River juega mal, sus delanteros no convierten goles y Maxi Salas es suplente de los suplentes: de aquel glorioso paso por Racing a este pobrísimo presente
River carece de identidad, sus delanteros no convierten goles desde octubre del año pasado y ante Vélez, el Muñeco Gallardo hizo los cinco cambios pero Maxi Salas solo firmó la planilla. ¿Las consecuencias de haber tomado malas decisiones?
Cuando Maximiliano Salas se encontraba de pretemporada con un Racing ultra ganador en Paraguay y luego de haberle prometido al entrenador Gustavo Costas que iba a renovar su contrato con la Academia, el Gordo, quizá tomó una de las peores decisiones de su carrera futbolística.
Pisoteó su hipotecada palabra con el DT que le había podido impregnar peso a su nombre en el fútbol argentino, burló al presidente Diego Milito y, seducido por las lindas promesas de buenos augurios del Muñeco Gallardo y unos cuantos dólares demás, se mudó rápidamente para Núñez y se convirtió en futbolista de River, con una novela larguísima y una guerra de declaraciones mediante.
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Se puso la camiseta de la Banda con el dorsal "7", debutó con un gol ante Platense y lo festejó con un guiño muy riverplatense para la tribuna (imitó el festejo del Matador Salas). Luego también celebró ante sus mismísimos ex compañeros y los eliminó en el duelo de la Copa Argentina 2025, en un revoltoso partido que al árbitro Hernán Mastrángelo se le fue de las manos en el Gigante de Arroyito. Después, no mucho más.
Hoy, ese Maxi Salas contundente, furibundo, potente, goleador, socio ideal del artillero Maravilla Martínez en aquel Racing continental versión 2024, es un futbolista soso. Suplente de los suplentes del Millonario, incluso del pibe Joaquín Freitas, que con un puñadito de minutos en la pesada primera división de River, fue el primer cambio del Muñeco Gallardo cuando su equipo era pasado por arriba por Vélez y Juan Fernando Quintero (otro exjugador Albiceleste que le jugó una mala pasada a la institución de Avellaneda) dejaba la cancha lesionado en el cruce con el Fortín.
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El Gordo parece haberse contagiado de aquella versión lejana de su carrera en un casi ignoto club del raquítico fútbol chileno o, incluso, en el Ascenso de nuestro país. Nada que ver con aquella figura imponente en Racing.
Prueba de ello, el Muñeco hizo cinco cambios en el José Amalfitani y ni siquiero pensó en el muchacho de los doce palos verdes, el que tanto le había costado 'robárselo' al elenco de Avellaneda. Y eso que en los siete encuentros que se llevan jugados en esta temporada 2026, los goles de River no provienen de sus escuálidos delanteros. Ah, y con un detalle: el último grito de un atacante riverplatense fue el 5 de octubre del año pasado y el autor había sido el colombiano Miguel Borja (derrota 2 a 1 con Central), marginado en el verano por el ahora contrariado dueño de la pelota de la Banda.
De aquel Salas que parecía un guerrero, capaz de imponerse por su vigor y su enorme sacrificio cuando enamoraba a los fanáticos racinguistas, a este jugador que solo calienta una butaca de un costoso banco de suplentes.
Luego de dar un par de pasos hacia adelante promediando el semestre anterior (con gol a Palmeiras en el Allianz Parque), el Mencho se mimetizó con la crisis futbolística de los dirigidos por Gallardo y es una arista para la revisión. Perdió titularidad, jugó solo 224 minutos en siete presentaciones en el año, no hizo goles, no asistió a ningún compañero, fue titular solamente en la goleada en contra ante Tigre y en la presentación ante Ciudad de Bolivar, pero lo más preocupante es que es solo una sombra de aquel que deslumbró, estaba en todos los titulares de los portales, se ganaba los aplausos y las grandes ovaciones, pero, tal vez, tomó la mala decisión de romper todo y fallar... En el arco de los rivales, claro.




