Lionel Scaloni y Elisa Montero, la misteriosa historia de amor del DT campeón del mundo que empezó con un portazo: "No me dio ni pelota..."
El técnico de la Selección construyó una familia lejos de los flashes junto a la española que lo bancó en los peores momentos, lo rescató de la depresión y lo impulsó a ser entrenador. Conocé todo sobre su amor.
Lionel Scaloni es uno de los técnicos más queridos del país desde que llevó a la Selección Argentina a conseguir la tercera estrella mundial. El pujatense, muy resistido en sus comienzos al mando del equipo, hoy se prepara para el Mundial 2026, su segundo gran desafío al frente de la albiceleste (y antes, la Finalissima). Pero si hay algo que el entrenador cuida con celo es su vida privada. Tanto que muy pocos conocen los detalles de su historia con Elisa Montero, su esposa hace más de 15 años y madre de sus dos hijos. Una relación que nació en Mallorca casi por casualidad y que tuvo un comienzo tan curioso como difícil. ¿Cómo hizo el Gringo para conquistarla?
La historia empezó en 2008, cuando Scaloni jugaba a préstamo en el Mallorca. El destino los cruzó en una cena con amigos. Él estaba con sus compañeros de equipo, ella con sus compañeras de vóley. Apenas la vio, sintió el famoso flechazo. Pero no fue fácil: Elisa, que es mallorquina y hoy tiene 44 años, lo trató bastante mal esa primera noche. En la biografía oficial del DT, escrita por Diego Borinsky, el propio Lionel contó que se acercó a hablar con ella y recibió un portazo. "La vi y fue un flechazo. Charlé dos minutos y no me dio ni pelota. Muy borde, antipática, seca. Pero a mí me gustó y me quedé con la idea", recordó el entrenador.
Lejos de rendirse, el Gringo empezó una verdadera odisea para conseguir su teléfono. Volvió al restaurante, preguntó en clubes de vóley, tocó todas las puertas. Pasaron cuatro largos meses hasta que dio con el número. Para ese entonces, el préstamo en Mallorca se terminaba y él debía regresar a Italia, donde tenía contrato con Lazio. Con la sinceridad que lo caracteriza, Scaloni fue directo: "Me gustás, todo bien, pero me tengo que volver a Italia. ¿Qué hacés? ¿Querés venir conmigo?". Al día siguiente, Elisa armó las valijas y se fue a Roma con él. Así de simple y así de arriesgado.
Ella, exjugadora de voleibol y de familia con tradición en la empresa Olivetti, dejó su trabajo y su vida en la isla para apostar todo por ese argentino medio loco que le cantaba canciones de su país como si fuera Pavarotti. En Italia nació Ian, el primer hijo de la pareja, que hoy tiene 14 años. Después, cuando volvieron a instalarse en Mallorca, llegó Noah, de 10. Scaloni dice siempre que sus hijos, aunque nacieron en Europa, "son más argentinos que yo", porque heredaron la pasión por la camiseta celeste y blanca.
Pero el amor de Elisa no solo lo acompañó en las buenas. Cuando Scaloni se retiró del fútbol, pasó por una etapa muy difícil, una depresión profunda por el vacío de dejar la actividad. Los días se le hacían eternos y no sabía qué hacer con su tiempo. Fue ella quien lo empujó a hacer el curso de director técnico, quien lo salvó del pozo. "Llega un momento en que dejas de jugar y estás medio perdido, no sabes qué hacer. Él es eléctrico, un nervio y necesita activarse. Le dijimos: 'Venga, buscamos algo'", contó Elisa en el libro de Borinsky. El resto es historia conocida: el resto es la Scaloneta.
Hoy viven en Calviá, Mallorca, en una casa sencilla con pileta y vista al mar, lejos del ruido. Salen poco, Elisa no tiene redes sociales y apenas se la vio en alguna celebración, como cuando Scaloni corrió a abrazarla tras el pase a la final del Mundial de Qatar. Después de esa consagración, el técnico subió una foto con ella sentados en el campo y escribió apenas dos palabras: "Simplemente gracias, Eli". Una pareja que construyó su amor al margen de la fama, con la tranquilidad de quienes saben que lo más importante no es lo que se muestra, sino lo que se cuida.



