Paulo Dybala y el cambio radical por amor a Oriana Sabatini: "Me dijo que no nos íbamos a casar..."
A semanas de ser papá, el cordobés reveló qué dejó atrás para llegar al altar con la cantante. Acá, todos los secretos de la pareja.
A tres semanas del nacimiento de su hija, Oriana Sabatini y Paulo Dybala manejan la ansiedad como pueden, o como los dejan. Mientras Oriana habla con total sinceridad sobre cómo vive la recta final de su embarazo, con fecha de parto confirmada para el 11 de marzo, y, por el trabajo de su marido, Oriana reveló que tomaron la decisión de que la beba nazca allí (aunque los rumores del regreso del futbolista a la Argentina para jugar en Boca son fuertes). Entre los secretos de la pareja, ahora se conoció el hábito que Paulo Dybala tuvo que dejar de lado para casarse con Oriana Sabatini.
Fue en una conversación relajada, donde Paulo Dybala soltó la frase que hoy da que hablar. El delantero de la Roma se juntó a charlar con el ex rugbier Agustín Creevy, y entre risas, el tema derivó en algo tan cotidiano como las manos. Creevy, sin vueltas, le preguntó: "¿Cómo estás de manos vos?". Y ahí, La Joya abrió el juego: "No, normal", arrancó, pero enseguida tiró la bomba. "Yo me comía las uñas a morir", confesó, dejando claro que durante años fue algo que no podía controlar.
La cosa no quedó ahí. Porque si bien muchos lo ven como un simple manía, para Oriana Sabatini el tema era más importante de lo que parecía. Tanto, que el futbolista reveló que recibió una advertencia directa que le cambió el chip. "Un día me dijeron: ‘Si vos te seguís comiendo las uñas, así no nos podemos casar'", contó Dybala. Lejos de enojarse o tomarlo a la ligera, el cordobés entendió el mensaje y decidió hacer un clic. "Esto lo hice por mi mujer", afirmó con orgullo, dejando en claro que para él, la familia está primero.
Según explicó el propio Paulo, el momento clave llegó el día que le propuso matrimonio a Oriana. Ahí, en ese instante tan especial, algo hizo ruido en su cabeza. "El día que le propuse casamiento, dentro mío dije: ‘Es verdad, no puedo llegar con las uñas así'", recordó. Y enseguida agregó, con su típica sencillez: "Las fotos, viste". El delantero reconoció que era "un desastre" con ese hábito, y que no fue nada fácil dejarlo, pero el amor pudo más.
En la charla, Creevy, que también sufre el mismo problema, quiso saber si Dybala había usado algún truco externo, como esos esmaltes de sabor amargo que venden en las farmacias. "¿Te pusiste algo para pintarte?", preguntó el ex rugbier. La respuesta del futbolista fue tajante y hasta motivadora: "Nunca más, nada. Mental". Y cerró con una autocrítica: "Yo me comía las uñas todos los días. Era horrible". Para él, el cambio fue ciento por ciento voluntario, sin ayudas externas.
El diálogo también sirvió para entender en qué situaciones aparecía más la ansiedad que lo llevaba a morderse las uñas. Dybala contó que los partidos de fútbol, sobre todo cuando los mira por televisión, eran su peor momento. "A mí me pasaba mucho en los partidos. De ver partidos por la tele y ponerme nervioso", detalló. Creevy, en sintonía, le confesó que él también está intentando dejar el hábito. "Es feo ver a la persona así. Yo estoy intentando cambiarlo también", le dijo.


