Arturo Puig: "Llegaba hasta mi casa con un caballo, lo ataba en un árbol, tomaba algo y después seguía"
RECUERDOS QUE NO VOY A BORRAR. El reconocido actor habló con DiarioShow.com sobre cómo fue su crianza en un barrio de Belgrano muy distinto al actual y reveló en qué momento definió su profesión. ¡Leé la nota!
A la empedrada y angosta cuadra de avenida del Libertador que separaba a Sucre de La Pampa todavía le faltaban varios años para mirar de cerca a uno de los vértices del ancho y largo túnel que hoy corre por debajo de las vías del Ferrocarril Mitre. Las casas bajas predominaban en donde ahora hay imponentes edificios.
Eran días de chicos jugando a la pelota, a las bolitas o a las figuritas en las veredas y de mujeres que salían con sus sillas y se ponían a conversar entre ellas sobre bueyes perdidos. También, por la cercanía con el Hipódromo de Palermo, de caballerizas que le daban a esa zona del barrio porteño de Belgrano una impronta única.
"Estaba lleno. Tenía una enfrente, otra a la vuelta. Cada tarde sacaban a los caballos a pasear. Era maravilloso verlos pasar. Recorrían dos o tres manzanas caminando, todos con sus coloridas mantas muy bien cuidadas y planchadas", cuenta a DiarioShow.com Arturo Puig, uno de los actores más reconocidos de Argentina a partir de haber formado parte de innumerables éxitos en cine, teatro y televisión a lo largo de las últimas seis décadas.
Gracias a la amistad de su papá con el dueño de uno de esos studs, ese niño que disfrutaba al ver a los equinos pasar, un día pudo aprender a montarlos. "Llegaba hasta mi casa con un caballo, lo ataba en el árbol de la puerta, bajaba, tomaba algo y después seguía derecho hasta la caballeriza. Era una cosa extraordinaria", rememora.
A caballo, justamente, vivió una anécdota que todavía hoy recuerda con una mezcla de orgullo y risa: "Iba al Colegio Casto Munita, que queda en Cuba y Echeverría, es decir, a ocho o nueve cuadras de donde vivía. En esa época andaba con Cholito, que si le tocabas un poco la oreja se paraba en dos patas. Cuando le conté eso a mis amigos en clase, obviamente, no me creyeron, así que volví y lo comenté medio triste en casa. Entonces, mi madre lo hizo ensillar y lo llevó de las riendas por la calle hasta la la escuela. Yo salí, lo vi, subí y lo hice parar en dos patas".
Con esa mamá ama de casa Arturo iba dos veces por semana a ver tres películas en continuado en los cines de avenida Cabildo. "Pobre mujer, generalmente eran de piratas o de cowboys. Creo que ahí nació mi vocación para ser actor porque después se las contaba a mis amiguitos y hacía todos los ruidos onomatopéyicos de los rifles y las espadas. Los chicos me escuchaban fascinados porque siempre se las deformaba e inventaba otras cosas", recuerda quien está cerrando la temporada de la obra "Largo viaje de un día hacia la noche" en el Teatro San Martín y es uno de los protagonistas de "Los justos", filme que forma parte de la cartelera del Gaumont y es uno de los más vistos en Flow.
Ese Puig que tenía como juguetes preferidos a un caballito y a un ómnibus de dos pisos que le habían traído desde Inglaterra, todavía atesora unas motitos de lata a cuerda con las que jugaba cuando era chico. "Tuve una infancia extraordinaria. Uno andaba por la calle tranquilo. No había los peligros que existen ahora. Pasaba horas sentado en el umbral de mi casa viendo pasar a la gente, hasta que de pronto venía un amigo y nos quedábamos charlando o trepando a los árboles. Era un mundo de paz", cierra quien sigue viviendo en Belgrano, su lugar en el mundo.
LAS 5M
Messi: un genio de una habilidad extraordinaria. Fundamentalmente, es un lector de la cancha. Los chicos se han volcado a jugar al fútbol gracias a él. Ha provocado lo que en su momento generó Guillermo Vilas con el tenis.
Maradona: otro genio. Rebelde y contestatario. Más allá de su talento futbolístico, creo que era único.
Milei: por ahora, nuestro presidente.
Mirtha: una leyenda, una mujer que a los noventa y pico de años sigue trabajando con una cabeza impresionante.
Mi mamá: una santa y una mujer adorable. Y no solamente lo digo yo, la gente que la ha conocido me habla de ella como si fuera una deidad.
Por N.K.



