Entrevistas

Nazareno Móttola: "Jugábamos a la escondida en la calle hasta las 12 de la noche"

RECUERDOS QUE NO VOY A BORRAR. “El vínculo que tengo con mi barrio y con mis amigos es el que tuve siempre. Cada vez que tengo tiempo libre voy para allá", cuenta el actor y humorista a DiarioShow.com.

Los domingos en familia en la casa de su abuela materna eran días de reuniones eternas en las que había primos y hermanos para compartir todo tipo de juegos. Siempre hubo calle, mucha calle, en la infancia de Nazareno Móttola. Tanto en Berazategui, barrio en el que pasó sus primeros años y luego volvió, como en ese paso intermedio por Coronel Suárez.

"Lo que me gustaba mucho hacer, al punto que cada vez que puedo lo sigo haciendo de grande, era jugar a la escondida. Con mis hermanos siempre nos escondíamos arriba de un árbol de moras y cuando volvíamos a casa mi vieja nos retaba porque teníamos toda la ropa manchada. Jugábamos a la escondida en la calle hasta las 12 de la noche. Era otra vida, otra tranquilidad", cuenta a DiarioShow.com el actor que arrancó su carrera en las grandes ligas aprovechando lo aprendido en el circo para generar risas a pura caída en las cámaras ocultas de "El Show de Videomatch".

Pero ese Nazareno que desde hace décadas mezcla el humor físico de las acrobacias con los chistes que cuenta cuando personifica a "La ratita", por ejemplo, y con los sketches, como el ya mítico del "No me quemés" de "Peligro: Sin Codificar" que se volvió meme y cuya frase principal pasó a formar parte del lenguaje popular argentino, tiene claro que su vocación no surgió en el mismo momento que para muchos de sus pares.

"De chico no soñaba con trabajar en los medios, la verdad que no. Pero cuando vivíamos en Coronel Suárez me acuerdo que me divertía ir a los jardines vestido de payaso. Lo hacía por gusto con un amigo. Aparecíamos vestidos de payasos y nos poníamos a hacer pavadas para los nenes. Eso fue, quizás, un inicio sin darme cuenta de lo que después terminó siendo mi profesión. No fue algo que quería de chico, de hecho, sin pensarlo de un momento a otro estaba trabajando en la tele. Fue rarísimo", confía quien hoy reparte su tiempo laboral entre "La Peña de Morfi", el ciclo de Luzu "Xtream Master", las presentaciones en eventos corporativos, cumpleaños y casamientos y "Fiesta forever", el espectáculo musical que se lleva a cabo todos los domingos por la noche en Gorriti Art Center.

 

 

 Con sus dos hermanos mayores.
 Con sus dos hermanos mayores.

A la hora de elegir tres momentos trascendentales de su infancia, Móttola no duda: "El primero ocurrió cuando iba con uno de mis hermanos en su moto. Yo estaba sentado arriba de un almohadón sobre el guardabarros y me había puesto una mochila que me quedaba grande por lo que, sin darme cuenta, la agarró la rueda e hizo que fuéramos perdiendo todo lo que estaba adentro en el camino como Hansel y Gretel. Recién nos dimos cuenta cuando llegamos al balneario que se había caído todo por el agujero".

Y sigue: "Otra cosa que recuerdo es cuando íbamos a pescar a un arroyito que había en Coronel Suárez y para llegar hacíamos una locura. Nos sentábamos en una rotonda esperando que apareciera algún camión y cuando frenaba nos subíamos al paragolpe para que nos llevara sin darse cuenta. Aprovechábamos e íbamos hasta el arroyo, que también estaba cerca de otra rotonda, así que cuando frenaba de nuevo nos bajábamos. Lo mismo de vuelta. Una locura. No estaba bien, pero éramos chicos y no se medía el peligro".

"La tercera es el día en el que nos metimos en un silo con Roberto, mi hermano del medio. Fuimos cuando estaba cerrado y nos tiramos al trigo como si estuviéramos en un trampolín, sin saber el riesgo que eso implicaba. No teníamos idea. Cuando volvimos, mis viejos casi nos matan", completa.

Siempre en movimiento, tanto de crío como en la actualidad, no resulta extraño que sus juguetes preferidos tengan a las ruedas como elemento en común. “En Coronel Suárez me habían regalado un karting a pedales, es decir, no tenía motor ni nada. Pero como las calles eran muy anchas y tenían la tierra bien lisa, solía atarlo a una moto Siambretta recortada que tenía uno de mis hermanos para que me llevara a fondo por todo el barrio. Era muy divertido. Ya no lo tengo, pero me hubiese encantado quedármelo, no sé dónde quedó", expresa Móttola.

 Arriba del monociclo que lo acompaña hasta hoy en día.
 Arriba del monociclo que lo acompaña hasta hoy en día.

Lo que sí conserva es su preciado monociclo, elemento en el que arrancó con sus primeras acrobacias y que significa mucho para él en su vida. “Fue el primer y único monociclo que me compré. Lo cuido como si fuera oro.  Para mí fue en ese monociclo que se inició toda mi carrera, confía.

El cierre, en tanto, es para el lugar que lo vio crecer, Berazategui. "El vínculo que tengo con mi barrio y con mis amigos es el que tuve siempre, más allá de que ellos están casados y tienen hijos y no es sencillo coincidir para vernos. Pero sigo teniendo el mismo vínculo, por suerte, porque es algo que me gusta. Cada vez que tengo tiempo libre voy para allá a encontrarme con mis amigos de la vida".

LAS 5M

Mi mamá siempre mira la tele. La mira a Mirtha. Desde que fue Maradona, hasta que fue Milei. Ahora estamos esperando que un día lo lleve a Messi

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