Cómo hacer rosquitas glaseadas caseras y volver a esos sabores que abrazan
Con ingredientes simples y una preparación sin complicaciones, este clásico dulce conquista por su aroma irresistible o textura perfecta que lo convierte en una opción ideal para acompañar cualquier tipo de infusión.
La merienda es mucho más que una simple comida: es un momento que reúne, conecta y llena de sabor las tardes en familia o con amigos. Ya sea con mate, café o chocolatada, compartir algo rico en la mesa puede transformar un día cualquiera en una ocasión especial, sobre todo cuando hay algo casero que sale del horno.
No siempre es fácil encontrar una delicia que guste a grandes y chicos por igual, y que además mantenga una buena relación entre precio y calidad. De hecho, muchas veces lo industrial no convence y lo artesanal resulta costoso. Por eso, las recetas simples, rendidoras y accesibles ganan terreno en los hogares argentinos.
Si bien hay muchas opciones dulces para acompañar la infusión de la tarde, las rosquitas glaseadas se destacan por su equilibrio entre textura, dulzura y tradición. Además, son fáciles de preparar, llevan pocos ingredientes y tienen ese encanto de panadería que despierta recuerdos y ganas de repetir.
Ingredientes para las rosquitas glaseadas Para la masa:- 500 g de harina 0000
- 100 g de azúcar
- 10 g de levadura seca (o 25 g de levadura fresca)
- 200 ml de leche tibia
- 1 huevo
- 60 g de manteca (a temperatura ambiente)
- 1 cdita de esencia de vainilla
- 1 pizca de sal
- Aceite neutro en cantidad suficiente para freir
- 200 g de azúcar impalpable
- 3 a 4 cucharadas de agua o jugo de limón (según consistencia deseada)
- Esencia de vainilla o unas gotas de colorante (Opcional para dar más sabor)
1. Activar la levadura: disolver la levadura con una cucharadita de azúcar en la leche tibia. Dejar reposar 10 minutos hasta que espume.
2. Preparar la masa: en un bowl grande colocar la harina, el azúcar, la pizca de sal y mezclar. Agregar el huevo, la manteca blanda, la vainilla y la levadura activada. Amasar hasta lograr una masa suave, lisa y que no se pegue.
3. Leudar: tapar la masa con un paño y dejarla reposar en un lugar templado por 1 hora o hasta que duplique su tamaño.
4. Formar las rosquitas: estirar la masa sobre una mesada enharinada hasta dejarla de unos 2 cm de grosor. Cortar círculos con cortapasta (o un vaso), y hacer un agujero en el centro con un tapita pequeña. Volver a dejar levar unos 20-30 minutos.
5. Freír: calentar abundante aceite a fuego medio. Freír las rosquitas de a pocas por vez, dorándolas de ambos lados. Retirar sobre papel absorbente.
6. Preparar el glaseado: mezclar el azúcar impalpable con el líquido elegido (agua o limón) hasta lograr una mezcla blanca y espesa. Si querés un toque de color o sabor extra, agregá colorante o vainilla.
7. Glasear las rosquitas: con las rosquitas aún tibias, bañarlas con el glaseado usando una cuchara o pincel de cocina. Dejar secar sobre una rejilla.
- No frías con el aceite demasiado caliente, porque se doran afuera y quedan crudas adentro. Probalo con un pedacito de masa: si burbujea suavemente, está listo.
- El grosor de la masa importa: cuanto más finitas las cortes, más crocantes saldrán; si las dejás más gruesas, quedarán esponjosas.
- El glaseado debe secar bien antes de apilarlas o guardarlas, así no se humedecen.
- Si querés una versión al horno, cocinalas a 180°C por 15-20 minutos, y glasealas al salir.

