Entrevistas

Guillermo Andino: "La calle era nuestra, hoy se vive en un mundo touch"

RECUERDOS QUE NO VOY A BORRAR. "En mi infancia quería ser futbolista profesional. De hecho en un momento me probé en Ferro y quedé", revela el periodista a DiarioShow.com.

Las palabras toman cuerpo y se transforman en postales. La casa de Parque Patricias sobre la calle Elía. El club Piraña, a una cuadra. La plaza donde estaba la biblioteca. El colegio Inmaculada Concepción, al lado de la Iglesia San Antonio de Padua, en Caseros y Labardén.

Las trae al presente un hombre que maneja como muy pocos el milenario arte de llevar adelante un relato. Hay precisión en sus recuerdos y una fuerte sensación de pertenencia y afecto imperecedero por eso que vivió en cada momento que recupera por un rato del pasado.

"A veces me da nostalgia y vuelvo al barrio a pasear con mi mujer (por Carolina Prat). Ella era de Banfield y, aunque ahora vivimos en San Isidro, cada tanto arrancamos para allá a recorrer sus calles o sino vamos a Parque Patricios y yo le cuento: Acá estaba esto, acá, lo otro... Acá, en esta esquina, vivía el papá de Miguel Brindisi, Donato, quien además tenía la carnicería, acá vivía don Juan y acá estaba la vidriería de mi amigo Pugliese.... Y así puedo seguir con cada lugar y cada historia", indica Guillermo Andino a DiarioShow.com.

Antes de ser el periodista que durante décadas fue la cara visible de distintos noticieros, desde aquel recordado Nuevediario que hacía explotar el rating en el que compartía la conducción con Mabel Marchesini hasta su actual rol en Las mañanas con Andino por la TV Pública, hubo un chico que alguna vez soñó con un futuro en otro rubro.

 

 Un pequeño Guillermo mira embelesado a papá Ramón.
 Un pequeño Guillermo mira embelesado a papá Ramón.

"En mi infancia quería ser futbolista profesional. De hecho en un momento me probé en Ferro y quedé. Pero después, bueno, cuando viene la adolescencia empezás a salir y si no vas a entrenar todos los días el técnico no te pone en el partido, por lo que decidí seguir jugando con mis amigos campeonatos de ex alumnos de la escuela o sino con la gente del canal, ya cuando estaba en América. Con ellos jugamos 10 o 15 años en las canchas de Marangoni, en el Parque Las Heras, por ejemplo", revela.

Y prosigue: "La vocación se me despertó más tarde, en el secundario. Lo que sí, tanto en la primaria como en la secundaria, me destacaba por leer y por escribir buenas composiciones. Hasta gané concursos de escritura cuando era chico. Así que, de alguna manera, un poco se empezaba a vislumbrar la parte humanística que después se iba a convertir en mi carrera profesional".

La vida laboral de papá Ramón, secretario de redacción de Clarín y conductor de los noticieros de Canal 13, llevó al pequeño Guillermo a recorrer diarios y estudios de televisión desde muy temprana edad. "El legado familiar influyó mucho, crecí acompañando a mi viejo. Me acuerdo que mientras lo esperaba porque después nos íbamos a comer o al Italpark hacía bollitos con los papeles de los teletipos y me lo pasaba pateando y gritando goles", recuerda.

"Cuando él falleció a mis 18 años me dieron la oportunidad de entrar a la vieja redacción del noticiero de Canal 13. Siempre agradezco mucho a los camarógrafos que me enseñaron en la calle a pararme, a plantarme para hacer un copete y me daban tiempo si me equivocaba para poder repetir lo que estaba haciendo. También agradezco a las autoridades del canal de aquella época, a Sergio Villarruel, en especial. Se me viene a la memoria todo el staff. Lo querían mucho a mi papá y a mí me dieron la posibilidad de dar mis primeros pasos y de crecer en la profesión", completa quien considera que su "producción" más importante es la familia que formó con Carolina y sus hijos Sofía, Vícky y Ramón.

 

 De chico soñaba con ser futbolista profesional.
 De chico soñaba con ser futbolista profesional.

El nene que se divertía con los soldaditos e imaginaba batallas en las que se ponía de un lado y del otro mientras hacía los ruidos de las armas tiene un momento clave en su historia personal, si de juguetes se trata: "Cuando me regalaron el Scalextric casi me desmayo, fue en mi cumpleaños de 10 años. Era ese que se armaba con el ocho, era mucho más a pulmón. Ese fue El juguete, sin dudas".

"Igual me gustaba más estar con mis amigos en la calle. Antes se vivía más en la calle. Pero cuando estaba en casa compartía juegos con mi hermana: jugábamos al Ludo y al Cerebro mágico. O leíamos Anteojito, Billiken, Locuras de Isidoro, Correrías de Paturuzito, Hijitus y Larguirucho, personajes muy nuestros. Me gustaba leer todo eso, leer historietas me encantaba", expresa Guillermo.

Y considera: "No voy a caer en eso de que todo tiempo pasado fue mejor, pero me parece que nos movíamos más. Pateábamos la pelota, corríamos, jugábamos a la mancha... Dibujábamos, nos sentábamos en el cordón de la vereda y charlábamos, no chateábamos. Ahora para hacer todo eso apretás un botón, hoy se vive en el mundo touch. Y por eso los chicos practican menos deporte, es otra la convivencia".

"Nos tomábamos el colectivo, íbamos a la casa de un amigo, sacaba las papas fritas y seguíamos jugando a la pelota ahí en la calle. Si no era en Parque Patricios, era en algún lugar de Pompeya o de San Cristóbal. Siento que la calle era más nuestra, nos ganábamos el derecho de tenerla mucho tan temprano porque no había tanto peligro circundante. Por eso ser un chico en esta época es mucho más difícil que antes, ojalá cambie alguna vez", cierra.

 

 Con su esposa, Carolina Prat, y sus hijos Ramón, Vicky y Sofía.

LAS 5M

Messi: el mejor de su tiempo. Me sigue asombrando cada vez que veo las jugadas que inventó y los conejos que sacó de la galera. 

Maradona: un monstruo. Un ser futbolístico de otro planeta. 

Milei: un presidente disruptivo que quiera Dios nos lleve a un país mejor. 

Mirtha: es el ejemplo de la permanencia con sobrada capacidad en la industria de los medios de comunicación porque atravesó todas las etapas con una vigencia impresionante y nunca deja de sorprender, programa tras programa. 

Mi mamá: el amor eterno, el consejo que le pido y la voz que también escucho, como la de mi mujer. Todavía sigo siendo Guillito, el nene al que llama todos los días para saber cómo está.

Esta nota habla de: