"Roberto soñaba con viajar por el mundo después de la operación"
La viuda de Sandro dialogó en exclusiva con DiarioShow.com sobre el nuevo aniversario del cantante y, también, habló de la supuesta paternidad del ídolo. Leé más, en la nota.
@Rfilighera
Olga Garaventa, desde la intimidad de la emblemática e histórica mansión de Banfield, abrió las puertas de su corazón en esta fecha tan especial y no eludió tema alguno en charla con DiarioShow.com.
-¿Qué sensaciones se presentan en este nuevo aniversario de la muerte de Roberto?
-Se cumplen diez años de la muerte y para mí es un día muy especial, lleno de nostalgia y con un dejo de tristeza, aunque él siempre me decía que la vida continúa… Y sé que no le gustaría verme triste, porque lo hemos hablado muchas veces en nuestra intimidad. Gracias a Dios, tengo una familia hermosa, mis hijos, Manuela y Pablo, y mis nietas, Malena, Valentina y Ema, me llenan de amor y me dan mucha fuerza para salir adelante, sobre todo, en los momentos más difíciles que viví desde su partida.
-En el último tramo de la espera, ¿Roberto tenía aún esperanzas por la intervención del trasplante?
-Sí. Tenía una gran esperanza. Creía que si recibía el trasplante iba a tener otra calidad de vida que le permitiría poder disfrutar de aquellas cosas que ya no podía hacer por su enfermedad. En diciembre de 2005 estaba muy confiado en la operación de reducción pulmonar que le hicieron y después, desde marzo de 2009, en el éxito del trasplante, que finalmente se hizo en noviembre. Roberto soñaba con viajar por el mundo y hacía planes para nosotros todo el tiempo.
-¿Cree que la sociedad argentina ha tomado conciencia sobre la necesidad de donar órganos?
-Sí, se hizo mucho al respecto. Creo realmente que es muy importante tomar conciencia, porque la donación de órganos salva vidas. Yo misma tomé mayor conciencia a partir de la enfermedad de Roberto. Por eso, el 19 de noviembre de 2009, cuando los médicos nos dijeron que se nos terminaba el tiempo, salí públicamente a pedir por él, porque, si no aparecía un donante, ya no había esperanzas para mi esposo. Sentí que no podía quedarme de brazos cruzados viendo cómo a Roberto se le iba la vida. Entendí que difundirlo, como en estas situaciones extremas hacemos todos los familiares de las personas que necesitan de un trasplante, es una forma de ayudar a que se tome conciencia también.
-Roberto realizó en sus últimos años una campaña contra el cigarrillo. ¿Había tomado cabal conciencia del perjuicio que le había producido esta adicción?
-Sí. Había tomado conciencia, a tal punto que él siempre decía que se había labrado su enfermedad artesanalmente, que él mismo hizo un trabajo de destrucción de su salud por haber fumado sin límites. Y a partir de que él contó su enfermedad, al ser alguien tan querido y tan popular, se empezó a hablar de los efectos nocivos del cigarrillo y de lo que provocaba el enfisema. De alguna manera hizo escuela: fíjate que cada vez hay más lugares, y no sólo dependientes de organismos públicos, donde está prohibido fumar.
-¿Qué análisis le merece la sanción judicial definitiva en relación con que Sandra Borda no es hija de Roberto...?
-Realmente fueron diez años de mucho dolor, porque, además, no era necesario el maltrato hacia su persona, ya que él no estaba para defenderse. Yo no voy a hablar mal de ella, porque no la conozco. Es cierto que está en su derecho de buscar su identidad, pero creo que lo tendría que haber hecho de otra manera. No entiendo por qué, por ejemplo, cremó a sus padres y después fue a buscar su supuesta filiación con Roberto. Todo esto para mí fue muy traumático, pero siempre respeté las decisiones y los tiempos de la Justicia y siempre hice lo que me pedían. Firmé la exhumación, que fue una situación muy dolorosa para mí, y en octubre del 2018, cuando se pidió la revisión de todos los análisis hechos, tuve que poner un genetista. El fallo de la Cámara de Apelaciones es contundente y ratifica la sentencia del juez de primera instancia: no es su hija.
-A partir de esta circunstancia, ¿se podría decir que Roberto ya descansa en paz?
-Yo espero que ahora Roberto pueda descansar en paz y que se lo recuerde con mucha felicidad. Hay que enaltecerlo, porque era una persona de bien, con códigos y con principios. Siento que hay que pedirle perdón, porque no había ningún derecho de faltarle el respeto como se le faltó, hasta poniendo en tela de juicio quién era él como persona. Y si no salí a contestar las agresiones, cuando esta persona estaba en los medios permanentemente, fue por respeto a mi marido y a la Justicia. Yo digo que la justicia divina existe y la verdad siempre sale a la luz. Roberto fue muy claro cuando en 2006, al recibir la cédula de la demanda, me juró: "Olga, yo nunca tuve hijos. Te vas a tener que enfrentar a situaciones muy difíciles, pero nunca te olvides de esto: yo no tuve hijos y jamás te mentiría". Gracias a Dios, se hizo justicia.
-¿Piensa iniciar acciones judiciales por los daños emocionales sufridos durante ese proceso?
-Realmente no sé qué voy a hacer. Esta persona me ha causado un gran daño moral y psicológico y estoy pensando qué hacer. El doctor Gustavo Frasquet, mi abogado, me explicó cuáles son mis derechos, pero todavía no lo decidí. Yo estaba muy tranquila, porque sabía que era así, que no era su hija. Pero también siento dolor, porque hasta tuve que autorizar y asistir a la exhumación de mi esposo, cuando ella se hizo un ADN con Roberto en vida y le había dado negativo. A mí me duelen las mentiras y las calumnias, y esta persona me ha provocado mucho daño. Yo tengo 64 años y he pasado los últimos diez años de mi vida soportando todo tipo de agresiones de su parte. Yo superé muchas injusticias, muchas calumnias, mi marido fue ultrajado y calumniado… Pero, como te dije antes, Dios pone las cosas en su lugar y acá está la verdad.
-¿Sandro llegó a experimentar en algún momento de su vida la necesidad de ser padre?
-La verdad que no. Roberto me dijo que no quería, porque él no podía estar presente para criarlo. Nosotros conversábamos mucho y cuando hablamos de este tema me contó que cuando era joven se la pasaba viajando, que no estaba más de dos días seguidos en su casa y que no quería ser un padre ausente.
-¿En qué parte de la mansión encontraba Roberto su necesidad existencial más firme?
-Roberto tenía sus lugares especiales según los momentos. Antes de que viviéramos juntos, durante muchos años me contó que solía pasar mucho tiempo en la biblioteca, que era su lugar de trabajo y donde están su estudio de grabación y sus teclados. Pero conmigo disfrutaba mucho de la cocina-comedor, de la antesala de biblioteca, donde mirábamos televisión, y cuando el clima lo permitía, de la galería del jardín.
-¿Era Roberto de tomar nota, a modo de diario personal, de algunos episodios de su vida?
-Sí, yo no lo sabía. Pero un día, limpiando la biblioteca, justo cuando estaba escribiendo mi libro ("Sandro íntimo"), encontré anotaciones en sus agendas que me emocionaron muchísimo. Roberto no las usaba solamente para agendar reuniones de trabajo o proyectos, sino, sobre todo, para contar el día a día de su vida, sus reflexiones, sus sueños y sus alegrías. Me emocionó ver cómo, día por día y año por año, había contado en esas agendas, por ejemplo, nuestra historia. Desde el día que me visitó en el castillo para pedirme que fuera su novia hasta el día que me mudé a Banfield, o cuando nació mi nieta Valentina, o el día que nos casamos…
-¿Podría la mansión en un futuro cercano convertirse en un museo con las características de su estudio de grabación de El Castillo?
-Hace algunos años te hubiera dicho que no, pero desde hace un tiempo pienso que sí. Fue una decisión que tomamos en familia y desde hace un tiempo venimos trabajando en cómo plantear este proyecto y buscar la manera más viable de concretarlo. Yo vivo acá, amo esta casa, y aquí con Roberto fuimos muy felices y también pasamos momentos difíciles, y desde hace diez años, cuando me quedé sola, la conservo con mucho amor, respetando todas las cosas tal como las ha dejado Roberto, así que, aunque no está plasmado todavía, es como si lo fuera.
-¿Cómo es su relación con Las Nenas de Roberto?
-Es muy buena. De mucho respeto. Cuando vienen, me tocan el timbre y, si estoy, las recibo en el locutorio y converso con ellas. Si me llaman por teléfono, por supuesto, las atiendo; con algunas a veces tomamos un café. Ellas han sido muy importantes en la vida de mi esposo y él las adoraba y las respetaba. Y desde hace diez años son muy importantes en mantener vivo el recuerdo de su ídolo y lo hacen con mucho amor y respeto. Y la verdad es que yo las quiero mucho también.
-¿Cuál es el legado artístico y humano más importante que dejó Sandro?
-A mí me gusta más hablar de Roberto, él dejó un mensaje hermoso, porque, habiendo nacido en un hogar muy humilde, pudo concretar todos sus sueños y nunca se olvidó de sus orígenes ni de sus padres, que lo apoyaron desde el principio. Y lo hizo siempre con mucho amor y respeto, con profesionalismo y dedicación. Manteniendo sus códigos y respetando sus valores. Roberto era una persona de bien que, además, hasta el final honró la vida. En cuanto a Sandro…, además de su música y sus películas, fue tan popular y tan inmenso como artista que nos dejó un ejemplo sobre cómo un ídolo puede permanecer vivo en el corazón de la gente.
-¿Era de volver a ver algunas de sus películas?
-No, tampoco escuchaba su música… hasta que, cuando estaba internado en el IADT (Instituto Argentino de Diagnóstico y Tratamiento) esperando el trasplante, mi hijo le regaló un iPhone y, cuando aprendió a entrar en YouTube, descubrió otro mundo ¡y no había modo de obligarlo a que lo apagara! Le divertía ver sus videos de joven y se entusiasmaba con la música.



