Los jóvenes se endeudan cada vez más para ir a recitales: "Se valora más el presente que la planificación"
En plena crisis, priorizan la emoción de estar en un show en vivo antes que cualquier otro gasto. Los detalles, en la nota.
En tiempos de inflación descontrolada, devaluación y salarios que no alcanzan, muchos jóvenes argentinos igual eligen gastar –o incluso endeudarse– para vivir la adrenalina de un recital. Lo que para algunos parece un lujo, para otros es una necesidad emocional imposible de resignar.
“Lo pago, aunque no pueda”, se repite en charlas entre amigos, en redes y en largas filas frente a estadios. El fenómeno trasciende lo económico y habla de una generación que prefiere vivir el presente antes que proyectar a largo plazo.
El precio de la experiencia frente a la crisis
Más del 90% de los hogares argentinos tiene alguna deuda, y el salario pierde terreno mes a mes contra la inflación. Sin embargo, 4 de cada 10 personas admiten haber sacado crédito, usado cuotas o pedido plata prestada para ir a un show, según un informe de Naranja X.
El boom de recitales y festivales no se detiene: desde internacionales como Bad Bunny, Katy Perry u Oasis hasta propuestas locales como el Cosquín Rock o el Lollapalooza. Y allí, entre la multitud, muchos jóvenes priorizan una entrada de $80.000 o $150.000 por sobre un par de vacaciones o una compra grande.
Patricio, de 33 años, lo resume con claridad: “La música en vivo es un plan que priorizo por sobre todo. En los últimos cinco años solo me fui de vacaciones una vez. Prefiero usar la plata y los días para viajar a un festival”.
Estrategias para no quedarse afuera: cuotas, tarjetas y préstamosEl ingenio financiero se pone a prueba. Tarjetas de crédito, cuotas sin interés, préstamos familiares o compras grupales se volvieron moneda corriente.
Ornella, periodista de 34 años, confiesa: “Ya me había perdido el Cosquín anterior y no quería perderme otro, así que pedí prestado a mi familia para poder ir”.
Micaela, médica de la misma edad, cuenta algo parecido: “Una vez que compré la entrada no me arrepiento. A veces son caras, pero vale la pena”.
El deseo supera la lógica financiera. Patricio admite que la ansiedad empieza, apenas circula el rumor de que una banda que le gusta viene: “Sé que voy a terminar comprando igual”.
La “billetera psíquica” y el valor de estar ahíMás allá de los números, la psicóloga Eliana Franke explica el trasfondo emocional: “La gratificación que brinda un recital muchas veces compensa el impacto financiero. Quizás no tengas el dinero o eso te deje en rojo, pero sube tu billetera psíquica: te sentís bien, compartís con amigos, sumás recuerdos. Eso pesa más que el contexto de crisis”.
En otras palabras, el saldo emocional queda en positivo aunque la cuenta bancaria diga lo contrario.
Una generación marcada por el FOMO y el presenteEl miedo a quedar afuera también juega fuerte. Franke lo describe así: “La mente funciona mucho con el sesgo de aversión a la pérdida. Es más fuerte el miedo a perderse algo que la idea de guardar plata para fin de mes”.
A eso se suma un cambio generacional. “Hoy se valora más el presente que la planificación. Antes se pensaba en ahorrar para un futuro; ahora, si lo otro –como la casa o el auto– aparece como inalcanzable, se busca disfrutar lo que sí es posible hoy”, reflexiona la psicóloga.
La música como refugio en medio de la tormentaLa lógica indica que en tiempos de crisis la gente debería ajustarse. Sin embargo, los recitales se convirtieron en una especie de refugio emocional colectivo. Allí, aun con la tarjeta al límite, miles encuentran un escape, una dosis de felicidad y una bocanada de aire.
Lo que antes era un lujo, hoy se vive como un salvavidas. Porque, para esta generación, el recuerdo de un show inolvidable vale más que cualquier plan financiero de largo plazo.




