Gilles Villeneuve, el referente de Ayrton Senna en la Fórmula 1, que amaba la velocidad y no se achicaba
Gilles Villeneuve a pesar de haber muerto a los 32 años en la clasificación del GP de Bélgica de 1982 de la Fórmula 1, marcó una época por su manera de manejar y generó la admiración de pilotos como Ayron Senna.
Su nombre completo era Joseph Gilles Henri Villeneuve. Nació el 18 de enero de 1950 en Saint-Jean-sur-Richelieu, Quebec, Canadá. Este piloto canadiense obtuvo 6 victorias y 13 podios en Fórmula 1 siendo subcampeón de 1979.
Fue un personaje inolvidable por la actitud y velocidad que imprimía en las carreras. Siempre se podía esperar algo más de él, aunque ese ímpetu varias veces le jugó en contra. A los 17 años quiso ser piloto y comenzó a juntar dinero, producto de sus carreras de motos de nieve en donde competía y llegó a ser Campeón en 1974. “Fue excelente para mejorar los reflejos y para quitarte el miedo y preocupación en conducir bajo la lluvia”, recordó.
Luego pasó a los autos, en la Fórmula Ford Canadiense y posteriormente, en la Fórmula Atlantic, donde consiguió el título de 1976, y deslumbró a Hunt. Mayer tomó el consejo del piloto británico y le hizo un precontrato a Gilles, que emigró a Europa y se fue a lo que más le gustaba: correr en la Fórmula 2. El 16 de julio de 1977 debutó con un tercer McLaren en la F-1, en el Gran Premio de Gran Bretaña. En esa carrera hubo 44 competidores y como largaron 30, hubo que filtrar con una preclasificatoria que curiosamente ganó Villeneuve. En el Autódromo de Silverstone clasificó noveno y en carrera llegó a ponerse sexto, para culminar undécimo, a dos vueltas del ganador, el mismo Hunt.
El ojo clínico de Enzo Ferrari lo vio y entendió todo. Le birló a McLaren sus servicios e hizo la apuesta más riesgosa: puso ese joven de 27 años en la butaca que dejó el austríaco Niki Lauda, quien se fue de Maranello con un portazo. Corrió su primera carrera para la Scudería en Montreal, delante de los suyos.
Después, en Fuji, Japón, empezó a hacer valer uno de sus apodos más conocidos, “Aviador”, y protagonizó un accidente contra el Tyrrell de seis ruedas del sueco Ronnie Peterson, otro que siempre fue al fondo, sin consecuencias para ambos, pero en el incidente murieron 2 espectadores y hubo 10 heridos.
En la primera parte de 1978 los resultados no llegaron y se multiplicaron las críticas para el “Mago de Maranello”. Pero a fin de temporada Gilles respondió con su primer triunfo en Canadá. Compartió equipo con Carlos Alberto Reutemann quien dijo que el canadiense “fue el mejor compañero” que tuvo en F-1. “Era un pibe maravilloso. Se manifestó menos ingenuo cuando se dio cuenta que, entregando lo mejor de sí para que Jody Scheckter fuese campeón mundial, tal vez Ferrari no lo recompensaría nunca. Yo trataba de consolarlo diciéndole que un título de campeón era como un tren que delante de algunos, como Fangio, pasó cinco veces, y que en otros casos se pierde, pero puede pasar una segunda vez”, reconoció Lole.
A fines de los años 70 y principios de los 80, la mayoría de los argentinos tuvo a Villeneuve como el mayor referente detrás del propio Reutemann. Las deducciones de Lole fueron atinadas. En 1979 es cierto que el canadiense cometió errores, pero aceptó el pedido de Ferrari para que ayudara a su nuevo compañero a ser campeón, el sudafricano Scheckter.El campeonato concluyó con 51 puntos para Scheckter y 47 para Villeneuve quien logró tres victorias.
El duelo con Arnoux
Ese año también dejó su sello con maniobras de antología que gestaron la “fiebre” Villeneuve. Resultó épico su duelo con el francés René Arnoux (Renault) en Dijon-Prenois, Francia. Compitieron en más de tres vueltas, con un show de toques, bloqueadas y velocidad. Prevaleció Gilles que terminó segundo detrás del otro galo Jean-Pierre Jabouille, quien plasmó la primera victoria para Renault y de un motor turbo en la categoría.
Ese ejercicio entregó otro ícono de su campaña, que es la imagen de su Ferrari en tres ruedas luego de un despiste en Zandvoort, Holanda, donde rompió la goma trasera izquierda. Fue la consecuencia de otra recordada porfía, en este caso con el australiano Alan Jones con Williams. Siguió en pista hasta llegar a los boxes. Otros hubiesen abandonado en el momento, aunque Villeneuve nunca tiró la toalla y por sus malabares con el auto le devolvió a la gente el pago de su entrada.
En un magro 1980, en el siguiente ejercicio volvió a ser protagonista gracias a la 126CK con motor turbo. Se impuso en Mónaco y luego repitió en España, donde en 65 de las 81 vueltas, aguantó los ataques de John Watson, Jacques Laffite, Reutemann y Elio De Angelis. Pero tampoco fue su temporada. Lo que se recuerda en su manejo en Canadá “sin ver”, con el alerón delantero torcido, que le quitaba la visual.
No obstante, a comienzos de 1982 los autos con turbo fueron la sensación. Ferrari se postuló como firme candidato y Gilles supo que tuvo un auto para pelear por el título, pero no el apoyo de su equipo para ser campeón. Claro que, en ese año, la muerte lo encontró en la pista, en Zolder…
En algunos de sus éxitos se los vio en el podio a Villeneuve con su mujer Joanne Barthe, novia desde los 15 años. Tuvieron dos hijos, Melanie y Jacques, quien tomó su legado; en 1997 se consagró Campeón Mundial. “Cuando era joven, Gilles no era un padre, representaba mi héroe. El lado negativo es que no lo vi. En el sentido familiar, no significaba un padre. Si él no hubiese sido piloto, ¿lo habría sido yo? Puede que no”, confesó Jacques, quien tenía 11años cuando falleció Gilles y si bien fue campeón, no pudo imponerse en su país, algo que sí hizo su padre.
El referente de AyrtonFue el referente de una generación, entre ellos Ayrton Senna, quien admitió que en sus inicios se inspiró en el canadiense. Pasaron 23 meses entre la muerte de uno y el debut del otro. Los dos murieron en su ley, acelerando a fondo. Representaron los últimos ejemplos donde el factor humano logró prevalecer sobre lo técnico.
“Si el dinero desapareciera seguiría corriendo. Amo el automovilismo”, aseguró Gilles Villeneuve, quien rompió el paradigma de las estadísticas. Fue un piloto que nunca corrió por los resultados y estuvo por encima de ellos, porque dio espectáculo. Su actitud en la pista valió tanto como haber logrado un título. Por eso hoy en el imaginario colectivo de la Fórmula 1, miles de fanáticos lo recuerdan con más pasión que varios campeones mundiales.
“Cuando peleo una posición, ataco al 110 por ciento a diferencia de muchos de mis colegas, que lo hacen al 90 por ciento, para no dañar sus autos…”, explicó para dejar en claro su manera de conducir.
- 6 VICTORIAS Logró en la F1 en 68 carreras: Además consiguió 13 poles y 2 veces logró la pole position
- 2 ESCUDERÍAS Lo tuvieron a bordo de sus vehículos: Mc Laren y Ferrari
La pelea con Didier Pironi
En el Gran Premio de San Marino, en Imola, Italia tuvo diferencias muy severas con Pironi. Había un acuerdo entre ellos, por el cual el que estaba adelante en las últimas dos vueltas, ganaría la carrera. Allí no estuvo el director general del equipo, Mauro Forghieri y lo reemplazó su hombre de confianza, Marco Piccinini.
En el penúltimo giro, con Gilles primero, les pusieron un cartel con la palabra “Slow” (lento, en español). El canadiense entendió que así quedarían las posiciones. ¡Sorpresa! En la ronda final el francés lo superó y ganó.
“Si ponen la señal ‘despacio’ significa que cada uno debe mantener su posición. Fue así desde que estoy en Ferrari”, dijo Villeneuve. “El cartel ‘Despacio’ significa tener cuidado y no sufrir un accidente. No estaba prohibido adelantar”, explicó Pironi. “Ahora, búsquense otro piloto. Creía tener como compañero a un amigo, y hoy me di cuenta de que es un imbécil, se portó mal, me cuesta creer todo lo que pasó hoy en la pista”, disparó Villeneuve.
Su rostro de bronca en el podio lo decía todo. Eso fue el principio de su fin… La historia cuenta que eran muy amigos, pero Gilles no soportó esa “traición”.
De toda maneras, con la muerte de Villeneuve, Pironi se sintió apesadumbrado, y poco después sufrió un serio accidente, que le imposibilitó ser campeón




