Enrevistas

Raúl Lavié: "Había algo vital que hoy desapareció: los códigos"

RECUERDOS QUE NO VOY A BORRAR. "Códigos a través de los cuales los mayores no permitían que los menores interviniéramos en espacios que no nos convenían. Creo que eso hay que rescatarlo, porque era una forma de educación que nos impartían los propios", cuenta el prestigioso artista a DiarioShow.com.

Al mes y medio de vida tuvo que dejar los brazos de esa madre que tanto había luchado para que él naciera y quedó a resguardo de sus abuelos en Sunchales. Entre las calles de tierra alejadas al ruido del centro de la localidad santafesina pasó aquellos primeros años rodeado de tías que le daban todos los gustos, pero sin chicos de su edad alrededor.

"Tuve una etapa inicial de mi niñez muy tranquila y solitaria. Me veo apoyado en un portón de madera, mirando pasar a los autos y a la gente que iba al club que teníamos cerca. Era una casa muy grande, con un parque amplio. No había muchos juguetes, no se pensaba en eso tampoco en aquella época. Pero sí recuerdo cuando mi tío Ignacio, que era un poco el que manejaba la parte económica de la familia ya que mi abuelo trabajaba en el campo como mayordomo de estancia, me construyó un camión de madera hermoso con el que jugaba en una especie de canal que había armado en el patio con un puente que lo atravesaba. Era un poco un paisaje cinematográfico", relata a DiarioShow.com Raúl Lavié, quien este 22 de agosto cumplirá 88 años y lo celebrará, siete días después, con un show en el Teatro Broadway.

 

De Sunchales tuvo un breve paso por Rafaela y luego llegó Rosario, el reencuentro definitivo con su madre y la aparición de un mundo totalmente distinto al que estaba habituado. "Vivíamos en España y Montevideo, en un barrio cercano al centro donde los chicos nos reuníamos en las esquinas y los domingos se organizaban carreras de bicicleta hasta que llegaba el policía, también en bicicleta, y nos ahuyentaba", cuenta el reconocido cantante y actor.

Y sigue: "También había competencias de auto piolín, que eran coches que nosotros hacíamos más pesados para que no volcaran y con ellos corríamos adelante y detrás venían los autitos que llevábamos a través de una cuerda. O sino íbamos al Parque Independencia a recorrer el lago y a andar en bote, alquilábamos botes y remábamos. Después nos juntábamos en un lugar que llamábamos La montañita, que no era muy alto, pero a nosotros nos parecía el Himalaya. Todo eso lo recuerdo muchísimo. Eran épocas muy lindas".

 

Su crianza estuvo a cargo, principalmente, de sus abuelos maternos. 
Su crianza estuvo a cargo, principalmente, de sus abuelos maternos. 

"Había algo muy importante y que hoy prácticamente desapareció: los códigos. Códigos a través de los cuales los mayores no permitían que los menores interviniéramos en espacios que no nos convenían. Cuando uno tenía 12 o 13 años de pronto por ahí le gustaba imitar a los más grandes y andar con un cigarrillo en la mano intentando fumar. Recuerdo un episodio que me ocurrió en el cual uno de los muchachos que se reunían en la esquina (porque nosotros, los más chicos, parábamos en el medio de la cuadra) se me acercó, me sacó el cigarrillo y me dijo: Vos sos muy chico para fumar. Y ahí nomás lo aplastó con su pie en el piso. Creo que eso hay que rescatarlo, porque era una forma de educación que nos impartían los propios", opina.

Eran días, además, de escuchar canciones como "Canario triste" de Elder Barber o "¡Ué... Paisano!" de Nicola Paone y también de sonidos de radio y de momentos que no mucho después terminarían definiendo la historia de un artista dueño de una voz única que marcó a fuego a varios generaciones y le permitió actuar en los escenarios más prestigiosos del mundo.

 

"Cantábamos en el grupito que teníamos cuando hacíamos un picnic con chicos y chicas de nuestra edad. Nos juntábamos en alguna casa y llevábamos cada uno un poquito de comida y cantábamos y hasta bailábamos también. Ahí fueron surgiendo mis temas, al punto que mis amigos me hicieron participar de un concurso de canto y, como estaban muy preocupados por mi voz, hasta me hicieron tomar clara de huevo porque creían que eso mejoraba la capacidad vocal y la limpiaba", cuenta quien desde muy joven supo qué implicaba salir a ganarse el pan para su familia.

Fue justamente por aquella época, es decir a sus 14 años, que el pibe que trabajaba en una farmacia se cruzó con Carlos Lira, un muchacho que había llegado desde Pergamino y soñaba con ser Carlos Gardel. Y lo que iba a ser una jornada en la que el joven Raúl sería el acompañante en una prueba en el Instituto Musical Serafino terminó con el responsable del lugar cautivado a tal punto con la voz del "Negro" que le pidió su dirección y días después fue hasta su casa para solicitarle a la madre del hoy reconocido vocalista que le permitiera estudiar gratis en el conservatorio.

 

 Raúl Lavié y su voz, sello característico de su arte.
 Raúl Lavié y su voz, sello característico de su arte.

Luego de esa jugada de lo que él llama "el destino", le siguieron sus primeros días como cantante en la orquesta del pueblo cercano de Álvarez, su paso por cuartetos más populares de Rosario y un viaje para visitar a su novia a Buenos Aires que iba a ser efímero y terminó siendo crucial. 

¿Por qué? Porque ese fue el momento en el que, gracias a un encuentro también casual con el vocalista rosarino Enrique García Páez, realizó una prueba en Radio El Mundo, quedó y se produjo el nacimiento formal de Raúl Lavié, nombre creado por Antonio Carrizo y Víctor Buchino, por entonces responsables artísticos del medio, como una aproximación al terminó "La voz". El resto, es historia conocida.

Las 5M

Messi: es un ejemplo de lo que debe ser un deportista. A una disciplina tan popular como el fútbol, él le agregó su magia e hizo que sea admirado por muchos que antes ni siquiera conocían el juego. 

Maradona: fue un estandarte de una época que trascendió de otra manera. A pesar de eso, sigue siendo un ícono del fútbol.

Milei: después de haber sido convocado para actuar en el Teatro Colón el día que asumió, me mandó un mensaje a las 8 de la mañana siguiente para agradecerme. Al principio pensé que era una broma de mis amigos y no le di importancia, pero me volvió a escribir, hablamos y en la charla me invitó al despacho presidencial. Cuando llegué, él vino hacia mí con los brazos abiertos, apoyó su frente en mi pecho y comenzó a sollozar. Quedé perplejo, no me lo esperaba. Me encontré con un hombre sensible que sabía sobre la historia mi vida y de todo lo que había peleado mi mamá para que yo naciera. Eso me marcó. Después seguimos hablando como dos viejos amigos que se encontraban.

Mirtha: es parte de nuestra vida, de la vida que todos aquellos que hemos pasado por su mesa. Debemos
agradecerle muchísimas cosas. 

Mi mamá: de adulto entendí lo que significó para ella quedar embarazada y tener que luchar contra todos los aspectos sociales de la época. De mi madre rescato su valentía porque en 1937 ella se opuso al mandato de una familia y cumplió a rajatabla el código de silencio, al punto que recién me enteré a mis 75 años quién era mi padre después de preguntarle a un primo hermano. Ahí me di cuenta que fue un acto de amor porque ella me había puesto el nombre de mi papá, Raúl. Me emociona mucho recordarla.

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