¡SOLO D10S!

Diego Maradona, la voz que nunca se calló en la dictadura militar

En una de las intervenciones más recordadas de Diego con la diva de los teléfonos, el Diez irrumpió para repudiar a los represores.

Ignacio Bregliano
Ignacio Bregliano

Durante la última dictadura militar que asoló a nuestro país, los genocidas arrasaron con todo lo que se les oponía. Pero hubo una voz a la que no pudieron frenar ni callar: la del hombre que abrazaba las causas justas y que, desde su sitial de ídolo popular, jamás se escondió ante un tema sensible para la memoria de los argentinos. Ese hombre era Diego Armando Maradona.

Es por ello que D10S, un día cualquiera de 2002, se sentó en el afamado sillón de Susana Giménez para una charla distendida sobre cómo atravesaba su vida fuera de los campo de juego, hasta que de golpe el clima cambió y la sonrisa, de compromiso, de la diva desapareció. Es que Diego bajó su tono y reflexionó en contra de los militares que gobernaron desde el 24 de marzo de 1976 hasta el 10 de diciembre de 1983. 

EL RECUERDO DE LAS DURAS PALABRAS DE DIEGO MARADONA CONTRA LA DICTADURA MILITAR, A 50 AÑOS DEL GOLPE

"Creo que los argentinos somos desmemoriados. A los militares los indultamos con 30.000 desaparecidos y nadie dijo nada. Mirá que buenos que seremos los argentinos que a uno que mató 30.000 tipos, le hacemos una sentada", había avanzado D10S sobre el tema. 

A su vez, Diego, fiel a su estilo, lanzó: "Les tenemos que romper la cabeza", mientras Susana, impertérrita, solo asentaba moviendo su cabeza. Y recordó que "nosotros les haciamos una sentada, mientras ellos les sacaban los hijos,les metían un tiro en la cabeza, los tiraban de un helicóptero...".

Diego no solo jugaba con la diez Albiceleste en la espalda; también cargaba con la responsabilidad de decir lo que muchos no podían. Al sentarse en un estudio de televisión y repudiar a los genocidas, Maradona, siempre, transformó su magnetismo popular en un escudo para la memoria. Sus dichos en lo de Susana no fueron un eslogan, sino la reafirmación de que, para el ídolo máximo, la dignidad de su pueblo nunca se negociaba. Porque, como él mismo grabó a alguna vez: "con los dictadores, ni a la esquina".

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