¿SABÍAS ESTO?

El poder oculto de la música: cómo transforma tu cerebro y tus emociones

Una especialista revela por qué las melodías no solo nos emocionan, sino que también potencian la memoria, la concentración y la identidad. Te contamos todos los detalles.

¿Alguna vez te preguntaste por qué una canción puede devolverte a un recuerdo con solo sonar unos segundos? O cómo ciertas melodías te ayudan a estudiar mejor o concentrarte en el trabajo. La ciencia tiene respuestas: la música no solo emociona, también transforma. La neuropsicóloga Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología en Adultos de Fleni y doctora en Psicología con orientación en Neurociencia Cognitiva Aplicada, reveló cómo el cerebro procesa la música y por qué sus efectos van mucho más allá del entretenimiento.

 

Un estímulo que enciende múltiples áreas del cerebro

Según Crivelli, cuando escuchamos música —incluso sin prestar atención plena— se activan muchas zonas cerebrales al mismo tiempo. Esta sinfonía neuronal explica por qué las melodías pueden mejorar el rendimiento intelectual, fortalecer la concentración y estimular la memoria.

Emociones y memoria en perfecta armonía

La especialista remarcó el rol clave del sistema límbico, ya que la música impacta no solo en la corteza auditiva, sino también en estructuras vinculadas a las emociones, como la amígdala y la corteza prefrontal. Además, detalló que se genera una comunicación fluida entre los hemisferios derecho e izquierdo gracias a la activación del cuerpo calloso, una red de fibras que los conecta.

Escuchar con atención… o simplemente dejarse llevar

No hace falta sentarse a escuchar música para beneficiarse: también influye la llamada escucha contextual, cuando asociamos una canción a un momento determinado. Esa conexión emocional potencia el recuerdo y convierte a la música en una herramienta para consolidar la memoria.

Lo-fi: el género ideal para estudiar y enfocarse

Crivelli destacó los efectos positivos del lo-fi, un estilo instrumental con baja fidelidad y ritmo pausado, que favorece la concentración sin distraer al cerebro. Con tempos entre 60 y 70 pulsaciones por minuto, este género logra estimular la atención sin interferir en el procesamiento del lenguaje.

Nuestra identidad sonora se construye en la juventud

La música que escuchamos entre los 14 y los 29 años moldea nuestros gustos y se convierte en parte central de nuestra identidad. Crivelli citó estudios que demuestran cómo las canciones de esa etapa dejan una huella imborrable. También destacó la importancia de las influencias familiares: los gustos musicales de nuestros padres marcan nuestras preferencias tanto como las canciones de nuestra adolescencia.

Una aliada para vivir y recordar mejor

La música, lejos de ser solo un fondo sonoro o una compañía emocional, se consolida como una herramienta poderosa para el desarrollo cognitivo y la construcción de identidad. Ya sea al ritmo del lo-fi mientras estudiamos o con los clásicos heredados de nuestra infancia, las melodías dejan huellas profundas en nuestro cerebro. Comprender cómo funciona este fenómeno no solo amplía nuestra mirada sobre la música, sino que también nos permite usarla de manera más consciente para potenciar la memoria, la atención y las emociones.

 

 

Esta nota habla de: