NOTA DE OPINIÓN

Gustavo Costas, el gran "culpable" del momento de Racing

Clasificado a cuartos de final de la Copa Libertadores y de la Copa Argentina aunque penúltimo en su zona del Clausura, Racing atraviesa un momento impensado y Gustavo Costas es su máximo responsable. 

Gustavo Adolfo Costas es Racing y es el gran hacedor de haber puesto a la locomotora racinguista sobre las vías del éxito. Gracias a su figura, la Academia se puso beso a beso con la Copa Sudamericana 2024 y se hizo gigante en el mano a mano ante Botafogo por la Recopa continental. Afirmado todo esto, la pregunta que invita al análisis es sencilla: ¿el hacedor de tantas proezas a nivel internacional es acaso el culpable de haber tocado fondo en el certamen doméstico y uno de los responsables de todo lo bueno y malo que le pasa a la Academia?

Consumada la durísima derrota ante Argentinos Juniors, el conjunto Albiceleste marcha anteúltimo en el Grupo A del Torneo Clausura y con la caída en La Paternal ha comprometido aún más su ubicación en la tabla general, una de las llaves para la clasificación a los torneos internacionales del año venidero. A la espera de lo que suceda con el cruce del lunes entre Estudiantes y Aldosivi (marcha último, a una sola unidad de Racing), lo hecho por los dirigidos de Gustavo en la Copa de la Liga es pobrísimo hasta acá. Con un plantel riquísimo y con enorme potencial en sus individualidades, el mayor causante de esta debacle futbolística criolla es, sin dudas, Costas. Pero no por la responsabilidad que denota su cargo, sino por el gran cúmulo de fallas en sus decisiones.  

 

Este Racing ya no es aquel del glorioso año anterior. Sin el talento de Juan Fernando Quintero y Roger Martínez y sin el enorme laburo que hacía el Mencho Salas, Costas no le encuentra la vuelta al equipo y queda escrachado fecha tras fecha, con una ciclotimia que asusta. 

Costas tiene el gen Racing incorporadísimo y así como el fútbol argentino le ha destacado que es el gran motor para generar el envíon anímico necesario y que sus representativos sean infalibes fronteras afuera, en el plano local nunca ha dado la talla (incluso trastabilló en el laureado 2024, cuando perdió partidos increíbles y quedó fuera del torneo local como local con el, a la postre, Platense campeón). A tal punto que es notorio como desperdicia oportunidades continuas de ir por la consagración eterna con un grupo que tiene una enorme riqueza individual,  sin dudas en el podio del fútbol argentino.

 

Con seis jornadas jugadas hasta el momento en el Clausura, los números de la Academia son muy malos: cuatro caídas -tres en fila como local-, un empate ante Boca con un primer tiempo digno, y una buena victoria ante Belgrano en Córdoba. Pero sus flojas actuaciones y estos números tan pobres también llaman la atención en un rubro en el que los elencos de Costas nunca han fallado: la diferencia de gol (-5). Este número negativo no hace más que dejar al desnudo a un equipo que ha perdido su Norte y su enorme capacidad para romper redes ajenas. 

Instalado en los cuartos de final de la presente edición de la Copa Libertadores, luego de haber superado en una enorme batalla a Peñarol, y a la espera de un rival para la misma instancia de Copa Argentina (saldrá del cruce entre Unión y River), en el torneo de cada fin de semana, casi nunca se ha mostrado a la altura. Pese a que sale airoso cuando llegan los clásicos, Racing es una máquina de desaprovechar encuentros con rivales de menor fuste. Y más allá del buen juego del Bicho, el enorme baile que se comió la Academia en Paternal tiene un singular responsable y ese es Costas, quien nunca leyó qué tipo de partido debían jugar sus dirigidos en el reducto de Boyacá y Juan Agustín García. 

 

Con un cúmulo de enormes deficiencias en la defensa, Costas cambia intérpretes partido tras partido pero nunca logra consolidarse en ese sector del campo de juego, justamente uno de los grandes bastiones de la pasada temporada. Sin seguridad en las manos de su capitán y emblema Gabriel Arias y con un reemplazante improvisado del hoy lesionado Gabriel Rojas -Santiago Quiros, su sustituto natural, no juega desde hace mucho tiempo-, el DT improvisó a Facundo Mura como lateral por la izquierda, que ante la adversidad del tanteador salió de la cancha y en ese sitió concluyó el delantero Tomás Conechny. Sí, como lo lee. Al mismo tiempo, el orientador táctico le devolvió la titularidad al central Marco Di Césare, quien no se mostró seguro y encima quedó retratado en el tercer gol del Bicho (aquel disparo de Matías Giménez) por su obstinación en salir jugando desde el fondo, algo que al exBicho lo ha dejado en evidencia en más de una ocasión durante su etapa en la Academia. Es decir, con poquitos cambios de nombres (los recién llegados Marcos Rojo y Pardo), la defensa no se parece en nada a aquella impermeable del exitoso 2024.  

Instalados en el mediocampo, Gustavo no logra identificar todavía el acompañante ideal para Juan Ignacio Nardoni, de muy mal partido ante Argentinos. Este domingo fue Bruno Zuculini pero también han jugado allí y con poca suerte Agustín Almendra, el uruguayo Martín Barrios (el del polémico foul que derivó en el gol del empate de Boca en el clásico), el paraguayo Richard Sánchez y hasta Toto Fernández tuvo algunos minutos. Por ejemplo, el mediocampista ofensivo recién ingresó ante Paternal cuando el local ya había tomado seria ventaja en el marcador pero, en otra muestra de desconcierto de Costas, hay que resaltar que el ex San Telmo no jugaba desde aquella primera fecha como local ante Barracas, cuando lo había tirado a la cancha con la atadura de no poder despegarse del círculo central (aunque su mejor característica es su juego), lobus que originó una discusión a la distancia con el DT. En ese lugar neurálgico del juego, nada le funciona a este Costas versión 2025. Con Luciano Vietto y sus primeros palotes después de una larga lesión y con Matias Zaracho instaladísimo hace tiempo en la enfermería, el equipo padece la falta de pausa y panorama para detener tanto vértigo, muchas veces sin sentido. 

Adelante, la ausencia de gol de Maravilla Martínez deja al descubierto el mal momento del equipo, más allá de sus salvadores gritos sudamericanos de esta semana ante el Carbonero. Para ese cruce tan particular, el entrenador Albiceleste habia encontrado en Rocky Balboa a un asistente ideal para liberar al artillero de su locura futbolera por no tener situaciones reales como otrora, pero esa fórmula no funcionó en el Cajón de Boyacá. Racing necesitaba del freno y el juego que le podía haber dado el colombiano Vergara, no de un atacante que tiene en el cuerpo a cuerpo y en el roce a su mayor virtud, y eso Costas no lo supo ver, ni siquiera ante la temprana lesión del extremo Santiago Solari, que lo obligó a repensar el cotejo. 

 

A este Racing le falta trabajo colectivo, variantes en sus planteos y en sus dibujos tácticos, con un trillado y falible sistema de tres centrales y tres delanteros, con dos mediocampistas y laterales volantes a los costados. Racing está quemado en el fútbol argentino y los entrenadores rivales estudian y desnundan sus grandes falencias. La Academia juega los partidos como un caballo desbocado y no se preocupa jamás en la elaboración. Por caso, en el Diego Armando Maradona salió al golpe por golpe ante un trabajado equipo de Nico Diez, algo que ningún rival doméstico había hecho hasta el momento en ese complejo estadio, y así fue como la pasó horrible, sobre todo en el segundo tiempo. 

Racing es ciclotímico y avanza en sus objetivos merced a arrestos individuales y corajeadas (como la copera del martes ante el Manya), pero no tiene seguridad en sus defensores (ha sufrido muchos goles en contra por no achicar para adelante en los rebotes y también en los envíos cruzados a espaldas de sus centrales), carece de inventiva en el mediocampo y hasta perdió la valentía para ganar la famosa segunda pelota que lo destacó el año anterior. Además, sus atacantes se sienten cómodos en el vértigo y la arremetida, pero no descubren sociedades para el juego. Aparte de todas estas cuestiones puntuales, Costas demora y erra muchas veces con los cambios. El ejemplo más descriptivo es que el hombre de las medallitas es un ferviente creyente de que acumular delanteros ante la adversidad, lo salvará del oprobio, por los que queda escrachado. 

Gustavo tiene una enorme valía para los hinchas de Racing y es, sin dudas, uno de los máximos ídolos de su historia, Pero hay una sola condición que lo emparenta a todos: Costas es todo lo que está bien para los Académicos, pero también es humano. 

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