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Receta para el desayuno del Día de la Madre: cómo hacer unas tostadas francesas exquisitas y suaves

Las tostadas francesas se convierten en la forma más tierna y diferente de agasajar a mamá. Conocé de qué manera lograr un resultado dorado, suave y perfecto con esta receta.

Las tostadas francesas son un infaltable para el desayuno o el “brunch”. Este plato es la opción ideal si se busca sorprender a la familia, especialmente en días de celebración como el Día de la Madre, ya que recuerdan esa sensación de cariño y de lo que una madre prepara en ocasiones especiales. 

Se trata de un manjar dorado, suave, húmedo y absolutamente delicioso, sobre todo si se sirve con fruta fresca y un chorrito de miel de maple. Esta receta básica nunca falla y se elabora con pocos ingredientes en la cocina de casa.

Hacer tostadas francesas es muy sencillo: se remoja pan en una mezcla de leche y huevo y se cocina en la sartén. La receta es tan rápida que en total se necesitan solo 15 minutos (5 minutos de preparación y 10 minutos de cocción) para obtener hasta ocho porciones.

Las tostadas francesas son un infaltable para el desayuno. 
Las tostadas francesas son un infaltable para el desayuno. 
Tostadas francesas: el mejor pan para esta preparación

Para lograr la textura perfecta, la elección del pan es clave. El favorito, por lejos, para este plato es el brioche. Este pan es súper suavecito, lleva manteca y absorbe el líquido de remojo a la perfección. Como resultado, las tostadas quedan muy húmedas y con muchísimo sabor.

Si no se tiene brioche a mano, la receta funciona con cualquier pan de molde que se tenga en casa. Incluso se pueden usar alternativas.

Los ingredientes esenciales para la mezcla son pan en rebanadas, leche, huevos y azúcar. Además, para darle ese toque casero y especial que le gusta a mamá, se recomienda agregar sal, extracto de vainilla y canela, aunque esta última es opcional.

Paso a paso de las tostadas francesas

El proceso de elaboración es simple y directo:

  • En un bol, se mezclan todos los ingredientes líquidos y secos (menos el pan) utilizando un batidor de mano. También se puede usar una licuadora.
  • Se remoja una rebanada de pan en la mezcla de leche y huevo por apenas un par de segundos. Es fundamental ser rápido y no dejar el pan remojándose demasiado, ya que corre el riesgo de deshacerse.
  • Se coloca la rebanada en la sartén con un poco de manteca y se cocina. Este proceso se repite con el resto del pan.
  • Un tip extra para que las tostadas queden aún más crocantes sugiere espolvorearlas con azúcar rubia del lado que mira hacia la sartén, justo antes de voltearlas.

    Para lograr la textura perfecta, la elección del pan es clave.
    Para lograr la textura perfecta, la elección del pan es clave.
    El truco para disfrutarlas como recién hechas

    Cuando se cocina este plato para varias personas, como en el desayuno familiar del Día de la Madre, un problema recurrente es que las primeras porciones se enfrían mientras se terminan de hacer las siguientes, ya que se cocinan de a una o dos a la vez.

    Para asegurar que todos disfrutan de las tostadas francesas calentitas simultáneamente, se utiliza un truco sencillo: se precalienta el horno a una temperatura baja, entre 50-80 grados. A medida que las tostadas salen de la sartén, se van metiendo en una bandeja dentro del horno.

    Una vez listas y mantenidas a la temperatura ideal, se sirven calientes con miel de maple y fruta fresca.

    Una tradición que tiene siglos

    Esta receta tiene una historia fascinante que se extiende a lo largo de los siglos. Aunque en Estados Unidos algunos adjudican el nombre French Toast a Joseph French en 1724, la práctica de humedecer pan añejo con leche y huevo se utiliza desde mucho antes.

    En Francia, de hecho, el plato se llama “Pain Perdú”, que se traduce como “pan perdido”. Este nombre hace referencia a que la receta sirve para aprovechar el pan que se pone duro, ya que el remojo y la fritura en manteca lo “regresa a la vida”.

    La primera evidencia escrita de esta preparación se encuentra en el imperio romano. La antigua receta pedía quitar la corteza y cortar el pan en cubos grandes antes de remojarlo y freírlo en manteca.

    Luego, se bañaba el plato en miel antes de servir. Aparentemente, la receta no sufre grandes cambios desde su concepción original hasta la actualidad.

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