CRÓNICA DEL ASCENSO

Ser técnico en la Primera Nacional, un arma de doble filo: sólo diez equipos no lo cambiaron en la temporada

La inestabilidad de una categoría tan complicada como la Primera Nacional, hace que varios equipos hagan cambios en su cuerpo técnico.

El fin de semana anterior fue atípico en la Primera Nacional: ningún DT fue despedido. Parecería irónico, pero en esta edición 2023 que un entrenador mantenga el cargo termina siendo un logro y un privilegio. 

En el fútbol se sabe que mandan los resultados y que la acumulación de una mala racha tiene que explotar por algún lado. Generalmente, el hilo se corta por lo más delgado y, en el 100% de los casos, aquel "hilo" siempre es el técnico. 

Lo que está sucediendo esta temporada en la Primera Nacional B, en cuanto a movimiento de técnicos, es más que llamativo. En sí, esta segunda categoría ya es un torneo fuera de la lógica: lo integran 37 equipos, divididos en dos zonas de cantidades distintas, lo que lleva a un desfasaje entre ambos fixtures: la Zona A, con 19 equipos cuenta con un total de 38 fechas, mientras que la Zona B, sólo tendrá 34.

Recién esta semana se están emparejando ambos calendarios para que logren finalizar el torneo regular ambas zonas el mismo fin de semana. Además de esa falta de previsión, el fenómeno de los DTs está siendo otro de los puntos sorprendentes y hasta por qué no, controversiales: de los 37 equipos solamente 10 (el 27%) pueden presumir de no haber cambiado entrenador desde el inicio del torneo. Mientras que, en el otro extremo de la cuestión, existen planteles que ya llevan 4 cuerpos técnicos en lo que va del año, sumando un total de 76 cuerpos técnicos que desfilaron en lo que va del torneo.

Siempre se habla de "procesos", o que los planteles necesitan "tiempo de adaptación a una idea". Lo cierto es que, sea cual fuere la filosofía del club, si no se gana tiene que haber un culpable y se pone precio por su cabeza. De hecho, ellos mismos coinciden en utilizar la expresión de "ser fusibles" en situaciones de rachas negativas. Que haya equipos que mantengan el entrenador mismo desde el inicio no debería ser noticia, porque van solamente 28 partidos en una zona y 25 en otra, pero en esta coyuntura sí lo es. Y lo más curioso es que se van de un equipo porque no pueden mejorar la performance y, sin embargo, rápidamente son contratados por otros como "salvadores". Paradójico.

Vamos a hacer un repaso por este ida y vuelta: Fabián Nardozza se fue de Tristán Suárez en la cuarta fecha, apenas iniciado el torneo, tras cuatro derrotas consecutivas. Sin embargo, el entrenador, que claramente fue despedido por malos resultados, era codiciado por dos equipos que luchaban por su contratación: Deportivo Madryn y Deportivo Morón.

Finalmente se quedó en este último y los de Chubut terminaron contratando a Andrés Ylliana, otro que se había desvinculado de San Martín de San Juan también. Ante la salida de Nardozza, Suárez apostó por Gabriel Di Noia, un debutante en el ejercicio, que empezó con el pie derecho ganando tres partidos consecutivos, pero ante una racha de 12 sin ganar, tuvo que decir adiós, dejando a un Lechero en zona de descenso. Finalmente, días atrás, terminó siendo reemplazado por Carlos "Moncho" Ruiz, un DT nuevo para la categoría, pero con un pasado reciente en Arsenal poco tentador según sus números: dirigió 15 partidos de los cuales perdió 10. Igualmente, arrancó con una goleada sobre Mitre y un empate con el puntero Chacarita que ilusiona.

Otro de los equipos tempraneros en despedir técnico fue Gimnasia de Jujuy. Darío Franco (después de un paso sin pena ni gloria por el Binacional de Perú, hoy ya dirigiendo en Almirante Brown) se sostuvo también hasta la cuarta fecha. Tras el empate de local con Brown de Adrogué y sin levantar el rendimiento de su equipo, el ex mundialista tuvo que armar sus valijas. Llegó un viejo conocido de la casa: Mario Gómez, quien había cortado su vínculo con el Deportivo Armenio para viajar al norte y asumir en su cuarto ciclo al frente del Lobo. En 17 partidos, sumó 7 triunfos, 1 empate, pero por las 9 derrotas también tuvo que dejar su puesto. En su reemplazo llegó Marcelo Vázquez, ex Estudiantes de Río Cuarto, cesanteado en la fecha 19, quien agregó 3 derrotas más a las cuatro que dejó Gómez y apenas pudo alcanzar una modesta victoria sobre Madryn dos fechas atrás. 

Estudiantes de Buenos Aires tiene la llamativa particularidad de ostentar el tercer cuerpo técnico, sin interinatos, en lo que va del torneo. Fernando Ruiz inició con una racha de 4 triunfos consecutivos y su equipo se encaminaba a ser gran protagonista en este año, sin embargo, a partir de su derrota justamente con el Lobo jujeño en la quinta fecha no ganó más y le tuvieron poca paciencia por su racha negativa: en la fecha 11 se tuvo que ir. Lo reemplazó Juan Manuel Sara, que venía de dirigir a un Ferro que no encontraba rumbo, y se quedó hasta la fecha 19, cuando cambió Caseros por Tigre, ante la salida de Diego Martínez del conjunto de Victoria. Llegó, entonces, Walter Otta, proveniente de Patronato, y quien había tenido que renunciar en el equipo entrerriano, después de la goleada en contra sufrida ante Melgar por Copa Sudamericana. Así, el Pincha arroja un promedio de un DT cada 8 partidos. 

Otro con un promedio similar es su vecino, Almagro. Leandro Desábato fue el primer técnico que desfiló por José Ingenieros, seguido por Diego Trípodi y quien dirige actualmente es… ¡Fernando Ruiz! Sí, el mismo que dirigió a Estudiantes, su clásico rival, a principio de temporada. 

En este torneo, varios técnicos despedidos por malos resultados rápidamente tomaron las riendas de otros equipo: a los ya nombrados en los ejemplos anteriores se suman Pablo Frontini, fuera de All Boys, actualmente en San Martín de Tucumán; Tomás Molina Arrotea, en un inicio en Nueva Chicago, asumiendo semanas después en Flandria; Leonardo Lemos, quien no tuvo un buen comienzo en Defensores de Belgrano, hoy ya en Guillermo Brown de Puerto Madryn; Alejandro Orfila, quien estuvo en Almirante Brown hasta la fecha 20 y en la 23 asumió en Temperley. El caso del uruguayo es destacable: en 6 años como entrenador lleva dirigidos 8 equipos y, en uno de ellos, Atlanta, en dos ciclos diferentes. 

Y para cerrar el repaso de clubes con situaciones particulares podemos citar el caso de Villa Dálmine: el equipo de Campana lleva jugados 25 partidos en su zona y cuenta ya con el cuarto cuerpo técnico en lo que va del año: José María Martínez dirigió hasta la fecha 10 (hoy ya en Alvarado de Mar del Plata). Si bien fue de manera interina, la dupla Carlos Pereyra-Mariano Gorosito estuvo al frente del equipo por cinco partidos, momento que debieron alejarse por cuestiones institucionales. Para encarar el segundo tramo del año asumió otra dupla, Fabián Zermatten con Facundo Gareca (el ex goleador de Arsenal hoy ya en el cuerpo técnico del "Moncho" Ruiz, en Tristán Suárez), pero los malos resultados hicieron que Jorge "Morrón" Benítez asumiera en la fecha 22. Si abrimos la lente de análisis en el conjunto de Campana y nos remontamos hasta inicios del 2021, época que volvió con regularidad el fútbol post-pandemia, pasaron 8 cuerpos técnicos. Es decir, casi tres por año. 

La vorágine busca-resultados que se vive en el fútbol argentino es difícil de explicar. Este círculo vicioso donde fluctúan los entrenadores, sin criterio aparente, debería ser estudiado y analizado por la dirigencia en su conjunto. Uno de los motivos podría deberse a una oferta indiscriminada por parte de representantes que, rápidos de reflejos, huelen sangre y entienden de necesidades y de negociaciones. Para los dirigentes es una solución efectiva, aunque no eficiente, con el fin de descomprimir la racha negativa, pero a su vez, no se piensa en los antecedentes de esos mismos entrenadores. 

La decantación natural de esta cuestión es el empobrecimiento general del espectáculo. Equipos que sufren grandes rotaciones no logran adoptar una idea que se pueda sostener en el tiempo y los planteles terminan siendo volátiles hasta en las mentes de sus propios hinchas. Justamente los que logran coincidir y sostener una noción de juego son los que animan un torneo con pocos equipos que sobresalen: el modesto Agropecuario, dirigido por Gabriel Gómez, que da pelea desde la fecha 1 en la Zona A; Rafaela, de Ezequiel Medrán y el Quilmes de Mario Sciacqua, que, con sus irregularidades, igualmente están bien arriba en su zona; el sorpresivo Luis García con un Maipú imparable; Chacarita, protagonista con un DT ya acostumbrado a jugar bien y pelear como Aníbal Biggeri; y el caso de Alfredo Berties digno de mencionarse, que logró consolidar una efectividad incomparable en Independiente Rivadavia: lleva dirigidos 17 partidos, de los que ganó 13, empató 2 y perdió también 2. Números que no existen en el fútbol actual. 

Y para cerrar, si hablamos de DTs y hablamos de la Primera Nacional, no podemos (ni queremos) evitar nombrar al eterno Pablo Vicó, como contracara de toda esta meresunda: lleva al frente de Brown de Adrogué ya 14 años consecutivos de manera ininterrumpida, con dos ascensos en su haber y sostenido en su cargo, aún después de haber perdido la categoría en 2014, podríamos asegurar que el "Bigotón" es el Sir Alex Ferguson de esta categoría, además de ser el DT récord del fútbol argentino.

Esta nota habla de: