Benjamín Vicuña publicó una sentida carta dedicada a Blanca el día que habría cumplido 20 años: "Duermo tranquilo a tu lado, mi niña eterna"
El actor chileno le escribió un nuevo mensaje a su hija mayor, fallecida en 2012. Un repaso por el duelo, la escritura como cura y la paz encontrada.
Benjamín Vicuña volvió a sentarse frente a la hoja. Esta vez, como tantas otras, para hablar con Blanca. La niña que se fue demasiado temprano, a los seis años, en 2012, cumpliría veinte este 15 de mayo. Y el actor chileno, como también hizo Pampita, le dedicó una carta pública. Un texto donde el dolor ya no grita, sino que susurra. Donde la ausencia se transformó en una presencia distinta.
Blanca Vicuña Ardohain murió el 8 de septiembre de 2012 en Santiago de Chile, a los 6 años. La causa: una neumonía hemorrágica fulminante por una infección bacteriana contraída durante unas vacaciones en Cancún, México. Ingresó a la Clínica Las Condes el 30 de agosto con fiebre, tos y ganglios inflamados. Permaneció nueve días en terapia intensiva con asistencia mecánica y diálisis. Una septicemia le provocó un derrame cerebral y una falla multisistémica irreversible.
En el día que Blanquita cumpliría 20 años, sus papás le dedicaron mensajes a la pequeña, en esta fecha tan especial. El mensaje de Vicuña arranca con una confesión profunda: "Por ti me disfracé de padre la primera vez". Vicuña recuerda que Blanca lo hizo padre. No había manual, ni ensayo. La nena llegó y él aprendió sobre la marcha. "Dormí en tus sueños, despertando los míos", relata. Esa experiencia, dice, le mostró el amor más grande que nadie pudo robarle. Ni el tiempo, ni la distancia, ni la muerte misma. La frase resuena fuerte: "Conocí el amor más grande que nadie pudo robar".
A lo largo de estos años, el actor encontró en la escritura una forma de catarsis. No es la primera carta. Ya antes le había escrito un libro, una despedida, cartas de amor. Pero esta vez hay un matiz distinto. "Hoy vuelvo a escribir porque ya lloré, morí, renací y volví a escribir tu nombre en la arena pero esta vez al mar no lo borró", reflexiona.
Ese ritual de grabar el nombre de Blanca en la playa, y ver cómo el agua lo borraba, solía ser una metáfora del dolor. Ahora, en cambio, el mar le trajo un secreto: "Y es que estás bien". Vicuña alcanza una paz que antes se le escapaba.
El actor une dos fechas sagradas: el cumpleaños de Blanca y el de su propia madre. "No olvido tu nacimiento, hoy 15 de mayo, al igual que el cumpleaños de mi madre", menciona. Y la naturaleza acompaña el recuerdo: "La cordillera brillaba y su blancura parecía la sonrisa más linda". El paisaje chileno, esa cordillera que mira a Santiago, se vuelve testigo de una historia íntima.
La carta de Benjamín Vicuña no es un lamento. Es un testimonio de evolución emocional. El duelo por la pérdida de un hijo no termina nunca, pero sí cambia de forma. En los primeros años, el actor mostraba un dolor crudo, casi físico. Sus apariciones públicas, sus llantos en entrevistas, hablaban de una herida abierta.
Ahora, catorce años después, el tono es otro. No desapareció la tristeza, pero apareció la serenidad. "Hoy duermo tranquilo a tu lado", dice. Esa frase implica que Blanca ya no está perdida, sino que vive en otra dimensión, accesible desde el recuerdo y el amor.
Este tipo de homenajes públicos cumplen una función doble. Por un lado, ayudan a quien escribe a procesar la ausencia. Poner en palabras el dolor lo vuelve más manejable. Por otro lado, ofrecen un espejo para otros padres que atravesaron pérdidas similares.
Vicuña, sin proponérselo, se convierte en referente de un duelo atravesado con honestidad. No hay poses de famoso, ni frases hechas. Hay una pregunta sincera: "¿Cómo serías de 20 años?". Y una respuesta que es pura imaginación: "Dulce, graciosa, tierna, fresca, tímida, mirando de costado".
El actor también menciona que vive por los que todavía están. No se detiene. Sigue actuando, criando a sus otros hijos, construyendo proyectos. Pero Blanca sigue ahí, como una presencia silenciosa. La carta de este 15 de mayo no es un adiós. Es un "todavía estoy acá, con vos".
Y ese mensaje, en tiempos donde todo parece efímero, se vuelve un acto de resistencia. El amor inquebrantable del que habla el título no es una frase hecha. Es la constatación de que algunos vínculos trascienden la biología y el calendario. Vicuña encontró la manera de seguir siendo padre de una niña que ya no está, pero que nunca se fue del todo.



