A cuatro años de la muerte de Diego Maradona: así fueron sus últimas horas con vida
A cuatro años de la dolorosa muerte de Diego Maradona, repasamos cómo fueron sus últimos momentos luchando con su deteriorada salud.
La muerte de Diego Maradona el 25 de noviembre de 2020 fue el corolario de una serie de problemas de salud que le produjeron un rápido y notorio deterioro en un momento en el que la Argentina todavia sufría los efectos de la pandemia de coronavirus. Por eso, los últimos días del ídolo transcurrieron cargados de complicaciones.
La primera alarma se actuvó el 30 de octubre de 2020, en su cumpleaños número 60, cuando Gimnasia lo homenajeó en su estadio. Su aspecto cansino y abatido preocupó a muchos y pocos días después, el 2 de noviembre, ingresó a la Clínica Olivos por un cuadro de anemia y depresión. Luego fue intervenido por un “hematoma subdural” en la cabeza y Leopoldo Luque, su médico personal, muy cuestionado por su accionar, confirmó que estaría internado algunos días.
El 11 de noviembre, Diego recibió el alta y su recuperación la siguió en una casa que su entorno había alquilado en el barrio privado San Andrés, en Tigre. Se suponía que tendría todas las comodidades y estaría adaptada para su cuidado, aunque más tarde se conoció que la habitación de Maradona tenía las ventanas tapiadas con durlock y un baño químico.
Los dormitorios estaban en el segundo piso y el astro no podía subir las escaleras, así que decidieron resolverlo de esa manera. Mientras tanto, seguía medicado y luchando contra su adicción al alcohol, por la que estaba vigilado 24 horas para evitar que se expusiera a ella.
El 24 de noviembre a la noche, su sobrino Jonathan Espósito lo visitó y luego diría que su tío no había comido ni uno de los sándwiches de miga de aquella cena. Fue el último que lo vio con vida. A las 6.30 de la mañana, Ricardo, el enfermero del turno noche, oyó que Diego respiraba y se fue a su casa. A las siete y media llegó Gisela Madrid, la responsable del turno diurno, y como notó que se movía decidió dejarlo dormir “un rato más” antes de darle los medicamentos correspondientes.
Pero a las 11.30, la psiquiatra Agustina Cosachov y el psicólogo Carlos Díaz llegaron a la casa y, cuando se acercaron a Maradona, se dieron cuenta de que no respiraba. Inmediatamente, convocaron a los demás que estaban en la casa, llamaron a la ambulancia y empezaron a propinarle maniobras de reanimación, aunque ya era tarde.
Nueve ambulancias rodearon la residencia y la pésima noticia comenzó a esparcirse. La autopsia, más tarde ese 25 de noviembre, arrojaría que Diego falleció debido a un “edema agudo de pulmón secundario a una insuficiencia cardíaca crónica reagudizada”, que había estado agonizando durante 12 horas y que el desenlace pudo haberse prevenido.




