UNA DELICIA

Ni tortas fritas ni churros: el verdadero clásico de las abuelas que se hace en 30 minutos

Ya sea para acompañar los mates amargos o los fríos tererés, estas “bombitas” panificadas se presentan como una alternativa repleta de sabor a pesar de tener una receta sumamente sencilla y contar con ingredientes tan económicos como ricos. 

Cuando se habla de recetas tradicionales de las abuelas, aquellas que eran transmitidas de generación en generación, no podemos dejar de mencionar los sabrosos buñuelos, un panificado muy sencillo que se hace en sartén u olla y tiene forma esférica

Gracias a su riquísimo sabor y consistencia blanda como nube, puede ser acompañado con todo tipo de infusiones (mate, café, té, mate cocido e incluso tereré) y se le puede incorporar unos “toques de magia” para que se conviertan en una verdadera experiencia gastronómica

Más allá de estas virtudes, no podemos dejar de mencionar que se trata de una opción muy económica, lleva ingredientes que seguramente hay en el hogar o se pueden comprar en cualquier comercio de barrio, y rendidora que alcanzar tanto para el desayuno como para la merienda familiar. 

Pocos ingredientes para unos tradicionales buñuelos de dulce de leche
  • 2 huevos
    2 cucharadas de azúcar blanca común
  • 5 cucharadas de dulce de leche
  • 300 centímetros cúbicos de leche
  • Esencia de vainilla
  • Ralladura de medio limón o naranja
  • 240 gramos de harina leudante
  • 1 pizca de sal fina
  • Cantidad necesaria de grasa vacuna o aceite para cocción
Una alternativa muy económica que le podés dar un toque personalizado.
Una alternativa muy económica que le podés dar un toque personalizado.  
Los pasos a seguir para que los buñuelos queden como los de la abuela 

1- Para empezar, será fundamental que contemos con todos los ingredientes necesarios sobre la mesa porque se trata de una preparación sucesiva, es decir, no tiene tiempo de descanso o elevación. Cuando este todo en orden, colocar, en un bol, los huevos junto con el azúcar blanco, la esencia de vainilla, la ralladura de limón o naranja y el dulce de leche. Mezclar todo hasta que quede una “pasta” color marrón clarito. 

2- Tras conseguir la consistencia pastosa, vamos a incorporar la leche y volvemos a batir hasta que esté bien incorporado a la base. Lo ideal es que nos quede una “salsa” fluida que luego nos sirva para unir la harina y demás productos. En caso de estar espesa y cueste su batido, sumamos un poco más del lácteo o un chorrito de agua. 

3- Agregamos, de a poco, la harina junto con la pizca de sal fina y batimos muy bien para que no queden grumitos. El resultado final debe ser una mezcla ni muy líquida ni muy densa para que sea más fácil volcarla rápido en la grasa y que el buñuelo quede bien redonditos como indica la tradicional receta de las abuelas. Dejamos reposar mientras calentamos el recipiente de cocción. 

4- En una olla profunda, colocamos toda la grasa vacuna y dejamos derretir, pero evitando que se nos queme el producto. Es decir, para conseguir el mejor producto posible, lo ideal es una cocina a fuego medio-bajo, para lograr un interior tierno y un exterior crocante. 

5- Con una cuchara, tomamos porciones de la mezcla y vamos colocando dentro de la grasa caliente. La masa pasa por distintas etapas: primero se debe hundir en la materia grasa hasta que adquiere la cocción necesaria. Luego, subirá a la superficie, flotar, y exigirá que la ayudemos a darse con una espumadera. Finalmente, las unidades estarán cuando veamos que todos sus lados quedaron bien dorados. 

6- Cuando tomen ese característico color tostado, las sacamos y colocamos sobre papel absorbente o cocina para que se les quite todo el exceso de grasa que pudo haber quedado. Luego de unos escasos segundos, sin esperar que envíen, rebozamos por un poco de azúcar blanca común. 

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