Arturo Puig se decepcionó con una actitud de Susana Giménez tras la muerte de Selva Alemán: "Me dolió un poco..."
El actor rompió el silencio y contó la distancia que se generó con la diva cuando más necesitaba un gesto. ¡Mirá el video!
Arturo Puig sorprendió al hablar por primera vez del distanciamiento con Susana Giménez después de que muriera Selva Alemán, su esposa de toda la vida, en 2024. El actor, que sigue recordando a Selva en cada oportunidad que tiene, confesó que esperaba un gesto de la diva que nunca llegó.
Arturo Puig es de esos actores que siempre se manejó con códigos. Pero esta vez decidió sacarse la cadena y contar una historia que tenía guardada hace rato. En una entrevista, el tipo reveló la decepción que sintió con Susana Giménez cuando se murió Selva Alemán, su mujer y compañera de más de cincuenta años. Dijo las cosas claras, sin vueltas, pero sin odio. Más bien con esa tristeza que queda cuando esperás algo de alguien y no aparece.
La relación entre Puig y Susana viene de décadas. Compartieron escenario, amistad, confianza. Pero todo eso se tensó después del fallecimiento de Selva. El actor explicó que, en ese momento de mierda que le tocó vivir, esperaba algún tipo de señal de la diva. Una llamada, un mensaje, lo que sea. Pero no llegó nada.
Sus palabras textuales fueron: "Cuando partió Selva, no me mandó nada, ni un beso, ni una frase, ni nada. Me dolió un poco, ¿no?". Y ahí nomás reconoció: "Me sentí un poco dolido". No hubo pelea, aclara. Pero sí una herida. "No estoy peleado. Para nada. Tuvimos ahí un pequeño problema", tiró.
El tiempo pasó y el rencor no creció, pero tampoco se borró solo. La reconstrucción del vínculo llegó por casualidad, en un lugar con onda: el Teatro Colón. Se cruzaron en una fiesta o un evento, Puig no dio muchos detalles, pero contó que ahí pudieron charlar como dos personas grandes. "Estuvimos hablando y se arregló. No hay problema", aseguró. Y cerró esa historia con un "la verdad que en este momento no, no estoy peleado ni mucho menos".
Pero el grueso de la nota no fue la pelea con Susana, sino el duelo por Selva. Ahí Puig se puso profundo, sin vueltos. Contó que vive el día a día, hora a hora. "Hay veces que estoy bien, hay veces que estoy mal, la extraño mucho. Me cuesta mucho pensar que no la voy a ver más", largó. Y los ejemplos duelen porque son simples: el desayuno solo, mirar una serie sin nadie al lado, reírse de algo y no tener a quién contárselo. Porque Selva era eso: su compañera de ruta.
Puig definió el matrimonio con Selva Alemán como "un matrimonio realmente medio inédito". Cincuenta años juntos, con idas y vueltas, peleas, separaciones, pero siempre volvían. "Siempre estuvimos juntos", remarcó. Y en los últimos años, encontraron una sintonía fina. "Nos divertíamos mucho. Selva y yo nos divertíamos, pero muchísimo", recordó. Tanto que el otro día se encontró con unas fotos de un viaje a Italia y se largó a reír solo. Porque la tentación con ella era impresionante.
Lo que hizo Arturo Puig al contar esta historia no es un simple chimento de alcoba. Es una lección de cómo se maneja una decepción sin caer en el escrache. El actor podía haber guardado silencio o soltar una frase venenosa para que la diva quede mal. Pero no. Eligió contar el dolor, sí, pero también contar la reconciliación. Y eso, en un mundo donde el espectáculo argentino a veces parece una guerra de tuits y declaraciones cruzadas, vale oro.
Porque muestra que los vínculos importantes, esos de décadas, pueden tener un traspié en el peor momento y aun así recuperarse. El encuentro en el Colón no fue una casualidad: fue la prueba de que tanto Puig como Susana son lo suficientemente grandes para poner el pecho y hablar. El duelo por Selva sigue, y seguirá. Pero al menos ese "pequeño problema" quedó atrás. Y el actor se queda con lo mejor: los viajes, las risas, y esas fotos de Italia que lo hacen reír solo. Porque al final, del amor lo que queda son esos flashes. Y Puig los guarda como un tesoro.


