Juan Rodó: "Un artista siempre fantasea con desarrollar parte de la carrera en el exterior"
EXCLUSIVO. Debutó como cantante de ópera, en 1988, en la obra “Rigoletto” y desde entonces nunca dejó de trabajar, protagonizando los musicales más importantes del país.
@Rfilighera
Los cantantes líricos, históricamente, han tenido y ostentan una particular preponderancia en la identidad (y desarrollo) de la historia del espectáculo internacional. En consecuencia, esa identidad transitada como tenores o barítonos los ha hecho acreedores al gusto de auditorios populares más allá que los integrantes de esos sectores sean o no melómanos. Siempre imperó, en definitiva, en el gusto de la gente la fuerza arrolladora del espíritu, la poética, el sentimiento y la calidad musical. Destacados protagonistas de la jerarquía de Enrico Caruso, Tito Schipa, Mario Lanza y más hacia acá Alfredo Kraus, José Carreras, Plácido Domingo y el gran Luciano Pavarotti han puesto su impronta creativa en sus respectivos estilos y modalidades.
En nuestro terruño, de pura cepa criolla contamos con una figura de los kilates de Juan Rodó, intérprete en nuestros escenarios de grandes comedias musicales, entre ellas la super emblemática “Drácula”, cuya vigencia se ha trasladado a través del tiempo y la distancia. Precisamente, Rodó en charla íntima con Crónica repasó su vida y trayectoria en una suerte de camino en el que se dan de la mano la propia existencia y el arte.
-¿Qué postales musicales se te presentan de tu infancia?
-He transitado momentos de mi infancia en varios de mis shows, sobre todo, en canciones que escuchaba mi madre. Y recuerdo, a modo de traerlas a colación”, la canción “Se equivocó la paloma” que tenía presencia de manera permanente por medio del cantante Sergio Endrigo en un viejo elepé. Me acuerdo de “Guantanamera” que cantaba mi papá, de los discos de Julio Iglesias y de Alberto Cortez. Era la música que se escuchaba en el interior de mi casa y esos intérpretes, de alguna manera, entraron en las definiciones de mi gusto personal. Marcaron mi época de infancia y luego de adolescencia en mi paso por los barrios de Flores y Palermo.
-¿Con qué instrumentos te conectaste en primera instancia?
-En primer término fue la guitarra y después se instaló el piano. Y fue mi mamá la que me incentivo con su intuición a volcarme a los instrumentos citados.
-¿Cual fue el primer escenario que pisaste y con que obra?
-El primer trabajo profesional se dio cita en el teatro Dardo Rocha que hoy en día no existe. Era una sala alternativa al Teatro Argentino de La Plata. Fue mi debut como cantante de ópera, en 1988, en la obra “Rigoletto”.
-¿El teatro Colón fue, luego, el principal refugio de tus aspiraciones artísticas?
-No tengo dudas que el Colón ha sido una gloria para mi ya que mi entrada fue en calidad de cantante solista por audición directa sin haber estudiado la carrera de cantante por allí. Todos mis estudios, en este sentido, los hice en carácter privado y, reitero, mi ingreso ha sido como intérprete contratado desde el 94 hasta el 98. Y la experiencia fue ampliamente movilizadora, no solamente desde lo personal profesional, sino, además, por haber participado en espectáculos con ilustres intérpretes internacionales. Se trató de un enorme aprendizaje que me proveyó de conocimientos en la actividad.
“No tengo dudas que el Colón ha sido una gloria para mi ya que mi entrada fue en calidad de cantante solista por audición directa sin haber estudiado la carrera de cantante.”
-¿”Drácula” fue un antes y un después en tu trayectoria?
-Yo diría que “Drácula” fue el símbolo de mi carrera como cantante musical desde 1991 hasta la actualidad. Es una propuesta que me cambió la vida y me convirtió en esto que soy ahora: un actor y cantante de teatro musical. Y me dio, por otra parte, la experiencia de haber evolucionado como artista y de cosechar el cariño y la aprobación del público. Además y esto ha sido fundamental: el apoyo y la confianza que siempre me brindó Pepe Cibrián.
-¿La despedida de “Drácula” es definitiva o podría darse otro posible reencuentro?
-La decisión de la despedida le pertenece a sus autores, no obstante, cada vez que la obra se haga y yo sea convocado, allí, seguramente voy a estar.
-¿ En algún momento pensaste en continuar tu trayectoria en el exterior?
-Siempre un artista fantasea con desarrollar parte de la carrera en el exterior y, en este sentido, he tenido la posibilidad de cantar zarzuelas en la ópera de Whashington. También con “Drácula” llevamos a cabo giras por el exterior. Sin embargo, esa idealización tiene menos poder hoy debido a que lo importante para mi es lo que uno pueda hacer con el arte en su propio país. Insisto, lo que importa es realizar la misión artística por la que uno fue elegido y yo siento que ese don que Dios me dio se debe mostrar en el lugar que la vida me considere e indique.
-¿Qué cantantes históricos del tango te atraen?
-No soy especialista en la materia pero te puedo citar a Raúl Lavié que se encuentra en plena trayectoria. Entiendo que representa la delicada combinación de un gran intérprete y una gran voz. Expone esa impostación de barítono de la cual comulgo, ese registro de porte que es fundamental.
“Raúl Lavié representa la delicada combinación de un gran intérprete y una gran voz.”
-¿Qué tipo de máximas le transmitís a tus alumnos en un sector musical tan competitivo y exigente como es la lírica?
-Mi vocación fundamental, paralela a la artística, es la docencia y yo siento que en ella soy algo importante porque enseño desde la experiencia y también desde mis falencias. La vocación es un don gigantesco. La orientación para llevar adelante una carrera es ser disciplinado y en esa disciplina es necesario estructurarse como ser humano para la tarea tan importante que es, precisamente, llegar al grado máximo que uno pueda.



