FARÁNDULA

Mirtha Legrand se lamentó por la muerte del Indio Solari: "Lo admiraba mucho, una lástima que..."

La diva rompió el silencio a la salida del teatro y confesó que nunca pudo tenerlo en su mesa. Su vestido de lentejuelas y la emoción del momento. Más detalles en la nota.

La muerte del Indio Solari a los 77 años sacudió al mundo del espectáculo, y muchos famosos lo despidieron en las redes sociales. Mirtha Legrand, una de las últimas figuras en hablar, mostró su pesar al mostrarse en público en la misma noche de la muerte del artista. 

El país entero quedó en duelo. La muerte del Indio Solari llenó la Plaza de Mayo de gente, sin consignas políticas, solo con banderas y canciones. Miles se despidieron a su manera. En redes, artistas de todos los géneros le dedicaron palabras. Entre ellos, Mirtha Legrand, que soltó una confesión íntima: se lamentó por no haberlo tenido nunca sentado en su programa.

Todo pasó rápido, como suelen pasar estas cosas cuando el dolor es genuino. Mirtha Legrand bajó del auto en la puerta del teatro Ópera, se acomodó el vestido corto de lentejuelas pastel y se encontró con una ovación que no esperaba. La gente, que la quiere, la aplaudía. Pero ella, que nunca esquiva una cámara, esta vez tenía los ojos vidriosos. No era la Chiqui de siempre. Era una mujer que acababa de perder a un artista al que siguió en silencio durante décadas.

La periodista Juli Roque, del programa "LAM", le preguntó de frente: ¿cómo tomó la noticia del Indio? Mirtha no dudó. "Me afectó muchísimo", largó, con esa honestidad que solo tienen los grandes. Y soltó una confesión que duele: "No pudo venir nunca a mi mesa. Una lástima". Después, el elogio seco y directo: "Lo admiraba mucho". Sin vueltas. Sin sobreactuación.

El Indio Solari murió el viernes a la madrugada, en su casa de Parque Leloir, partido de Ituzaingó. Los primeros estudios de la autopsia indicaron un ACV hemorrágico. Había entrado a la pileta climatizada de su casa, y ahí, sin testigos ni estridencias, se fue el tipo que le cantó a los pibes, a los locos y a los que nunca entraron en ningún molde. Tenía 77 años, pero en la cabeza de sus fanáticos sigue siendo ese pibe de La Plata que fundó Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota junto a Skay Beilinson, en 1975.

La banda, que se disolvió en 2001 después de nueve discos de estudio, marcó a fuego el rock nacional. "Oktubre", "Un baión para el ojo idiota", "¡Bang! ¡Bang!... Estás liquidado" y "Luzbelito" no son simples títulos: son biblias de varias generaciones. Después, Solari siguió solo. Sacó "El tesoro de los inocentes" (2004), "Porco Rex" (2007), "El perfume de la tempestad" (2010), "Pajaritos, bravos muchachitos" (2013) y, por último, "El ruiseñor, el amor y la muerte" (2018). Siempre con esa voz que parece un susurro y un grito al mismo tiempo.

Mirtha, que esta noche debutaba en la función con un vestido de capas asimétricas, pantalones beige y zapatos dorados, representa la otra vereda del espectáculo: la televisión en blanco y negro, la sobremesa eterna, las preguntas con mantel y copas. Que ella haya llorado a Solari no es menor. Es la prueba de que el Indio cruzó todas las fronteras. Hasta las de la mesa de los famosos.

El gesto de Mirtha Legrand resume una paradoja argentina. Solari construyó su carrera a partir de la negativa a pisar los territorios de la fama tradicional: jamás fue a un programa de chimentos, nunca posó para una tapa de revista del corazón. Sin embargo, su muerte logró lo que su vida evitó: que la diva máxima de la televisión lo llorara.

Esta nota habla de: