La noche que murió Rodrigo: el recital, el viaje y el accidente que lo cambió todo
Al amanecer, Crónica TV confirmaba la noticia con una placa roja. La Argentina se detuvo. Miles de personas se volcaron a las calles. El velatorio fue multitudinario.
La jornada del viernes 23 de junio de 2000 empezó como tantas otras en la agenda imposible de Rodrigo Bueno: grabación de televisión, cena con amigos, show de madrugada. Nadie sabía que sería la última.
Por la tarde, el Potro llegó a los estudios de Canal 13 para grabar una participación en La Biblia y el Calefón, el ciclo que conducía Jorge Guinzburg. Venía de agotar trece funciones consecutivas en el Luna Park, sus canciones sonaban en todos los rincones del país y su retiro anunciado -que pocos creían real- estaba programado para fin de año. Esa noche, sin embargo, no había tiempo para pensar en eso.
Al terminar la grabación, Rodrigo se trasladó al restaurante El Corralón, donde cenó rodeado de su representante José Luis Gozalo, sus músicos, periodistas y productores del programa El Rayo. También estaban su hijo Ramiro y Patricia Pacheco, la madre del niño. Fue allí donde apareció Fernando Olmedo, hijo del recordado humorista Alberto Olmedo. Rodrigo lo saludó, charló con él y lo invitó a sumarse al show de esa misma noche. Fernando aceptó. Esa decisión sellaría el destino de ambos.
La última función
La cita era en Escándalo Bailable, el histórico boliche de City Bell, en las afueras de La Plata. El lugar había negociado el contrato por 15 mil dólares y reabrió sus puertas un viernes de manera excepcional para recibir al cordobés. Adentro, 4.600 personas colmaban el espacio. Afuera, más de mil intentaban entrar sin entradas.
El recital duró una hora y cuarenta minutos. Hubo cinco canciones inéditas, una interpretación de La Mano de Dios y la participación del pequeño Ramiro, que tocó la batería en uno de los temas. Lo filmaba el equipo de El Rayo. Durante el show, alguien arrojó una bomba de gas lacrimógeno dentro del local, lo que obligó a una interrupción momentánea. Rodrigo retomó y terminó el show. Cerró con una frase que, horas después, tomaría otro peso: "Nos vemos en el infinito".
En el camarín, mientras cobraba el saldo pendiente y saludaba a los organizadores, su representante Gozalo se le acercó: "Ro, ¿por qué no lo dejás manejar a Claudito?". Rodrigo rechazó la sugerencia. Quería manejar él.
La autopista
Eran poco más de las 3 de la madrugada cuando la Ford Explorer roja cruzó el peaje de Hudson. En el vehículo viajaban Ramiro, Patricia Pacheco, Fernando Olmedo, el músico Jorge Moreno y el locutor Alberto Pereyra. La Autopista Buenos Aires-La Plata estaba casi desierta.
A la altura del kilómetro 26, en Berazategui, la camioneta de un empresario llamado Alfredo Pesquera rozó la del Potro. El impacto desestabilizó el vehículo. Rodrigo perdió el control, se estrelló contra el guardarraíl y volcó. El Potro, que no llevaba puesto el cinturón de seguridad, salió despedido por el parabrisas. Murió en el acto. Fernando Olmedo también perdió la vida. Los demás ocupantes sobrevivieron.
Eran las 3.30 del sábado 24 de junio de 2000. Rodrigo tenía 27 años.
La conmoción
Al amanecer, Crónica TV confirmaba la noticia con una placa roja. La Argentina se detuvo. Miles de personas se volcaron a las calles. El velatorio fue multitudinario: Diego Maradona, Susana Giménez, La Mona Jiménez y Marcelo Tinelli, entre cientos de figuras y miles de fanáticos, fueron a despedirlo. Sus restos fueron enterrados en el cementerio Las Praderas, en Monte Grande. Cuatro seguidores adolescentes se suicidaron en los días siguientes.
En el lugar del accidente, sobre la bajada de la autopista en Berazategui, los fans levantaron un santuario que todavía hoy recibe flores y velas.
Las dudas que quedaron
La Justicia procesó a Alfredo Pesquera por el accidente, pero en diciembre de 2001 un tribunal de Quilmes lo declaró inocente al concluir que Rodrigo había sido el responsable por conducir de manera imprudente. El caso, sin embargo, nunca cerró del todo en la memoria colectiva. Años después trascendieron elementos que alimentaron las sospechas: las amenazas de muerte que el cantante y su entorno venían recibiendo, los disparos y el gas lacrimógeno durante el show de esa misma noche, y las contradicciones entre los peritos de la Policía y de Gendarmería. Pesquera murió en 2013 en circunstancias que también generaron preguntas.
A 25 años, la Justicia tiene su versión. Muchos de los que estuvieron cerca, no la comparten del todo.

