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Ni Cacheuta ni Luján de Cuyo: el pueblito de montaña que enamora con sus paisajes y del que nadie se quiere ir

Con vistas imponentes, viñedos, aire puro y una tranquilidad que se siente en el alma, este rincón cordillerano se volvió refugio de viajeros experimentados, familias con niños y amantes del buen vino.

Cuando se piensa en Cuyo, lo primero que suele venir a la mente es el vino y la imponente silueta de la Cordillera de los Andes. Sin embargo, esta región guarda mucho más que viñedos y picos nevados: esconde paisajes inesperados, rincones poco explorados y postales naturales que sorprenden a todos

En los últimos años, Mendoza consolidó su lugar como uno de los destinos más buscados del país. Con una infraestructura en constante crecimiento, propuestas enogastronómicas de primer nivel y una oferta cultural cada vez más diversa, logró atraer no solo a turistas nacionales, sino también a viajeros internacionales. En ese proceso, muchos pequeños pueblos comenzaron a animarse a abrir sus puertas.

A pocos kilómetros de la ciudad capital, un paraje de montaña se ganó el corazón de quienes buscan naturaleza en estado puro, silencio y paisajes de película. De hecho, sigue siendo un “secreto” bien guardado, aunque poco a poco se gana el título de uno de los destinos más encantadores y menos transitados de la región.

El pueblito de montaña que enamora con sus paisajes y del que nadie se quiere ir

Ubicado en el corazón del Valle de Uco, en el departamento de Tunuyán, Los Chacayes es uno de esos destinos que no suelen aparecer en los rankings turísticos más populares, pero que quienes lo visitan no dudan en recomendar.

A tan solo 90 kilómetros de la ciudad de Mendoza, este pequeño paraje de montaña sorprende por su belleza intacta, sus paisajes imponentes y su atmósfera serena, perfecta para desconectar del ritmo urbano sin perder el confort.

Los Chacayes: un destino
Los Chacayes: un destino "secreto" donde no hay lugar para el estrés. 

Llegar hasta allí es simple, pero requiere estar atento al camino. Desde la capital provincia, se accede tomando la Ruta Nacional 40 hacia el sur hasta Tunuyán (unos 80 km), y desde allí se toma la Ruta Provincial 94 en dirección a Vista Flores. A medida que se avanza hacia la precordillera, el paisaje se transforma en viñedos y cerros, y comienza el tramo más pintoresco del recorrido. 

El acceso a Los Chacayes está bien señalizado y, aunque hay sectores de ripio, el camino es transitable durante todo el año, incluso en vehículo particular. También es posible contratar excursiones o traslados privados desde la capital provincial o desde bodegas cercanas que incluyen el destino en sus circuitos.

El entorno natural es uno de sus mayores atractivos: álamos, viñedos que se funden con la cordillera, arroyos de deshielo, cielos limpios y un silencio que invita a quedarse más tiempo del previsto. Es un lugar donde la naturaleza marca el ritmo, ideal para caminatas tranquilas, recorridos en bicicleta o simplemente para contemplar el paisaje con una copa de vino en la mano.

Otro de los encantos de Los Chacayes es su identidad aún rural, auténtica y hospitalaria. A pesar del crecimiento turístico, conserva la calidez de un pueblo chico, con familias que viven del trabajo agrícola, productores locales que abren sus puertas y un estilo de vida calmo, donde el tiempo parece transcurrir a otra velocidad. 

Ya sea para una escapada corta, una estadía de descanso o una experiencia sensorial entre viñas y montaña, este rincón mendocino se consolida como uno de los secretos mejor guardados del turismo argentino. Quizás, puede transformarse en uno de los más mágicos también.

Los Chacayes: una opción
Los Chacayes: una opción "desconocida" de Mendoza.  

Justamente, los viñedos son otro de sus grandes protagonistas. Los Chacayes forma parte del Camino del Vino mendocino, pero además tiene un detalle que lo distingue: posee una Indicación Geográfica (IG) propia, reconocimiento que lo posiciona entre los terroirs más importantes de la región. 

Sus suelos pedregosos, su altitud (más de 1.000 metros sobre el nivel del mar) y su clima seco favorecen el cultivo de uvas de calidad excepcional, en especial Malbecs y blancos aromáticos muy valorados por enólogos y sommeliers.

A lo largo de sus caminos, se encuentran bodegas boutique y proyectos vitivinícolas de autor, muchos con propuestas gastronómicas de primer nivel y alojamientos integrados al paisaje. Experiencias de degustación personalizadas, almuerzos entre viñas, visitas guiadas por pequeños productores y hasta retiros de yoga o bienestar completan una oferta cada vez más buscada por un turismo de calidad, que prioriza la experiencia sobre el volumen.

Un espacio para comer rico y tomar vino. 
Un espacio para comer rico y tomar vino. 
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