CRÓNICA DEL ASCENSO

Gustavo Coleoni habló sobre su relación especial con San Miguel

Gustavo Coleoni hizo un repaso de la situación de San Miguel, club al que necesita cambiar de rumbo en la Primera Nacional.

La campaña de San Miguel puede no corresponderse a la de un equipo que hizo un ruido impactante en el rubro incorporaciones. Tampoco es para decir que va camino a ser la gran frustración de la Primera Nacional pues se encuentra a la expectativa, es decir en idéntica situación a la de la mayoría de los conjuntos que se presumen candidatos. El tema es que tuvo que cambiar de proyecto, dado que el que comandó Sebastián Battaglia, campeón con Boca nada menos, duró apenas 11 juegos. El hincha estaba desanimado y pedía a gritos una inyección anímica que lo revitalizara. Entonces la entidad apostó a un viejo conocido que en noviembre pasado había cerrado un más que importante primer ciclo. Las puertas para Gustavo Coleoni quedaron entornadas pero fue llamativo que a la primera de cambio volvieran a abrirse totalmente para darle ingreso a una nueva ilusión que levantó el ánimo popular. 

Y si bien la campaña venía siendo irregular, el notable triunfo en Tucumán ante el siempre candidato San Martín le hizo ver que hay motivos para ilusionarse. En diálogo con Crónica del Ascenso, el Sapito resaltó la labor de sus dirigidos en La Ciudadela y se permitió soñar aunque aclaró que no quiere prometer nada porque hacerlo a esta altura sería "vender humo".

-Lograron un triunfazo, por el rival y por ser el primero en condición de visitante...

-La verdad, llevaba un montón de meses sin ganar en esa condición y a (Sebastián) Battaglia le pasó lo mismo, menos que a mí por supuesto. Fuimos a jugarnos la vida a Tucumán porque está todo tan compactado y si llegábamos a perder nos quedábamos muy atrás. Estamos contentos por ganarle a semejante equipo y en La Ciudadela. Me alegra por mis jugadores y la gente de San Miguel. Terminamos la primera rueda bastante bien y ahora espero achicar el margen de error con la gente que venga para poner al equipo en el protagonismo del torneo. Después en la última curva, allá por noviembre, veremos para qué estamos.

 

-¿Le dijiste a tus jugadores que era a matar o morir?

-Y.. les dije que podíamos disfrutar pero que primero sepamos sufrir el partido. Lo planificamos muy bien. Hicieron un esfuerzo enorme, corrieron mucho para contrarrestar a ese gran equipo, tuvimos la chance y después la defendimos como hombres. La verdad estoy feliz porque tácticamente se hizo todo lo que se había planificado. Después, estuvo la actitud de ellos que fue fabulosa porque dejaron la piel.

-Esa necesidad de que el puntero no se te escape habla acerca de que te interesa el primer puesto...

-Yo no puedo planificar ascender de forma directa porque sería vender humo. Tengo que sostener al equipo, darle rendimiento, continuidad en los puntos y al final veremos dónde nos encuentra. No es fácil: estamos a diez puntos del primero. Entonces tengo que ilusionarme con darle una forma al equipo, que tenga regularidad en el juego y los resultados. No hay campeón hoy, tampoco en septiembre ni octubre. Por eso espero esa última curva para ver dónde nos encuentra. Ojalá sea arriba y ver si en la recta final se puede ascender o no.

-Hace poco Gallardo mencionó la palabra magia; ¿en qué consistió la tuya para que los futbolistas digan que recuperaron la alegría?

-Marcelo lo habrá dicho en una forma irónica porque sus conferencias son muy buenas. Uno tiene un método de trabajar que es exigir mucho, al máximo y que el jugador disfrute cada entrenamiento. Que tenga ganas de ir una hora antes y retirarse una hora después, que se quede a charlar. Eso habla de que uno va porque le gusta, no es que le toca. Tenemos un liderazgo de cercanía. Hay líderes como Marcelo Bielsa que es un monstruo, que es más de lejanía y sin embargo sale campeón. Nosotros entendimos que el equipo necesitaba un liderazgo más cercano, estar ahí, preguntar, acercarse. Esa es mi forma y no la voy a cambiar. Tuvimos el primer partido con Los Andes que fue todo de los jugadores. No incidimos mucho porque tuvimos cuatro días. No me subí arriba del resultado; sí ahora que es la consecuencia del trabajo, de hablar. El triunfo en Tucumán es todo nuestro y de los jugadores, por supuesto. Te digo que tengo un liderazgo de cercanía porque me gusta saber que le pasa al jugador, quién es, cuales son sus sueños y frustraciones. Eso hace que el jugador sienta que uno se interesa más por la persona que por el deportista.

-¿Notás que el jugador se abre más fácil al diálogo?

-Si, para mí es un arte esto de ser entrenador y ver cuanto te demora entrarle al jugador;, yo digo para llegarle al núcleo. En el ascenso hay un plus que el jugador te entrega y es inconsciente. Cuando doy las charlas pongo un pantalón corto y uno largo. Con el corto estamos tres o cuatro horas por día pero la vida transcurre con el largo porque somos padres, hijos, tíos o hermanos. Uno como entrenador debe apuntar al de pantalón largo para que el de pantalón corto te de un poco más. Esta es mi forma y hace a mi fortaleza.

 

-¿Pensaste que volverías tan rápido a San Miguel?

-Hay un antes y después en el club a partir de la llegada de Fede y Gastón (Almada). En aquel momento me sentía con poca energía para seguir, nos pusimos de acuerdo y me fui. Tuve otras propuestas pero sinceramente quería descansar. Si mirás el tiempo, son cuatro meses y parecen muchos. Pero si observás la competencia, fueron apenas 11 partidos porque hubo un mes sin actividad y otro de pretemporada. Volver a la fecha número 12 me sorprendió. A la hora de pensar en alguien para ayudar, buscaron a un amigo. Arreglamos enseguida porque para mí San Miguel es muy importante.

-Y ahora se van a encontrar con un público bastante revitalizado por haberle ganado a gran candidato...

-San Miguel es muy especial en todo. Hay que estar ahí, es un mundo en lo emocional. Nuestra llegada fue tomada con mucha alegría; me dieron una hermosa bienvenida. Pero eso hay que refutarlo cada fin de semana. Con el amor está todo bien pero tengo la responsabilidad de entregar resultados. Esto es fútbol. Ahora tenemos la posibilidad de potenciar el plantel con los refuerzos. Sé que la gente me aprecia, todo está bueno, pero hay que ganar y ser protagonista porque así como la espuma sube, también baja.

-¿Soñas con ver en Primera División a este equipo que aprendiste a querer?

-Por supuesto, pero son procesos. En el anterior nos consolidamos en la categoría, clasificamos entre los ocho. Ahora esperamos dar un salto de calidad y un pasito más. Después hay que ver como se dan las cosas en las finales. Cuando me tocó ascender con Central Córdoba, clasifiqué octavo y ganando todas las llaves de visitante. Aspiro a ser protagonista y disfrutar del último tramo peleando.

-¿Una reflexión final para los simpatizantes?

-¿Qué me pasa con San Miguel? Quiero agradecer porque le di una frase mía que dice "creer para ver". La gente de san Miguel creyó. Porque ver para creer es fácil. Eso se lo dejo a la prensa que tiene que mirar para comentar. Nosotros internamente tenemos que creer primero para ver después. La gente de San Miguel se acuerda siempre de eso y lo demuestra con la camiseta que vende con el sapo y esa frase. Eso significa que cree en nosotros.

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