Daniela "La Mego", la creadora del "¿Podrán?": "Lloré muchas noches porque mi familia no me aceptaba"
EXCLUSIVO. La influencer se consagró como una figura en las redes gracias a sus hilarantes expresiones y sus "vivos": la fuerte historia de vida de una chica trans con ganas de salir adelante, en charla con DiarioShow.com. Los detalles, en la nota.
Por @meugeaiello
“Cuando era chica y todavía no sabía nada de la vida a escondidas de mamá me ponía sus tacos y jugaba a ser modelo”, escribió recientemente Daniela “La Mego”, la influencer del momento conocida por sus ocurrencias, sus chistes y el cariño que le demuestra a sus seguidores.
“La Mego” no tiene filtros: usa Instagram como si fuera su diario íntimo. Muestra el día a día de una chica trans en el conurbano bonaerense, las peleas con su familia, los desamores y los nuevos amores, como también sus amistades con otros influencers (por ejemplo Martín Cirio) y su nueva vida como estrellita de la red social más importante de estos tiempos.
“No es un personaje, yo soy así. Como me muestro. No hay nada actuado, Daniela y “La Mego” son la misma persona. Últimamente no muestro nada de los problemas que tengo en casa, aunque a veces exploto y lloro y lo muestro. La gente que me sigue es como mi psicólogo, me acompaña más que mi familia. Todo lo que muestro es por la gente, más allá de que hay algunos que solo me siguen para criticarme, la mayoría sabe de mi lucha. Trato de mostrarme lo más transparente posible. A la gente le gusta que yo hable mal, que me equivoque, yo soy así y por eso me siguen”, dice “La Mego” en diálogo con DiarioShow.com.
Daniela se hizo conocida en las redes hace 10 años, allá por el auge de Facebook, la plataforma líder para la expresión de la juventud. Por ese entonces, Daniela era Antonio Daniel Mego, que se mostraba bailando junto a otra famosa influencer de la época, Lizeth Guzmán. Con chupines apretados, musculosa y una gorra con visera, bailaba sin vergüenza los remixes de reggaetón del momento ante la cámara junto a su fiel compañera. “Era el único ‘bebo’ del grupo”, recuerda La Mego, ahora con 31 años.
Pero de repente la necesidad de vestirse de mujer comenzó a manifestarse en ese chico que movía las caderas como una bailarina profesional frente a las lentes de bajos megapíxeles de los celulares de la época: “El cambio fue muy rápido. Yo estuve con un hombre por primera vez a los 21 años y, después, jodiendo, me empecé a vestir de mujer yendo a los boliches y ahí nació el personaje”.
Daniela "La Mego" antes de ser "La Mego"El verdadero giro de 180 grados fue cuando, por ese entonces Daniel, trabajaba en un negocio de ropa y decidió vestirse de mujer de día. “Era la época de Fiestas. Me compré una peluca de cotillón morocha de 30 pesos, llegué a casa, le di un regalito a mi mamá, me fui al cuarto y empecé con la ‘maquinita’, me maquillé casi como Piñón Fijo pero yo me sentía Pampita, me puse unos collares de perlas y salí de la habitación y dije ‘Hola’. Mi mamá hizo ‘¡pum!’: le bajó la presión”.
Con una peluca de cotillón y un maquillaje mal hecho se presentó “La Mego” al mundo… a su mundo: su familia. “Después no me podía bajar de los tacos, ahí iba la travesti un domingo a la verdulería a las 10 de la mañana de minifalda”, recuerda entre risas. “Tenía un barbón, pero sentía que era una modelo. Cuando pasó el tiempo me di cuenta de que era un loco, pero fui creciendo”, agrega.
Sin embargo, la aceptación de su familia fue una gran piedra en su camino en la búsqueda de su identidad. “Duele mucho. Al tener una familia tan cerrada, de otra generación, me dolió muchísimo, he llorado muchas noches. Cuando mi papá falleció ahí me fui soltando y dije ‘Yo quiero ser esto (N. de la R: mujer)’. Ahí me fui al registro civil y la chica que atendía me preguntó “¿Cómo te querés llamar?” y yo no sabía. “Le dije que me pusiera Daniela y Ayelén porque se me ocurrió”. Cuando llegó el DNI a casa a mi mamá mucho no le gustó, pero después con el tiempo nos llevamos bien. Me aceptó de a poco, yo no la juzgo ni la voy a juzgar”.
“La Mego”, en la intimidadHay algo en “La Mego“ que siempre la hizo destacar de la multitud, inclusive cuando no había transicionado, según sus palabras: “Lo que me hizo ser más visible fue la cola impresionante que tenía, en tanga, no me importaba nada, hasta salía con barba, pelado y pelos en las piernas. Pero el cu… siempre redondo, resaltaba entre tantos”. Y con la simpatía que la caracteriza dice que nunca hizo nada para mantenerlo: “Antes de empezar esta entrevista me comí 4 empanadas y 4 vasitos de gaseosa”. Sin duda, un atributo 100% natural.
“Ahora estoy con tratamiento de hormonas porque me quiero hacer los pechos, para que me quedan unas tetitas lindas y naturales”, dice La Mego, contenta, mientras muestra los parches. “Menos mal, porque he tenido muchos ‘chongos’. Me he llegado a ver con 3 o 4 por día y ahora por las hormonas me calmé, me veo con uno por semana”, revela. “Fijos, como mucho, debo tener 4 chicos”, agrega.
La Mego: el trabajo sexual como sustento de vidaDaniela no terminó la escuela, ya que noveno fue su último grado cursado. “Todavía no sé ni leer”, dice entre risas, “Nunca me gustó”, agrega. Pero eso no le fue un impedimento para trabajar, ya que lo hizo en varios negocios, hasta llegar a una peluquería y un negocio de ropa.
“En un momento me peleé con una de mis jefas y me rebajó el sueldo a la mitad. Y ahí hablé con las chicas de la ruta y me dijeron: ‘Te estábamos esperando, sabíamos que ibas a terminar acá’. Y yo les respondí que no iba a estar mucho tiempo. Trabajar en la calle no es fácil porque no es fácil acostarse con un hombre por el que no sentís nada”, comenzó su relato sin censurarse.
“La primera noche le dije a todos que no, fue difícil, a los hombres les sentía olores, venían de trabajar, no tenían respeto conmigo, me preguntaban ‘¡Eh!, ¿cuánto el pet…?”. Y así no es, vení y preguntame bien”, indicó Daniela sobre sus primeras experiencias ejerciendo la prostitución.
“Después fui eligiendo los clientes, yo iba montadísima, y tenía una tarifa más alta que las demás chicas. Ellas cobraban un bucal 100 pesos y yo lo cobraba 500. Dejaron de molestarme los chicos y empezaron a venir hombres en auto. Por ahí alguien de Capital lee esto y piensa que es un precio bajo, pero yo vivo en La Matanza, yo era la más cara”, agregó.
“Mis compañeras pasaron por muchísima violencia: a una la violaron, a otra la apuntaron con un arma en la cabeza, a otra se la llevaron en un auto y la molieron a palos. Gracias a Dios a mí nunca me pasó nada. Creo que era el miedo de que “La Mego” te suba y te escrache. Yo nací acá, el respeto del barrio me ayudó también”, opinó.
"Mis compañeras pasaron por muchísima violencia: a una la violaron, a otra la apuntaron con un arma en la cabeza, a otra se la llevaron en un auto y la molieron a palos"
La Mego dejó de ejercer el trabajo sexual cuando pudo independizarse gracias a las redes sociales. “Yo pasé de trabajar en la calle a después ser mi propia jefa y… ¡ay, me tildé!, ¿podrán?”, dice entre risas.
La Mego y el origen del “¿Podrán?”La mayoría de los adultos jóvenes que utilizan activamente las redes sociales se han topado al menos una vez con la pregunta “¿Podrán?”. La han utilizado marcas internacionales como Netflix para sus publicidades en Argentina y hasta la mismísima Lali Espósito la usó en una entrevista. La expresión, que está siempre al finalizar una oración y se utiliza para demostrar que la persona que la dice está haciendo algo importante o interesante (Ejemplo: “Estoy acá en la pileta, tomando sol, ¿podrán?”) fue popularizada gracias a La Mego.
“Me tienen harta con el 'Podrán'", dice la influencer y al segundo agrega: “La tendría que haber patentado. Digo cosas sin pensarlo, y la gente lo repite. Como por ejemplo ‘¿Por?’ ‘Cul.. con COVID’, ‘Olor a guiso recalentado’, son un montón de frases que digo y se popularizan".
Un video que se viralizó en estos últimos meses fue uno de la influencer matancera quemando una peluca. “Esa peluca me la regalaron con mala onda. La bruja Mego, ¿por? Entonces un día dije ‘Fuera, fuera esta mala energía’ y la prendí fuego”. Como muestra todo en las redes, Daniela hizo un vivo quemándola y se viralizó, sobre todo en Twitter
.
“Se me hizo costumbre hacer cosas en vivo, con los chongos, peleándome con la gente y a los tiros”, expresa y aclara: “Tiré uno solo, igual”. Sí, La Mego hizo un vivo empuñando un arma para defenderse de un robo y terminó disparando desde la puerta de su casa.
La ayuda de sus seguidores para terminar su casa
De a poco, la autora del “¿Podrán?” pudo arreglar su hogar gracias a las donacioens que le realizaron sus followers. “Recaudé 143 mil pesos gracias a la gente. Con eso compré el termotanque, el piso de la cocina, le pagué la mano de obra al albañil, más materiales. La gente que me ayudó me ayudó porque entienden lo que sufrí. Yo todas las noches le llevaba una sonrisa a la gente con mis vivos".
"Era impresionante ver a toda una familia que me saludara mientras yo hablaba a la cámara. Yo era una compañía para ellos en la cuarentena. Fui una alegría para ellos. Fue muy lindo que ese cariño que le di a la gente me lo agradecieran colaborando para mi casita”, finalizó.
Por E.A.



