Larry De Clay: "Una ramita de cualquier árbol era la espada de El Zorro"
RECUERDOS QUE NO VOY A BORRAR. "Me gustaba jugar a todos los personajes que veía en la televisión. A lo mejor, sin darme cuenta, así fue como empecé a amar esta profesión", cuenta a DiarioShow.com.
Al pequeño Raúl Biaggioni que andaba suelto por las calles de Belén de Escobar todavía le faltaba un largo trecho para convertirse en Larry De Clay, el humorista fanático de Boca que ganó popularidad contando chistes ataviado con galera y moño, solía confrontar seguido por cuestiones futbolísticas con Marcelo Tinelli y luego pudo mostrarse ante el mundo como un actor capaz de interpretar a personajes de todo tipo.
"Comparar épocas es difícil, antes no teníamos nada y nos divertíamos con lo que había cerca: las bolitas, la escondida, el fútbol... Vivíamos todo el día estando afuera, era más seguro. Ahora es imposible jugar en la vereda, por ejemplo. Cambió mucho. Algunas cosas para mejor y muchas para peor", considera quien hoy está al frente de dos ciclos radiales, "Late x vos", en Late, y "Lo que vendrá", por Simphony; forma parte del elenco de "Cyrano", obra que encabeza el Puma Goity y está de gira por todo el país; y es candidato a diputado nacional por la provincia de Buenos en la lista de Democracia Confederal que lidera Santiago Cúneo.
Costumbres de otros tiempos que en la modernidad parecen imposibles de repetir, apenas si tenía tres años cuando dejaba por un rato la casa familiar de Italia, entre Rivadavia y Sarmiento, en la que vivía con sus padres y con su abuela Angelita, salía a la calle de tierra, caminaba media cuadra, cruzaba tranquilo las vías del tren y se iba a visitar a la tía Icha, una vecina que tenía por nombre Alicia y a quien él había rebautizado.
"Me gustaba jugar a todos los personajes que veía en la televisión: Tarzán, Batman, El Zorro, ser un mosquetero, ser un soldado como en la serie Combate, ser el Llanero Solitario. A lo mejor, sin darme cuenta, así fue como empecé a amar esta profesión de actor... Me disfrazaba, agarraba el delantal de mi vieja y era un capa. Tenía una azul con capucha, me ponía las botas de lluvia y los guantes que usaba mi mamá para lavar los platos y era Batman. Una ramita de cualquier árbol era la espada de El Zorro. Y mis juguetes preferidos eran los soldaditos, sin dudar", revela a DiarioShow.com Larry, a quien la canción "Faltan Cinco Palas Doce" le recuerda a su padre escuchando el tema en cada fiesta de fin de año.
Y sigue: “Lo primero que recuerdo de mi infancia es la casa de la nona, donde nací. Del hospital, de la clínica, en realidad, me fui directamente ahí. Me vienen a la mente el patio con el pino en el medio y el gallinero en el fondo, el parral y la higuera".
"También la pieza de la nona que compartía con ella, el cuarto de mis viejos y la cocina. Y el bisuabuelo, el tano Fabiano, que llegué a conocer cuando yo era muy chico. Atrás había una propiedad en la que vivían mi tía Susy, mi tío Juan y mis primas", completa.
Luego, llega el momento de relatar cómo fue esa amor a primera vista con su profesión: "Decidí ser actor en primer año de la secundaria, tenía 13 años, vi una obra de teatro y dije: Yo voy a actuar. Voy a ser actor y quiero vivir de ser actor. Fue una noche inolvidable en que la que vi al Loro López, un alumno de cuarto año, haciendo el personaje principal de Quién soy de Dalmiro Sáenz en la escuela Henry Ford".
"Fue en el año 1974. Y un año después empecé a estudiar con Claudio España, un crítico de cine y de teatro que en ese momento era profesor de castellano en la Ford, mi escuela. Y no paré nunca. Unos años después mi viejo me dijo que me daba casa y comida, pero que si quería seguir estudiando actuación tenía que trabajar para bancar la carrera y eso fue lo hice: empecé de peón de albañil, después estuve en una herrería, fui pintor de obra, laburé en una imprenta y luego entré en la Cámara de Diputados y en la Presidencia de la Nación hasta que en 1996 apareció VideoMatch y me cambió la vida", cierra.
Messi: un crack increíble.
Maradona: el más grande de todo.
Milei: una locura sin sentido.
Mirtha: una diva.
Mi mamá: es mi mamá.



