Una señora reconocible en nuestros corazones

CRÍTICA DE TEATRO  Virginia Lago nos vuelve a deleitar en "La panadera de los poetas", con ese acento y decir de la Madre Patria que nos envuelve en ese velo tan especial de emoción, sensibilidad y encanto. Calificación: Excelente.

Una señora reconocible en nuestros corazones
Caracteriza a Doña María Candelaria Seoane.

Por @Rfilighera

Regresó Virginia Lago al teatro con la expectativa propia y el brillo que es dable esperar de una intérprete de sus quilates. En esta oportunidad, lo hace a través de un texto de su amiga y socia artística María de las Mercedes Hernando, "La panadera de los poetas", con la dirección general de Mariana Gióvine (hija de Virginia y Héctor Gióvine).

El elenco se completa con los aportes de Jorge Seleme en la piel de Federico García Lorca y Francisco González Gil como Miguel Hernández. La historia se ubica en el seno de una panadería atendida por un personaje muy especial, extremadamente movilizador. Ella es doña María Candelaria Seoane, en la España de los años ’30, pleno conflicto de la Guerra Civil.

El lugar interior deja entrever que el exterior lo forma un pequeño pueblo de montañas. La inmensidad del horizonte hace juego con las ilusiones y las tristezas de la gente. Todo es trabajo y esfuerzo en aras de un porvenir de limitaciones y devenir histórico marcado por amores furtivos y tragedias. En cada extremo de la mesa donde amasa el elemento básico de su subsistencia: el pan, María Candelaria cuenta con las visitas de dos amigos entrañables.

Una señora reconocible en nuestros corazones

Por un lado, el poeta de Granada (Federico), ya reconocido en el mundillo de las letras, y por otro lado, el otro hombre, tratando de hacerse un espacio en el universo literario: Miguel, la voz del hambre, la pobreza y las convicciones. Justamente, Miguel, en uno de esos encuentros en la panadería, le entregará a Federico, en mano propia, un manuscrito de aquel librito iniciador en su trayectoria, potente, clásico y dotado de un embeleso superior: “Perito en lunas”.

Los diálogos que aquella particular mujer mantendrá con estas jóvenes y creativas plumas serán, sin lugar a dudas, de una belleza acogedora.

Historia de sacrificio

El motor principal de esos diálogos será, en definitiva, la vida misma. Habrá que tener en cuenta que Doña María no es una mujer que haya tenido la suerte de acceder a la educación y la cultura. Las de su generación estaban adscriptas únicamente al esfuerzo cotidiano y al permanente sacrificio. Y ella será la que instará a Federico a darle una mano a Miguel, a poder instalarlo en aquellos cenáculos de literatura que le permitan definirlo con proyección nacional.

Una señora reconocible en nuestros corazones

Precisamente, esa María Candelaria es el símbolo de toda una pléyade de mujeres (madres y abuelas) que se radicaron en nuestras playas y que graficaron toda una etapa histórica del país de inmigrantes que encontraron aquí la proyección de vida y familia que no tuvieron en sus propios terruños. Por todo esto es que ese personaje está tan arraigado en nuestra memoria y sentimientos profundos.

Virginia Lago nos vuelve a deleitar, con ese acento y decir de la Madre Patria que nos envuelve en ese velo tan especial de emoción, sensibilidad y encanto. También, muy emotivas son las composiciones de los promisorios intérpretes Jorge Seleme y Francisco González Gil. El aporte en vivo del músico Marcelo Oscar Álvarez le da toque de clima especial de una historia devenida en sonrisas, pesares y llantos.

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