Cómo hace Israel para abatir uno por uno a los máximos funcionarios del gobierno de Irán
La muerte del líder supremo Alí Jameneí en un bombardeo perpetrado por las fuerzas militares israelíes fue el primero de muchos golpes que recibió la cúpula del poder iraní.
La ofensiva israelí contra la cúpula del poder iraní dejó al descubierto un cambio profundo en la forma de conducir la guerra. En lugar de limitarse a objetivos militares tradicionales, la estrategia apunta a desarticular directamente la estructura política y de seguridad del gobierno islamista con ataques selectivos que eliminaron a varios de sus funcionarios más influyentes.
Según documentos y reportes citados por el diario estadounidense The Wall Street Journal, el sistema de inteligencia israelí rediseñó su estrategia para debilitar la red de control interno del Estado iraní. La ofensiva incluyó la eliminación del líder supremo, Alí Jameneí, así como de otros funcionarios clave como Ali Larijani, responsable de Seguridad Nacional, y Gholamreza Soleimani, jefe de la milicia Basij.
El objetivo de estas operaciones es socavar la cohesión interna del aparato estatal iraní, debilitando su capacidad de control ante eventuales levantamientos y acelerando el desgaste de las fuerzas encargadas de la represión.
Golpear el corazón del aparato de seguridad de Irán
Apenas en el segundo día del conflicto, la aviación israelí había ampliado significativamente su lista de objetivos. Los ataques ya no se dirigían únicamente a instalaciones militares convencionales, sino que comenzaron a concentrarse en centros neurálgicos del mando estatal: cuarteles de la Guardia Revolucionaria Islámica, dependencias policiales y estructuras responsables de la protección directa de la capital, Teherán.
La ofensiva alcanzó también a unidades de la milicia Basij, una de las principales herramientas del régimen para controlar protestas y ejercer vigilancia social.
De acuerdo con fuentes citadas por The Wall Street Journal, Israel lanzó cerca de 10.000 municiones contra miles de blancos. Más de 2.200 ataques estuvieron dirigidos específicamente contra organismos de seguridad como la Guardia Revolucionaria y la Basij.
Las bajas entre muertos y heridos se cuentan por miles, lo que obligó a muchas unidades de seguridad a abandonar sus bases y refugiarse en lugares improvisados: vehículos, mezquitas, centros deportivos e incluso autobuses urbanos.
Guerra con Irán: la importancia de la colaboración interna
Uno de los aspectos más sensibles de la ofensiva es la creciente colaboración de ciudadanos iraníes que informan la ubicación de objetivos estratégicos. Esa red informal de información permitió a la inteligencia israelí localizar blancos prioritarios con mayor rapidez.
Un ejemplo ocurrió cuatro días después de que Larijani reapareciera públicamente tras el inicio de la guerra. Una operación precisa logró ubicarlo durante una reunión fuera de Teherán, donde fue abatido junto con otros funcionarios, entre ellos, Gholamreza Soleimani.
Al día siguiente, Israel anunció también la muerte del ministro de Inteligencia iraní, Ismail Khatib.
Las incursiones aéreas incluso alcanzaron puestos de control de la milicia Basij en arterias clave de la capital, como la autopista Imam Reza y la avenida Shahed, donde al menos once posiciones fueron atacadas durante la última semana. Varias de esas operaciones fueron guiadas por reportes directos de ciudadanos.
El gobierno iraní, bajo presión interna
Para los analistas citados por The Wall Street Journal, el desenlace del conflicto dependerá en gran medida del deterioro interno en Irán.
La combinación entre el desgaste económico, el aumento del descontento social y la pérdida de cuadros clave en el aparato de seguridad podría poner en jaque la estabilidad del gobierno en el mediano plazo. Sin embargo, advierten que cualquier cambio político dependerá finalmente de la reacción de la propia sociedad iraní.
Aunque las fuerzas de seguridad continúan reprimiendo protestas y manteniendo el control territorial, la destrucción progresiva de su estructura administrativa y la creciente colaboración civil comenzaron a exponer, según algunos analistas, "un sistema en proceso de descomposición frente a los ojos de la gente".
Estos son los altos mandos iraníes abatidos en la guerra
- Alí Jameneí, líder supremo - 28 de febrero.
- Mohammad Shirazi, secretario militar principal de Jameneí - 28 de febrero.
- Saleh Asadi, jefe de inteligencia militar - 28 de febrero.
- Hossein Jabal Amelian, presidente de la organización nuclear SPND - 28 de febrero.
- Reza Mozaffari-Nia, ex presidente de la SPND - 28 de febrero.
- Mohsen Darebaghi, general de división y subdirector de logística e investigación industrial - 28 de febrero.
- Gholamreza Rezaian, jefe de inteligencia policial - 28 de febrero.
- Bahram Hosseini Motlagh, general de división y jefe de planes y operaciones - 28 de febrero.
- Majid ibn al-Reza, ministro de Defensa interino - 3 de marzo.
- Reza Khazaei, alto comandante de la Fuerza Quds - 3 de marzo.
- Abu Dhar Mohammadi, comandante de la Guardia Revolucionaria - 12 de marzo.
- Ali Larijani, jefe de Seguridad Nacional - 17 de marzo.
- Gholamreza Soleimani, comandante de la milicia Basij - 17 de marzo.
- Ismail Khatib, ministro de Inteligencia - 18 de marzo.

