El truco británico para combatir la insoportable humedad en casa
Hay 100% de humedad y muchas casas, especialmente las más antiguas o mal ventiladas, padecen el doble esta situación. Este es el sencillo truco para darle pelea.
Tanto la Ciudad de Buenos Aires como el Conurbano bonaerense enfrentan días complejos en relación a cómo se presentó el clima esta semana: además de bancos de niebla y neblina, hay una humedad que supera el 90% y, muchas veces, toca el máximo.
Y en el marco de un presente que parece que va "para largo" en materia meteorológica, muchos comienzan a buscar opciones para poder combatir la humedad en casa, la cual aqueja varios sectores del hogar y hace más difícil el día a día.
Esta situación se hace notar: ventanas empañadas, manchas de moho en varios lugares, un baño imposible de caminar y un ambiente raro y molesto. Puede ser, además, un problema para la salud.
Es por esto que existen algunos trucos caseros para poder combatir esta situación que aqueja los hogares, sobre todo aquellos más antiguos o que tienen mala ventilación.
Cuál es el truco casero para combatir la humedad en casa
Las redes sociales se vieron colmadas por este sencillo truco que traerá alivio a muchas casas. Se puede hacer con elementos que tenemos en casa y el resultado está casi garantizado.
Parar ello es necesario colocar entre medio kilo y un kilo de sal gruesa en un recipiente, de ser posible de plástico, y ponerlo bajo la cama o en los rincones donde sepamos que hay una mayor chance de que se concentre la humedad.
Pasados los dos días, esta sal comienza a humedecerse -o incluso a disolverse-, lo que es una buena señal, ya que se está absorbiendo el exceso de agua del aire y hace todo más ameno. Una vez que se satura, hay que cambiarlo por otra tanda para renovar el proceso.
Si bien se trata de un truco que se volvió viral en los últimos días, vale aclarar que tiene su origen muchos años atrás, ya que se trata de una costumbre antigua que llevan a cabo en los países de Europa, siendo Gran Bretaña uno de los pioneros.
Habitualmente, se colocaban estos recipientes en armarios, placares, muebles y esquinas de las habitaciones, con el objetivo de lograr espacios secos, evitar malos olores y "echar" a la humedad.

