Cromañón: 20 años de la tragedia que marcó a todo un país, testimonios de lucha y resistencia
En el vigésimo aniversario de la tragedia, un informe de Matías Resano para Crónica repasa el dolor que dejó el incendio ocurrido durante un recital de Callejeros el 30 de diciembre de 2004. A través de testimonios de familiares de las víctimas, se exploran los esfuerzos por lograr justicia y evitar que hechos como este se repitan.
Hoy se cumplen 20 años de la tragedia de Cromañón, un hecho que dejó una profunda herida en la sociedad argentina. El 30 de diciembre de 2004, un incendio durante un recital de la banda Callejeros en el boliche del barrio de Once terminó con la vida de 194 personas y más de 1.500 heridos. Este aniversario, marcado por el dolor y la memoria, sigue siendo un recordatorio de la lucha de los sobrevivientes y familiares de las víctimas por justicia y reparación.
Un joven cargando a otro sobre sus hombros, un tercero arrojando agua en un pasillo cuyo punto final es una oscuridad tenebrosa. Ese impactante momento es captado y quedó inmortalizado para simbolizar el suceso más desgarrador de la historia de nuestro país, en el siglo XXI: “República de Cromañón”. Nombre propio de un espacio abocado al desarrollo de eventos y que fue escogido por la banda Callejeros para cerrar un año que los había catapultado al estrellato.
Sin embargo, una centella lo cambió todo, y a partir del 30 de diciembre de 2004, República de Cromañón pasó a ser un lugar que nos arrebató 194 vidas, más que nada a sus seres queridos, pero también le siguen doliendo a un país entero. La secuencia retratada por Gustavo Castaing quedó marcada en la memoria y en la retina, y también en el anonimato de aquellos dos jóvenes que eran fotografiados, sin que ambos le otorgaran importancia en ese instante.
Tuvieron que pasar 20 años para que al menos uno de ellos sea identificado con nombre y apellido, luego de un extenso recorrido de esa imagen imborrable que incluso recorrió el mundo. Fue Nilda Gómez, fundadora de la ONG Familias por la Vida, y madre de Mariano Benítez, víctima de la masacre, quien reveló que aquel muchacho que cargaba a un joven desvanecido era Leo Chaparro.
El hombre se erigió en uno de los referentes de la interminable lucha por justicia y concientización para prevenir y educar a la juventud respecto de un hecho tan irreversible como Cromañón, tras reconocer a su hijo David, de entonces 14 años, en la morgue del Cementerio de la Chacarita.
“Fue mi cuñado quien lo encontró el 31 de diciembre de 2004 y me entregaron el cuerpo dos días después”, aclaró Chaparro. Antes había recorrido hospitales. Arrancó por los más cercanos como el Ramos Mejía, el Rivadavia y posteriormente extendió su trayecto al Fernández y al Argerich. Pero previamente apresuró la marcha rumbo al establecimiento nocturno junto a Julio Rodríguez, papá de Emanuel, amigo de su hijo, quien le avisó lo que sucedía en ese preciso momento.
En la comunicación, le dijo a su padre que había perdido de vista a David cuando este se dirigió al baño para mojarse la cabeza. Minutos después se desató el incendio y jamás lo volvió a ver. Por lo tanto, al arribar al lugar se encontraron con Emanuel, pero ante la ausencia de su hijo, Chaparro no esperó un segundo y decidió entrar al establecimiento con la intención de sacarlo de allí.
Al respecto, dos décadas después, Chaparro recordó: “Les dije a Julio y a mi esposa -Miriam Araneda- que no entraran, y me metí. Hice lo que me salió en ese momento, vi que no tenía otra opción, tenía que ubicarlo y extraerlo de allí”. En sus primeros pasos, Leonardo advirtió: “Era un desastre, y todos los pibes me parecían iguales, porque tenían sus rostros ennegrecidos por el hollín, lo que hacía que no se distinguieran uno del otro. También vi caras de desesperación, otros pisados, y en ese contexto lo que hacía era entrar, sacar al que tuviera a mi alcance”. Bajo esa mecánica improvisada, logró retirar a siete jóvenes, llevándolos sobre sus hombros, aunque simultáneamente, reconoció a Crónica, que “cargaba con el dolor en el alma y la desesperación”, porque no encontraba a su hijo.
“Al día de hoy me mata no haber podido encontrarlo”, admitió. En ese ir y venir, mejor dicho una de esas siete salidas hacia la calle, hasta que la policía valló los accesos, quedó eternamente grabada en los sobrevivientes, en los familiares de las víctimas y en todo aquel que humanamente se vio muy afectado por las 194 muertes. Sin embargo, dicha foto para el papá de David le representa “ese dolor de haber estado ahí, sacando pibes”. Aunque también evaluó que “se hizo todo mal, que se cagaron en los pibes y fueron todos los que estuvieron involucrados en la organización de ese recital y en quienes lo autorizaron”. “Por eso, agregó esa imagen además me transmite la sensación de lucha”.
Una puja por partida doble, en primera instancia la de prevenir y concientizar en escuelas. “No se trata de contarles lo que pasó, sino de enseñarles a los chicos ciertos recaudos a la hora de ir a un boliche”, contó Leonardo. Aunque a su vez, su pelea post Cromañon se enfoca en su salud, dado que por su intervención en las tareas de rescate, el hombre reveló que tiene “los pulmones de un fumador”, por lo que sufre “neumonías frecuentes, incluso bilaterales”. Una secuela que además de repercutir en su organismo, da cuenta de una marca que hace dos décadas daña los días de ese valiente muchacho, de entonces 32 años. Puesto que el recuerdo de Cromañon cala hondo, es una daga que abre un vacío irreparable que comienza a sentirse en el estómago y sube hasta el corazón, para permanecer allí para siempre, lamentablemente.
“Callejeros es la Banda de la Muerte”Así llamó Nilda Gómez a la banda preferida de su hijo Mariano Benítez, quien deseaba cerrar el año disfrutando las canciones que más escuchaba, pero no pudo, ni tampoco volvió a escuchar las palabras de su madre. A partir de entonces ella llevó adelante una lucha interminable en afán de justicia, la cual también exigió hacia Callejeros, dado que les adjudica la “masacre”, término que estableció la Legislatura porteña en los últimos días para referir de ahora en más a aquella “noche fría” del 30 de diciembre de 2004.
El 12 de este mes, en la Legislatura se aprobó un proyecto de Ley ideado por Nilda Gómez.
En este sentido, la Fundadora de la ONG “Familias por la Vida” detalló que “le otorga el carácter de vitalicio al programa de asistencia a víctimas y sobrevivientes, y de compensación monetaria a todos aquellos”. Pero a su vez, Gómez reveló que los legisladores porteños establecieron que “no se llame más tragedia, sino masacre, como asimismo que se reabra el padrón para todas aquellas personas que también fueron víctimas”.
En la misma linea, la madre de Mariano Benítez remarcó que “tragedia es algo inevitable por más precauciones que se tomen”. “No obstante, cuando se presentan una serie de circunstancias evitables, como ingresar 5.000 personas, en una lugar habilitado para 1.031 personas, entonces está claro que en esa instancia había una coima que pagaron Callejeros y (Omar) Chabán para que pase eso”, aseguró.
Continuando con su carga de culpabilidad a la banda que prefería su hijo, Nilda enfatizó que “eran personas mayores de edad, que tomaron decisiones, aconsejados por alguien encumbrado en la noche como Chabán” . “No eran pibes, si los eran quienes ellos mataron. Por eso considero que son responsables, porque para mí Callejeros es la banda de la muerte” , concluyó.




