas tradicionales y ambientes cargados de historia, estos lugares ofrecen el escenario perfecto para compartir una jornada especial y llena de sabor argentino.
El Día del Padre se celebra cada año como una oportunidad para homenajear a quienes están siempre al pie del cañón. Más allá de los regalos, lo más valorado suele ser el tiempo compartido: una charla, una comida, una experiencia distinta que quede en el recuerdo.
Entre las opciones más tradicionales para agasajar, no faltan las camisas, los perfumes o los vinos. Sin embargo, cada vez más familias buscan propuestas diferentes que salgan de lo habitual y que inviten a vivir un momento especial lejos del ritmo cotidiano.
En ese contexto, una escapada gastronómica se convierte en una alternativa perfecta porque no solo están cerca de la ciudad, sino que también poseen buena comida, paisajes tranquilos y esa atmósfera de pueblo que invita a bajar un cambio. De hecho, son la excusa ideal para compartir un almuerzo inolvidable y celebrar como se debe.
Carlos KeenEste pequeño pueblo ubicado a solo 90 km de CABA es un verdadero tesoro para los amantes de la buena mesa. Su principal atractivo culinario son los bodegones de campo y parrillas familiares que ofrecen platos caseros, porciones abundantes y productos de estación.
Los imperdibles son las empanadas fritas, el asado al asador, los guisos criollos y los postres tradicionales como flan casero o budín de pan con crema y dulce. Además, no se puede dejar de mencionar que muchos restaurantes funcionan en antiguas casonas o galpones reciclados, lo que le suma encanto al almuerzo.
Más allá del buen comer, Carlos Keen enamora con su estética detenida en el tiempo: calles de tierra, casas bajas, una antigua estación de tren y ferias de artesanos que le dan vida los fines de semana. Su iglesia centenaria y el entorno rural invitan a pasear sin apuro, hacer picnic o simplemente disfrutar del aire puro. Es un destino perfecto para desconectar, respirar historia y conectar con lo esencial.
Considerado la cuna de la tradición gaucha, este pueblo combina historia viva, arquitectura colonial y una de las escenas gastronómicas más interesantes del interior bonaerense. Hay bodegones que se destacan por sus platos de olla, como el locro o el pastel de papas, y parrillas con cortes de carne inmejorables.
También se pueden probar embutidos caseros, quesos artesanales y vinos de bodegas pequeñas. Muchos lugares, además, ofrecen música en vivo y espectáculos folklóricos en fechas especiales como el Día del Padre. Además, a orillas del río Areco, el paisaje natural ofrece una postal perfecta para caminar, descansar y disfrutar en familia
Culturalmente, San Antonio de Areco es un viaje al corazón criollo. Se puede visitar el Museo Ricardo Güiraldes, recorrer pulperías históricas, admirar platería criolla en talleres artesanales o dar un paseo en sulky por sus calles empedradas. Es decir, todo a solo dos horas de la Capital.
Este pequeño paraje rural del partido de San Andrés de Giles es una joya casi secreta que en los últimos años empezó a sonar por su propuesta gastronómica auténtica. Con apenas unas cuadras y una atmósfera bucólica, se convirtió en el lugar ideal para quienes buscan comer bien sin apuros.
Hay bodegones que priorizan productos de granja, platos de la abuela y menús que cambian según la temporada. No faltan las pastas caseras, las milanesas napolitanas gigantes ni los postres con dulce de leche que te devuelven a la infancia.
Azcuénaga es ideal para una escapada corta y tranquila. Su antigua estación de tren restaurada funciona como centro cultural y su entorno natural, con campos abiertos, cielos amplios y silencio, crea el escenario perfecto para desenchufarse. Incluso, es un lugar donde el tiempo parece haberse detenido, pero donde cada detalle invita a quedarse un rato más.

