MÚSICA

El Indio Solari y la muerte, una idea, una danza, en canciones y entrevistas: "Que me encuentre vivo..."

El músico le cantó al final desde sus primeras letras, hasta sus últimas entrevistas, en los que el final de su carrera era presagio de muchas cosas. Una reflexión que ahora resuena con más fuerza que nunca.

La muerte de Carlos Solari, el artista más popular de Argentina, provocó una conmoción que excede al universo del rock. En medio de los homenajes y los recuerdos, reaparecen aquellas frases que mejor condensan su manera de entender la vida, el arte y el paso del tiempo. Entre todas, dos que pronunció durante algunas entrevistas, resuenan con especial fuerza. Breves declaración, con Julio Leiva y Mario Pergolini, resultan tan simples como profundas.

El Indio no llegó a esa frase por casualidad. Abordó el tema de la muerte de manera recurrente en toda su carrera, tratándola no solo como un final inevitable, sino como una compañera de ruta, una reflexión sobre la vejez o una metáfora de la transformación. Sus letras exploraron este concepto tanto en su etapa solista como en su legendario paso por Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Para él, la muerte nunca fue un tabú, sino una musa con la que se podía dialogar.

En su discografía abundan las canciones dedicadas a ese encuentro final. "La Muerte y Yo", incluida en su álbum solista "El Tesoro de los Inocentes", es quizás la más explícita y directa sobre el tema. Allí habla de la muerte de forma casi surrealista y cotidiana a la vez, con frases que reflexionan sobre el paso del tiempo y la vejez. También "El Ruiseñor, el Amor y la Muerte", canción principal de su disco homónimo de 2018, funciona como una profunda alegoría sobre la melancolía y el fin de un ciclo.

En los años de Los Redondos también dejó huellas de esa obsesión poética. "Queso Ruso" aborda, aunque con una fuerte crítica social y política, el concepto del fin de los tiempos y los destinos ineludibles. Y "Y mientras tanto el sol se muere", esa balada oscura presente en el disco "Porco Rex", usa el ocaso del sol como una representación poética de la extinción o el final de una era. En cada tema, la muerte aparece como una presencia familiar, no como una enemiga.

Aquella frase televisiva -"Me gustaría que la muerte me encuentre vivo"- no hablaba solamente del final biológico. El Indio se refería a la voluntad de permanecer activo, curioso y creativo hasta el último momento. Incluso después de que en 2016 revelara públicamente que padecía la enfermedad de Parkinson, siguió grabando canciones, escribiendo y desarrollando proyectos artísticos. Nunca se detuvo. Para miles de seguidores, esa actitud resume la esencia de un artista que rechazó la nostalgia paralizante.

Mirando hacia atrás, aquella obsesión del Indio por la muerte no fue macabra sino profundamente vital. Cada canción, cada entrevista, cada metáfora sobre el ocaso construyó una forma muy particular de entender el paso del tiempo: como algo que no se sufre sino que se abraza. 

En 2016 llegó a las pantallas el documental "Tsunami", una pieza que tomaba como eje aquel show histórico en Tandil. Por entonces, los rumores sobre una enfermedad del Indio ya corrían por todos lados. La palabra "retiro" flotaba en el aire. Y frente a 150 mil ricoteros, Solari eligió la verdad desnuda: "Anda circulando en internet una versión de que estoy enfermo y es verdad. Mr. Parkinson me anda pisando los talones".

En una entrevista íntima para ese material, Mario Pergolini quiso saber si aquella multitudinaria noche en Tandil sería el último concierto de su vida. "Y bueno, festejemos", respondió Carlos, alzando el vaso de whisky como quien brinda por un final anunciado. "¿Que sea?", insistió Pergolini. Y el Indio asintió, seco: "Sí, sí".

Pero entonces el conductor cambió el tono, afinó la puntería y preguntó de nuevo: "¿Será?". Ahí la respuesta viró. El vocalista se retobó, casi con un guiño: "No, no, vas a ver mañana...". Una frase que hoy, leída desde el futuro, se tiñe de una belleza extraña. Porque ahora vivimos en el final de ese concierto, y con un "mañana" por delante que él prometió. Él nos pidió que esperáramos, como si la despedida nunca fuera definitiva mientras quede un día por delante.



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