Ángela Torres reveló su lucha más difícil: "Tengo desórdenes alimentarios"

La artista abrió su intimidad en una entrevista y puso en palabras años de dolor, exposición y conflictos personales que todavía intenta sanar. Los detalles, en la nota.

Desde muy chica, Ángela Torres creció frente a las cámaras, entre expectativas ajenas, exigencias estéticas y comentarios que marcaron cada etapa de su vida. Esa exposición temprana dejó heridas, dudas, confusiones y un largo camino de autoconocimiento que recién hoy, con madurez y honestidad, se anima a compartir. En una entrevista en la que mostró su costado más vulnerable, la artista relató cómo atravesó “etapas oscuras” y por qué sigue trabajando para reconstruirse.

“Me costó mucho entender quién era yo”: el peso de la exposición

Ángela recordó cómo la fama temprana influyó en su identidad y en su salud emocional.

“Me costó mucho entender quién era yo. Terminé construyendo una personalidad en base a la mirada de los otros. Estuve muy expuesta desde muy chica en un momento donde tenía que estar, quizás, haciendo otras cosas”.

Aseguró que esa falta de conexión con lo artístico y una presencia constante en realities le jugaron en contra:
“Eso me perjudicó un montón”.

También relató el momento en que dejó de reconocerse:

“Hubo un momento en que dejé de reconocerme a mí misma, y mis mejores amigos me decían cosas sobre mi personalidad y yo no me reconocía en sus palabras. En un momento dije: no tengo mucha idea quién soy… Y decidí empezar terapia. Y eso fue un antes y un después en mi vida”.

Una adolescencia marcada por el dolor

La actriz repasó episodios de vulnerabilidad absoluta:

“Estoy expuesta desde los siete años, me vieron crecer y me vieron pasar por todas mis etapas. Estuve expuesta cuando me rompieron el corazón por primera vez… Yo siento que me han dado… Y ahora siento que es la primera vez que estoy recibiendo cariño”, confesó en la entrevista con María Laura Santillán.

Esa mezcla de soledad, confusión y exposición mediática la acompañó durante años, dificultando su camino personal.

“Creo que me veían muy a la defensiva y quizás un poco enojada. Seguramente lo estaba de alguna manera. Era muy adolescente”, reflexionó sobre su propio comportamiento.

El dolor que marcó su relación con el cuerpo

En uno de los pasajes más duros, Ángela habló sin filtros:

“Yo tengo mucho desorden alimenticio y mucho mambo con todo eso. Tiene que ver con que desde muy chiquita se habló de mi cuerpo públicamente y eso me hizo sentir siempre muy, muy vulnerable y muy expuesta”.

Recordó cómo la mirada ajena se ensañó especialmente en su adolescencia:

“Me han lastimado mucho con ese tema y mucho más cuando yo tenía 17 años”.

Uno de los recuerdos más traumáticos ocurrió frente al televisor:

“Me acuerdo que un día prendí la televisión… en el programa de Mirtha Legrand estaban riéndose de mi cuerpo… Decían que era gordita y enana y que no era estilizada. Te mando un beso, Guido. Acá estoy, la gordita no estilizada”.

Ese episodio dejó huellas profundas:

“Me dolió y hasta el día de hoy hay cosas de ese momento en las que tengo que trabajar para sentirme bien”, admitió.

Ángela Torres sobre el daño que le generó estar expuesta desde chiquita:

“Yo tengo un desorden alimenticio. Siempre se me pone el ojo en eso y me han lastimado mucho. Ser mujer es complejo, hay mucha exigencia puesta en nosotras. Estoy aprendiendo a quererme, me cuesta mucho”. pic.twitter.com/9BXCO7Zciq

— Angela Torres Data (@_angeladata) December 7, 2025
Reconstruirse lleva tiempo

Sobre el final, Torres reflexionó sobre lo complejo que es ser mujer en una industria que juzga sin pausa:

“Ser mujer es complejo, de base. Hay mucha exigencia puesta en las pibas en ese sentido. Yo estoy aprendiendo a quererme, me costó mucho, me cuesta mucho”.

La artista también reveló cómo vivía sus emociones:

“Yo era un huracán de sentimientos. Me encerraba, lloraba y al otro día tenía que ir y poner la cara, trabajar y defenderme a mí misma”.

Una artista sin cassette

La confesión de Ángela Torres no solo expone las sombras detrás de la fama, sino también la valentía de alguien que decidió frenar, mirarse y pedir ayuda. Su historia también habla de miles de chicas que crecen bajo presiones similares, heredando mandatos sobre el cuerpo y el éxito. Al abrir su corazón, Ángela habilita una conversación necesaria y deja un mensaje claro: sanar lleva tiempo, pero siempre es posible empezar por decir la verdad en voz alta.

 

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