POLÉMICA

Reducen la condena de prisión perpetua a una madre que dejó morir a su beba de 2 años

Cuatro años después de ser condenada por dejar morir a su hija, el tribunal redujo la condena de Micaela Noemí Colque a 14 años de cárcel al considerar que su contexto de vulnerabilidad.

La justicia salteña revocó la pena de prisión perpetua en un caso de violencia infantil que generó conmoción años atrás. Micaela Noemí Colque había sido condenada por dejar morir a su hija Francesca, de 2 años.

La defensa de la imputada apeló la pena inicial a través de un recurso de inconstitucionalidad y el Tribunal de Impugnación redujo la sentencia que se le había impuesto en primera instancia a la mujer. 

A partir de esa presentación, el máximo tribunal provincial dispuso que se efectuara una revisión de las actuaciones bajo dos hipótesis que contemplan sentencias menores: abandono de persona seguido de muerte u homicidio calificado.

El Tribunal de Impugnación determinó por voto mayoritario que la conducta de la mujer correspondía a la figura de homicidio calificado, pero admitió la existencia de atenuantes extraordinarios. 

En consecuencia, estableció una condena de 14 años de prisión. 

Los magistrados basaron su decisión en la evaluación del entorno de vulnerabilidad que rodeaba a la acusada al momento de los acontecimientos. 

El fallo judicial ratificó que existió un comportamiento omisivo grave de abandono prolongado, falta de cuidados esenciales y por la desnutrición que presentaba la nena al momento de su fallecimiento.

Sin embargo, la sentencia afirmó que el desenlace fatal superó la capacidad de previsión y advertencia de la imputada, debido a factores psicológicos. 

Durante el juicio llevado a cabo en 2022, Colque declaró: "No creí que se iba a morir".  

Cómo ocurrió la muerte 

La muerte de la menor ocurrió el 21 de junio de 2020. En esa fecha, su madre se fue de su casa para asistir a una reunión familiar junto a su otro hijo de 5 años. 

Antes de abandonar la vivienda, dejó a la nena de dos años encerrada en una de las habitaciones y encendió un televisor a volumen máximo para impedir que el llanto de la beba se pueda oír desde el exterior.

La mujer regresó a su domicilio al día siguiente y encontró a la beba inconsciente y sin respirar. Inmediatamente la llevó a un hospital cercano, donde le dijo a los médicos de guardia que la nena se había ahogado comiendo yogur y galletitas.

Pese a las maniobras de reanimación cardiopulmonar, no pudieron salvarla. Además, los médicos notaron escoriaciones y lesiones visibles en el rostro de la menor que luego fueron informados a personal policial. 

Los peritos forenses que examinar el cuerpo de la niña aseguraron que presentaba un cuadro avanzado de deshidratación y desnutrición severa. Al momento de su muerte, la beba pesaba solo seis kilos.

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