Milo J no tiene registro vocal, tiene caudal como un río
A sus 18 años, el artista de Morón publicó “La vida era más corta”. Se trata de un disco de folclore muy sentido, con colaboraciones con Soledad, Los Carabajal, Silvio Rodríguez y hasta la mismísima Mercedes Sosa.
Tengo la pasta global pa ser de los mejores. Me aburrí de hacer trap, negro, quiero hacer folklore. "Tamo' en Santiago, La Banda, tierra de cantores Soy amigo de los primos Carabajal, de la Sole. No me fronteen de discos, menos sus millones, porque no les da ni pa llenar salones, párense y escuchen, soy tan bueno que podría sacar el ego y restregarles mi dinero como ellos en sus canciones". Así decía Milo J en un verso de "Daña (Elvira)" en febrero de este año, cuando sacó la versión Deluxe de su disco 166 (haciendo referencia a la línea de colectivo que sale desde Morón). Un adelanto de lo que se vendría en su vida, literalmente hacer folclore, como lo acaba de hacer en su álbum doble "La vida era más corta".
El nacido en 2006 no tiene registro vocal, tiene caudal, como lo tiene un río que no para de moverse y desbocadamente busca desbordarse. Y a pocas semanas de cumplir 19 años, según su documento, lo anunció en "Daña" y cuando ya se sentía cómodo con su mayoría de edad, sintió que ya era tiempo de cumplir su sueño.
Si en aquel tema se escuchaba entre la saturación musical y la incertidumbre experimental (con melodía de Postcruxifición incrustada no casualmente), seguramente en su corazón ya tenía planeado dejar el trap para hacer folclore. Pero no lo hizo tímidamente. Su sociedad con Mex Urtizberea para hacer FAlklore!, la versión tradicional del exitoso programa, fue un paso quizás necesario, como si necesitara cobrar fuerza, o envión.
Milo, con la producción de Tatool y con Santiago Alvarado publicó "La vida era más corta", álbum doble de 15 temas, que cuenta colaboraciones que van desde Trueno, y Akriila del ámbito urbano, pasan por una Paula Prieto, más alternativa, hasta el folclore de distintas eras como Radamel, Soledad y Cuti y Roberto Carabajal.
También une este mundo y el otro con una hermosa colaboración con Mercedes Sosa (y recupera un audio inédito de La Negra que es para agradecerle toda la vida) y hasta tuvo la bendición de Silvio Rodríguez, que aceptó hacer una colaboración en "Luciérnagas".
Como es un artista intergeneracional, que a sus 17 contaba con orgullo que se crio escuchando música argentina mientras cantaba trap, que quiso dejar atrás, las canciones pasan entre distintos géneros, con reminiscencias urbanas en sus bases y sampleos, incluso en algunas guitarreadas, y navega entre sambas, cantos de pueblos originarios, murga uruguaya y plena, sambas, chacareras, carnavalitos y espíritu de coplas. con letras que no pueden no estar influenciadas por José Larralde o Jorge Cafrune.
Pero los nombres, entre homenajes, y colaboraciones aparecen de forma orgánica. Se escuchan con letra, o se recuerdan con su música, a Carlos Carabajal, Jaime Roos, Jaime Dávalos Fito Páez, Violeta Parra, Federico Marcelo Ferreyra y Toto la Momposina, entre tantas otras referencias.
Aunque redactado da una idea de exageración, nada sobra en el extenso álbum, en el que no se superponen composiciones, sino que son la piedra fundacional de la obra, y al mismo tiempo relucen como si se tratara de un tributo a la música popular.
Aunque más allá de cualquier descripción calificativa que se pueda hacer, Milo hizo un disco con el corazón, que late por sus raíces y las de todos, que renueva el espíritu, lo zamarrea, o mejor dicho, lo moja con su caudal de voz, que crece hasta desbordar.



