Ovación para Robert de Niro en la inauguración del Festival de Cannes
El Festival de Cannes se inauguró el martes con su 78ª edición, que atrajo a gran parte del mundo del cine, desde Robert De Niro y DiCaprio hasta Tarantino.
Fernando E. Juan Lima, especial desde Cannes
@fejlima
El enorme poster (doble por primera vez en la historia) sobre la fachada del Palais des Festivals cobijó a la multitud que se agolpó para la apertura de la 78° edición del Festival Internacional de Cine de Cannes. Las imágenes son las de Anouk Aimée y Jean-Louis Trintignant en Un hombre y una mujer, película dirigida por Claude Lelouch que se llevó la Palma de Oro 1966 y ganó dos Oscar en Hollywood en 1967 (además de docenas de premios en todo el mundo). Su referencia a esa historia de amor posible, pese a todo, entre dos seres dañados, resulta pertinente para acoger al cine en los tiempos que corren.
En la dinámica del festival de Cannes sólo las “súper-estrellas” llegan en autos oficiales a la alfombra roja. Es muy divertido ver como miles (literalmente miles: en la sala Lumière entran 2309 personas y en la Debussy, en la que se transmite en simultáneo la ceremonia y la película de apertura, más de 1.000) de hombres de smoking y mujeres de largo y tacos altos hacen colas interminables, se apiñan y empujan (transpirados o mojados, según el clima), y pasan por los estrictos controles de seguridad. La “previa” a la caminata por la alfombra roja no es ciertamente tan glamorosa…
Pero todo eso vale la pena para asistir a un momento único: aquél en que el gran actor Robert De Niro recibió la preciada Palma de Oro, honorífica, en reconocimiento a su trayectoria. La ceremonia estuvo marcada por la política, el maestro de ceremonia (el actor Laurent Lafitte) defendió a los actores y actrices que se comprometían (lo cual, a su entender, siempre importa un sacrificio) y refirió a la necesidad de seguir poniendo el foco en la igualdad, el feminismo, la diversidad sexual, el problema de los migrantes, todos “temas prohibidos para la primera potencia mundial”.
Tras presentar a los integrantes del jurado de la Competencia Oficial, llegó el turno de su presidenta Juliette Binoche, que tampoco se quedó callada. Con un largo vestido blanco, con un cuello que se extendía hasta cubrir su cabeza de izquierda a derecha, si no fuera por el largo pendiente de su oreja más descubierta, diríase que tenía un aspecto algo monacal. Pero su discurso fue bien terminante: recordó a quienes continúan secuestrados tras el ataque terrorista del 7 de octubre de 2023 en Gaza, a todos los rehenes en cualquier lugar del mundo y a la fotógrafa Palestina Fatma Hassona, muerta por los misiles israelíes, solo un día después de enterarse de que la película de la que forma parte había sido elegida por el festival. Sostuvo que los artistas tenían la responsabilidad de dar testimonio, de alzar la voz.
La presentación del premio a De Niro estuvo a cargo de Leonardo di Caprio. Sobrio y emocionado, consciente de que él no era la estrella en ese momento, refirió al maestro de actores y a quien le abrió las puertas a su primer trabajo, según contó fue De Niro el que tuvo la decisión fundamental en su primer casting importante. Conocedor del homenajeado, no afecto a ser el centro fuera de las cámaras, fue conciso y amoroso. Y llegó el gran momento. De Niro emocionado, con los ojos vidriosos pero sin quebrarse, rápidamente acalló la ovación, contradiciendo esa estúpida costumbre de por aquí de contar los minutos de los aplausos, como si de una competencia se tratara.
Y fue ferozmente explícito. Tras agradecer al festival, del que se siente parte porque es un espacio de libertad y diversidad, dijo que en su país la democracia corría peligro. Que el presidente de Estados Unidos desfinanciaba y perseguía a la cultura y que correspondía oponerse a los autócratas y los fascistas, para quienes los artistas son un amenaza. Aclaró que no llamaba a la violencia, pero sí a la resistencia. Luego, en francés, agradeció al festival y terminó con tres palabras que, más que nunca en la actualidad, siguen siendo revolucionarias. Se despidió con “Liberté, égalité, fraternité. Vive le festival de Cannes! Merci.
Después de ese potente momento, para la apertura formal de esta edición subió al escenario Quentin Tarantino, el más histriónico y payasesco en la alfombra roja previa. Dijo lo suyo a los gritos y se despidió arrojando aparatosamente el micrófono al piso. Con gracia, frente a los aplausos y la risa del auditorio, pero dejando en claro que eso no era un chiste.
.



