Las sorpresas que pueden romper el Mundial 2026
Cada Mundial tiene su historia, pero hay algo que nunca cambia: siempre aparece una selección que rompe todos los pronósticos de las casas de apuestas para el Mundial. No importa si los candidatos en la previa son claros; el fútbol se encarga de recordar que la lógica no siempre manda. De cara a 2026, ya empiezan a perfilarse algunos equipos que, sin estar en la primera línea de favoritos, tienen argumentos suficientes como para dar el golpe.
Uno de los casos más interesantes es el de Marruecos. Lo hecho en Qatar 2022 no fue casualidad. Alcanzar las semifinales marcó un antes y un después para el fútbol africano, pero también consolidó una base sólida de jugadores que compiten al máximo nivel en Europa. Con un equipo ordenado, fuerte defensivamente y muy peligroso en transición, los marroquíes ya no sorprenden: ahora compiten. Si logran mantener esa estructura y sumar variantes en ataque, pueden volver a meterse entre los protagonistas.
Otro seleccionado que empieza a generar expectativa es Estados Unidos. Como anfitrión (junto a México y Canadá), tendrá un contexto ideal para potenciar su rendimiento. Pero no se trata solo de localía. La nueva generación estadounidense combina talento joven con experiencia en ligas importantes, algo que antes no era tan habitual. Jugadores dinámicos, intensidad física y una identidad cada vez más clara hacen que sea un rival incómodo para cualquiera. En torneos largos, ese tipo de equipos suele crecer partido a partido.
En Sudamérica, Uruguay aparece como un candidato silencioso. Lejos del ruido mediático que generan otras selecciones, el equipo charrúa está atravesando una renovación interesante. A la histórica garra se le suma una camada joven que aporta frescura y velocidad. Si logra encontrar regularidad y equilibrio entre experiencia y juventud, puede transformarse en uno de esos equipos que nadie quiere cruzarse en instancias decisivas.
También vale la pena mirar a Japón. Hace tiempo que dejó de ser una selección "simpática" para convertirse en un conjunto competitivo. Su evolución táctica y técnica es evidente y cada Mundial da un paso más. Orden, disciplina y jugadores cada vez más adaptados al ritmo europeo hacen que pueda complicar a cualquiera. No sería descabellado imaginarlo superando instancias importantes si encuentra el camino adecuado.
Por último, hay que mencionar a Dinamarca. Aunque suele estar en un segundo plano, es un equipo que combina solidez colectiva con futbolistas de gran nivel. Su rendimiento en competiciones europeas demuestra que sabe competir bajo presión y eso, en un Mundial, pesa mucho. No necesita figuras rutilantes para ser eficaz: su fortaleza está en el funcionamiento.
La historia del Mundial está llena de ejemplos que invitan a no subestimar a nadie. Desde Croacia en 2018 hasta el propio Marruecos en 2022, las sorpresas no solo existen: son parte esencial del torneo. Con un formato ampliado y más selecciones en competencia, el 2026 podría potenciar aún más este fenómeno.
Porque al final, cuando la pelota empieza a rodar, los nombres pesan menos y el rendimiento lo es todo. Y ahí es donde las selecciones tapadas encuentran su oportunidad de hacer historia.
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