Kendrick Lamar transformó el Estadio Monumental en el templo del rap
El rapero estadounidense ofreció un show demoledor y preciso en el Estadio Monumental, donde repasó su trayectoria y presentó su álbum “GNX”. CA7RIEL & Paco Amoroso encendieron la previa con un set explosivo.
A seis años de su primera visita al país, Kendrick Lamar regresó a Buenos Aires y transformó el Estadio Monumental en el epicentro mundial del rap. Frente a un estadio colmado, el artista californiano desplegó su Grand National Tour con una puesta sobria, precisa y emocional que reafirmó por qué es uno de los nombres más influyentes de la música contemporánea.
La noche comenzó con un poderoso prólogo local: CA7RIEL & Paco Amoroso fueron los encargados de calentar el ambiente con un show que combinó teatralidad, energía y carisma. Con temas como “EL ÚNICO”, “MI DESEO / BAD BITCH” y “DUMBAI”, el dúo reafirmó su papel como referentes de la nueva escena argentina y dejó al público en un clima de pura euforia antes del ingreso del headliner.
El escenario se iluminó con la figura del Buick Grand National ’87, el mismo auto que da nombre al álbum GNX y que simboliza los orígenes del rapero: el vehículo con el que su padre lo llevó a casa tras nacer, mientras sonaba Big Daddy Kane. Más que una escenografía, fue un emblema de identidad y legado.
Kendrick abrió el show con “wacced out murals” y “squabble up”, temas que inician GNX, y desde ese momento delineó una narrativa visual y sonora que combinó introspección y potencia. En un recorrido impecable por su discografía, el rapero alternó himnos como “N95” y “King Kunta” con piezas de carga emocional como “LOVE.” y “Count Me Out”.
Los clásicos de good kid, m.A.A.d city —“Backseat Freestyle”, “Swimming Pools (Drank)” y “m.A.A.d city”— desataron la euforia colectiva, mientras que “HUMBLE.”, “Alright” y “DNA.” marcaron los momentos de mayor intensidad política y espiritual del espectáculo.
En la recta final, “Not Like Us” se convirtió en un grito catártico de 65.000 personas saltando al unísono, antes de que “Gloria” bajara el telón con un tono íntimo y reflexivo. El silencio que siguió fue tan elocuente como los versos que lo precedieron: el público sabía que acababa de presenciar una verdadera clase magistral de rap.
Kendrick Lamar no solo ofreció un concierto: dictó una cátedra sobre el poder del arte, la palabra y la autenticidad.




