Juan Palomino: "El cine tuvo muchísimo que ver en mi infancia"
RECUERDOS QUE NO VOY A BORRAR. "Podría decir que eso de imaginar mundos paralelos que tanto me gustaba de niño se reafirmó a partir de que mi padre me mandó a la escuela de teatro", declara el actor a DiarioShow.com.
"El cine tuvo muchísimo que ver en mi infancia, ya que me permitió desde muy chico crear mi versión paralela de la vida. Ser actor está asociado a mi niñez en Cuzco. El cine, las historietas y luego algunos cuentos de Edgar Alan Poe me permitieron construir una identidad desde el universo de lo fantástico que después me llevó a tomar la decisión de ser actor. La infancia es la patria y en esa patria infante a partir del juego está la esencia del artista que soy ahora", cuenta a DiarioShow.com Juan Palomino.
Los primeros días del pequeño Juan se dividen en dos etapas marcadas por las geografías y los entornos. Una efímera inicial en La Plata, donde vivía con sus padres, sus abuelos y sus tías maternas y una caniche negra que le habían regalado para su primer cumpleaños en una casa de 53 y 22, y una segunda y más extensa en la ciudad peruana que fue la cuna del imperio inca, ya con la familia de su padre.
"Cuzco es una ciudad con profundas asimetrías, en un país con profundas asimetrías. Es un lugar que ruge desde el centro de la tierra. Eso te condiciona y te coloca como niño en un plano distinto a la llanura. Está a 3.400 sobre el nivel del mar y crecí bajo esa influencia. Hace poco volví acompañado de mis hijos y pude recorrer las calles de las tres casas en las que viví allá hasta que regresé a Argentina en 1978. Mi infancia y mi adolescencia en Perú tienen que ver con la identidad que tengo, con mis convicciones, con mi mirada del mundo y con lo que entiendo que es el arte y la política", opina.
Luego, el actor que este verano protagonizará el clásico teatral "Otelo" en el Auditorium de Mar del Plata, está filmando en Tucumán la serie que se emitirá el año próximo por Flow "Tafí viejo. Verdor sin tiempo" y acaba de estrenar la película "Reflejado" continúa: "En un principio paramos en lo de mi tía Julia, la hermana de mi padre, con mis primos Efraín y Miguel. Después papá y mamá alquilaron un departamento. Pasé mi infancia con ellos y con el resto de los Palomino, los parientes peruanos. El cine lo conocí de la mano de Julia y de mis primos".
"Me gustaba jugar. Jugaba mucho tiempo solo. Recuerdo también que estaba en el jardín y me había enamorado de Rocío Castañeda, una compañerita a la que quería conquistar con actitudes adultas que no correspondían a esa edad. Mirá el grado de penetración que tienen el cine y los modelos masculinos que yo quería ser James Bond. Un niño quería conquistar a una niña creyendo ser James Bond. Tal es la importancia que tienen determinados modelos que hacen que una criatura ya construya una imagen de la masculinidad y de lo que es ser hombre a partir de la imagen sexista de James Bond, un gran equívoco", considera Palomino.
Y sigue: "Mis elementos de juego tenían que ver con toda la información que el cine me había dado. Mi juguete preferido era un Batimóvil que me habían regalado en 1968. Ese auto me acompañó mucho tiempo, se perdió, después lo vi en la feria de San Telmo y lo pude recuperar, no es el mismo obviamente, pero se ve igual. Es uno de mis tesoros. Me gustan mucho los juguetes y de grande pude ir comprando y coleccionando".
La vuelta a Argentina, más específicamente a Melchor Romero, partido de La Plata, fue también la materialización de esa convicción que lo llevó a elegir su profesión. "Mi padre me mandó a estudiar teatro y decidí ser actor después de salir del servicio militar, tras un paso por la carrera de locución y luego de conseguir trabajo en el hospital neuropsiquiátrico Alejandro Korn, primero como sereno y después como enfermero. Ahí armé un grupo de teatro con los pacientes y para esa época debuté también como actor en el grupo Dimensión 80 que dirigía Miguel Busconi Nicolai con El jardín del infierno, una obra de un autor prohibido en plena dictadura como fue Osvaldo Dragún", expresa.
"Mi identidad teatral tiene que ver con el principio de mi juventud. Atando cabos, podría decir que eso de imaginar mundos paralelos que tanto me gustaba de niño se reafirmó a partir de que mi padre me mandó a la escuela de teatro. A partir de ahí nunca más dejé de actuar y de estudiar. Egresé en 1985, ya con la vuelta de la democracia, y entré por concurso a trabajar en la Comedia de la provincia de Buenos Aires, donde ahora estoy por reestrenar Otelo", cuenta a modo de cierre.
Messi: agradecerle el campeonato. A pesar de no tener una personalidad seductora, nos devolvió la alegria.
Maradona: nos dio otro campeonato. Es la argentinidad al palo, aunque muchos no se reconozcan en esa argentinidad.
Milei: el presidente Milei, peluca Milei, el faraón.
Mirtha: mis respetos hacia ella en estos tiempos que corren porque está a la izquierda de todes, todes, todes.
Mi mamá: es mi madre, es la madre, con todo lo que eso significa. La que me dio el ser y a quien cuido, amo, respeto y, a veces, me hace enojar. Junto a mis hijos y mi compañera, Charo, es mi vida.



